Cordillera de Palabras | El negocio del cuerpo. Leonid Radvinsky murió el 23 de marzo a los 43 años. Cáncer. Dueño de OnlyFans, la plataforma que genera casi 2 millones de dólares diarios vendiendo cuerpos.
El artículo de opinión de Sarko Medina analiza la renuncia del exministro de Energía y Minas, Ángelo Alfaro, tras admitir una relación con una menor de edad hace 25 años. El autor contrasta este escándalo con la legalidad y aceptación social de OnlyFans, plataforma cuyo dueño, Leonid Radvinsky, falleció recientemente. Medina argumenta que existe una hipocresía social al normalizar la comercialización de la sexualidad en plataformas digitales mientras se condena el abuso derivado de esa misma cosificación. El texto concluye señalando que ambos casos reflejan una cultura que prioriza el sexo como mercancía sobre la responsabilidad afectiva y el respeto humano.
- Ángelo Alfaro renunció al Ministerio de Energía y Minas tras admitir una relación con una menor de 16 años ocurrida hace 25 años.
- El fallecimiento de Leonid Radvinsky, propietario de OnlyFans, sirve como punto de comparación sobre la monetización legal del cuerpo.
- El autor critica la hipocresía social que celebra el capitalismo de plataformas sexuales pero se escandaliza ante las consecuencias de la deshumanización del sexo.
- Se advierte sobre el impacto de normalizar la intimidad como contenido comercial en las nuevas generaciones.
El mismo día, Ángelo Alfaro renunciaba como Ministro de Energía y Minas del Perú tras admitir que a sus 47 años tuvo relaciones con una menor de 16, embarazándola. “Mi pecado fue enamorarme“, dijo. “Eran otros tiempos”. Dos noticias, una misma hipocresía social.
OnlyFans es legal, cotiza en bolsa, genera impuestos. Celebridades lo promocionan. “Empoderamiento femenino“, dicen. “Libertad económica”, celebran. Millones de usuarios pagan mensualmente por contenido sexual explícito. Nadie se rasga las vestiduras. Es negocio. Es progreso. Es capitalismo del siglo XXI.
Alfaro admite haber tenido sexo con una menor hace 25 años. La indignación explota. Redes sociales exigen cárcel. Programas dominicales dedican horas al escándalo. Renuncia inevitable. Ambas situaciones son terribles. Pero solo una genera escándalo.
No estoy defendiendo a Alfaro. Que quede claro. Un hombre de 47 años con una niña de 16 es abuso de poder, es delito, punto. No hay “otros tiempos” que justifiquen eso. No hay “enamoramiento” válido cuando existe asimetría de edad, madurez y poder. La víctima tenía 16 años. Era menor. Él era adulto. Eso se llama abuso sexual, no romance.
Hipocresía social es brutal
Pero la hipocresía social es brutal. OnlyFans vende sexualización masiva, muchas veces de mujeres apenas mayores de edad, a millones de usuarios anónimos que consumen cuerpos como quien ve Netflix. Nadie cuestiona. Es “trabajo sexual legítimo“. Es “agencia femenina“. Es “capitalismo de plataformas”.
¿Dónde está la diferencia moral? En el papel legal, dirán. OnlyFans opera con mayoría de edad, contratos, consentimiento documentado. Alfaro violó a una menor. Cierto. Pero ambos sistemas comparten algo: comercializan sexualidad sin responsabilidad afectiva, sin educación sobre consecuencias, sin advertencias sobre el daño psicológico que genera el sexo como transacción vacía.

OnlyFans fomenta una cultura donde el sexo es producto, donde la intimidad se monetiza, donde los cuerpos jóvenes (legalmente adultos por meses) se venden a desconocidos que pagan por ver lo que antes era privado.
Generaciones enteras crecen consumiendo pornografía accesible desde los 12 años, normalizando que el sexo es performance, que la intimidad es contenido, que el deseo es mercancía.
Desinformación masiva
Y luego nos sorprendemos cuando ministros de 47 años “se enamoran” de menores de 16. ¿De dónde salió esa normalización de ver cuerpos jóvenes como objetos disponibles? ¿En qué cultura se formó ese hombre que no vio problema en acostarse con una adolescente? Y no se diga que eran otros tiempos, eso funcionaba antes de 1990.
La sociedad que celebra OnlyFans pero condena a Alfaro es hipócrita. No porque Alfaro no merezca condena, la merece y legal. Sino porque festejamos públicamente un modelo de sexualidad deshumanizada mientras fingimos horror cuando ese modelo genera monstruos. No es libertad sexual.
Es desinformación masiva sobre sexualidad envuelta en lenguaje de empoderamiento y capitalismo. Y mientras celebremos plataformas como OnlyFans como progreso sin cuestionar qué modelo de sexualidad fomentan, seguiremos generando Alfaros que “se enamoran” de menores porque nunca aprendieron que el sexo implica responsabilidad, no solo placer.
