Cordillera de Palabras | El general Óscar Arriola llevaba apenas cuarenta días bajo el gobierno de Keiko Fujimori cuando anunció su salida. Cuarenta días. Ni siquiera le alcanzó para un primer balance trimestral, para pedir un plazo razonable, para presentar un plan y que se lo evaluaran con calma.
El general Óscar Arriola anunció su renuncia tras permanecer cuarenta días en el cargo durante el gobierno de Keiko Fujimori. Su dimisión ocurrió en medio de un contexto de alta criminalidad, con 169 homicidios en agosto y cerca de 150 asesinatos registrados a nivel nacional desde el inicio del mandato. El hecho detonante fue el asesinato de cuatro personas y el secuestro de un empresario minero en Trujillo a manos de un grupo armado vinculado a la banda 'La Jauría'. La salida de Arriola generó presiones de diversos sectores políticos que demandaban su cambio, designándose como sucesor al general Fredy López Mendoza.
- Óscar Arriola dejó su cargo a cuarenta días de haber asumido funciones el gobierno de Keiko Fujimori.
- Su salida coincidió con el registro de 169 homicidios en agosto y aproximadamente 150 desde el 28 de julio.
- El crimen de cuatro personas y el secuestro del empresario minero Jenss Lara en Trujillo por la banda 'La Jauría' precipitó su renuncia.
- Legisladores de Renovación Popular y Juntos por el Perú solicitaron formalmente la remoción de Arriola.
- El general Fredy López Mendoza fue señalado como el reemplazo en la comandancia general de la policía.
Renunció con 169 homicidios registrados solo en agosto y cerca de 150 asesinatos a nivel nacional contados desde el 28 de julio, fecha exacta en que Fujimori asumió la presidencia.
El país no esperó ni un mes y medio para exigir una cabeza. Y a pesar de eso, fue justa la salida. El detonante fue Trujillo. Un grupo armado, haciéndose pasar por policías, asesinó a cuatro personas y secuestró al empresario minero Jenss Lara.
La orden, según reveló un audio del propio interrogatorio de Arriola a uno de los implicados, era matarlo por haberse pasado a otra banda rival. Eso es control territorial con nombre, “La Jauría“, operando con la lógica de una organización por encima del miedo a un uniforme.
Y después, un circo mediático que aún continúa, con la presentación de un bus blindado y la casi completa derrota del sistema de seguridad.
Retomemos: el alcalde de Trujillo exigiendo la presencia de la presidenta en la ciudad. Legisladores de Renovación Popular y de Juntos por el Perú, izquierda y derecha coincidiendo por una vez, pidiendo la salida de Arriola.

Dos proyectos de ley buscando modificar el decreto que le daba estabilidad de dos años en el cargo, la norma que Fujimori invocó para decir que no podía removerlo aunque quisiera.
Y Arriola, cuando finalmente se fue, agradeciendo no solo a la presidenta actual sino a Balcázar, a Jerí y a Boluarte, tres gobiernos distintos que lo mantuvieron en el puesto sin que la crisis de seguridad cambiara de dirección ni una vez y diciendo que dónde este seguirá apoyando… ojo con eso.
Cordillera de Palabras: Arriola se va, pero la crisis continúa
Ahí está el fondo del asunto. Arriola no fue nombrado por Fujimori. Lo heredó, junto con una ola de criminalidad que no empezó el 28 de julio ni se va a resolver el día que asuma su reemplazo, el general Fredy López Mendoza.
La inseguridad que hoy tiene a Trujillo sitiada por extorsionadores y sicarios, y a Lima con cifras de homicidios que ya nadie se sorprende de leer, es la acumulación de años de Estado ausente, de policías mal pagados, de policías criminales, de policías hastiados de su propia organización, de un sistema judicial que libera más rápido de lo que la policía captura.
Eso no se arregla cambiando de comandante general cada dos años, y mucho menos cambiándolo cada cuarenta días.
El reto de enfrentar la violencia
La presión política sobre Fujimori es legítima, porque gobernar significa asumir lo heredado desde el primer día, no solo lo que uno mismo construyó.
Exigirle resultados en cuarenta días a una institución que lleva una década deteriorándose es una forma de populismo, SÍ, es una formula del mismo que critica cuando lo hacen sus adversarios, SÍ.
Pero, aun cuando sea la repetición del golpear sin ton ni son, es un reclamo que el país sin paciencia ni estratégica visible reclama. La pregunta no es si va a durar más que Arriola el nuevo jefe.
Es si podemos enfrentar de una vez la violencia o resignarnos a esperar lo peor. Y si piensa igual que yo, seguro ya está comprando alguna cámara de seguridad, blindando las puertas y sacando un seguro de vida.
