Cordillera de Palabras | Hace unos meses, en plena campaña electoral, escuché a un vecino explicar por qué iba a votar por determinado candidato. La razón no tenía que ver con planes de gobierno, ni con trayectoria, ni con propuestas concretas.
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Tenía que ver con que “se veía sincero” en un video de TikTok de cuarenta segundos. Cuando le pregunté si había leído el plan de gobierno, me miró como si le hubiera preguntado si había leído la Odisea en griego antiguo y le pidiera las diferencias con la película que acaba de estrenar Christopher Nolan.
No lo cuento para burlarme de él. Lo cuento porque ese vecino es exactamente el producto de un sistema educativo que, según el Índice de Competitividad Regional 2026, sigue retrocediendo en comprensión lectora.
En Arequipa, el porcentaje de estudiantes de cuarto de primaria que alcanzó un nivel satisfactorio en lectura bajó de 42.8% en 2025 a 41.1% en 2026. En matemática la caída fue de 40.3% a 38.5%. Y esto en una región que todavía conserva el tercer lugar nacional en lectura, lo que da una idea de qué tan grave está el panorama en el resto del país.
Leer para pensar, no solo para entender: Odisea
Comprensión lectora no es solamente saber juntar letras y entender de qué habla un texto. Es la habilidad de identificar cuándo un argumento tiene lógica y cuándo es solo ruido. Es distinguir entre un dato verificable y una afirmación vacía repetida con convicción.
Es reconocer cuándo alguien te está manipulando emocionalmente para que no pienses. Un país que no forma lectores críticos está formando ciudadanos que eligen representantes por la misma razón que eligen qué serie ver algo en Netflix: porque la miniatura les llamó la atención.

Llevo más de una década dictando talleres de escritura en universidades arequipeñas, y cada semestre confirmo lo mismo: los estudiantes universitarios, gente que ya pasó por doce años de educación básica, llegan sin muchas herramientas para desarmar un argumento, para detectar una falacia, para leer un texto político buscando qué dice realmente y no solo qué promete.
No es un problema de inteligencia, son chicos que, incluso, en temas digitales pueden darnos lecciones de uso y desuso. Es un problema de formación. Nadie les enseñó a leer con sospecha, a preguntarse quién escribió esto y para qué, a distinguir entre información y propaganda. “Desconfíen de todo y busquen respuestas”, les repito siempre.
Pero ese pensamiento crítico no nace solo. Se enseña, específicamente, a través de la lectura literaria trabajada con rigor. Cuando un estudiante analiza por qué Ulises insiste en llegar a casa, pese a que tiene ventajas de quedarse en la Isla de Circe, en la de Calipso, en la corte de los Feacios y, aun así, volver a Ítaca.
Cual poema de Konstantino Kavafis, aprende a que un hombre no olvida sus responsabilidades y que es su mano quien gobierna el destino de su destino y sus decisiones marcan el porqué de su existencia.
Y es posible que descubra otros elementos, otras situaciones para estar de acuerdo con el héroe del Caballo de Troya o para dudar de su integridad. Eso es hermoso para el alumno, pues cuestionará por actos y convicciones, no porque en la narración de la vida alguien le diga: “este es bueno porque se pone un sombrero del pueblo”.
La educación como base de una mejor ciudadanía
Porque cuando el sistema educativo prioriza la memorización sobre el análisis, cuando reduce la lectura a ejercicios de comprensión literal donde basta con ubicar un dato en el texto sin cuestionarlo, está fabricando votantes que eligen por instinto y no por criterio.
Y luego nos sorprendemos de que la clase política sea la que es y haya casos como los de Rospigliosi repitiéndose en cada bancada.
El gerente regional de Educación anunció un plan de intervención, capacitación docente, evaluaciones regionales y acompañamiento a directores. Ojalá funcione.
Pero mientras discutimos cómo subir dos puntos porcentuales en una prueba estandarizada, seguimos sin discutir la pregunta de fondo: qué tipo de lector, y por lo tanto qué tipo de ciudadano, estamos formando para que dentro de quince años no vuelva a explicarme que votó por alguien porque “se veía sincero” en un meme viral.
