¿Y Ahora Qué? | Llegó el día D. Hoy, 12 de abril de 2026, más de 27 millones de peruanos acudimos nuevamente a las urnas para elegir al próximo presidente de la República entre 35 candidatos, una cifra que no solo marca un récord nacional, sino que refleja el nivel de fragmentación política que atraviesa el país.
El 12 de abril de 2026, más de 27 millones de peruanos participan en un proceso electoral marcado por la cifra récord de 35 candidatos presidenciales y una alta fragmentación política. La jornada se caracteriza por una oferta electoral extensa que incluye más de 1,600 postulantes al Senado y más de 4,000 a la Cámara de Diputados. Ante la complejidad de la cédula y la saturación de información en redes sociales, una gran parte del electorado enfrenta incertidumbre sobre su decisión final. Este escenario refleja una crisis de representación donde la sobreoferta de opciones dificulta una elección informada por parte de la ciudadanía.
- Un total de 35 candidatos compiten por la presidencia de la Repðblica, estableciendo un récord nacional de fragmentación.
- La competencia legislativa incluye a más de 1,600 aspirantes para 60 escaños en el Senado y más de 4,000 postulantes para la Cámara de Diputados.
- Las redes sociales han priorizado contenidos emocionales y desinformación sobre el debate de propuestas y planes de gobierno.
- El proceso electoral evidencia una crisis de representación donde la abundancia de candidatos no garantiza mejores alternativas para el elector.
Pero, a diferencia de lo que suele repetirse cada cinco años, esta no es necesariamente una “fiesta democrática”. Para millones de ciudadanos, este proceso se ha convertido más bien en un dolor de cabeza. Votar ya no es un acto de convicción, sino muchas veces una obligación cargada de incertidumbre, desconfianza y confusión.
En esta oportunidad, los peruanos nos enfrentamos a una cédula de votación extensa (casi interminable), donde ubicar al candidato o partido de preferencia no es tarea sencilla. Y lo más preocupante: un gran porcentaje de electores aún no tiene claro por quién votar.
Muchos tomarán la decisión en el mismo momento, frente a la urna, en cuestión de segundos. Es decir, el futuro del país puede terminar definido más por la improvisación que por una elección informada.
¿Y Ahora Qué?. Exceso de candidatos y debilitamiento del debate
El problema no es solo la cantidad, sino la calidad del debate. Para apenas 60 puestos en el Senado, hay más de 1,600 candidatos compitiendo. En la Cámara de Diputados, la cifra supera los 4,000 postulantes para 130 curules.
Y en el caso del Parlamento Andino, más de 500 candidatos disputan apenas cinco espacios, en una elección prácticamente invisible para la mayoría de ciudadanos que no saben para que funciona ese organismo andino.

Esta sobreoferta electoral no fortalece la democracia; por el contrario, la diluye. Demasiadas opciones no significan mejores alternativas. Significan, muchas veces, más ruido, más confusión y menor capacidad de evaluación por parte del electorado.
A esto se suma un factor determinante en esta elección: el rol de las redes sociales. Plataformas como TikTok, Facebook y X se han convertido en el principal espacio de campaña política. Sin embargo, lejos de promover el debate de ideas, muchas veces funcionan como amplificadores de desinformación.
Redes sociales, desinformación y voto influenciado
Hoy, más que propuestas, lo que se viraliza son emociones: el miedo, la indignación, la burla. Videos cortos, frases impactantes y contenidos manipulados logran mayor alcance que los planes de gobierno. En ese escenario, algunos candidatos no buscan convencer con ideas, sino captar atención a cualquier costo.
La consecuencia es evidente: una ciudadanía expuesta a fake news, medias verdades y narrativas diseñadas para influir en su decisión. En lugar de votar informados, muchos terminan votando influenciados.
A diferencia de décadas pasadas, donde las opciones eran limitadas, hoy el problema es el exceso. Paradójicamente, tener más candidatos no ha significado tener mejores alternativas. Por el contrario, ha generado un escenario donde elegir se vuelve más difícil y, en muchos casos, más superficial.
El Perú llega a estas elecciones no solo con una crisis política, sino también con una crisis de representación. La gran pregunta no es solo quién ganará, sino con qué legitimidad y con qué nivel de respaldo real.
Porque al final del día, votar debería ser un acto consciente, no una reacción impulsiva. Pero en un entorno saturado de información, manipulación y ruido digital, esa línea es cada vez más delgada.
Hoy millones de peruanos decidiremos el rumbo del país y solo Dios sabe como lo haremos.
