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¿Y AHORA QUÉ? | Otra vez en el limbo: el Perú rehén de su peor clase política

¿Y AHORA QUÉ? | Otra vez en el limbo: el Perú rehén de su peor clase política, artículo de opinión de Sandra Bellido.
¿Y AHORA QUÉ? | Otra vez en el limbo: el Perú rehén de su peor clase política, artículo de opinión de Sandra Bellido.

¿Y Ahora Qué?| Mientras millones de peruanos trabajan todos los días para sacar adelante al país, emprendiendo, produciendo, estudiando o simplemente sobreviviendo, buena parte de la clase política parece empeñada en arrastrarlo al abismo. No importa la ideología ni el color partidario: el resultado es el mismo. Instituciones debilitadas, desconfianza ciudadana y una investidura presidencial cada vez más manoseada.

El Perú atraviesa un nuevo periodo de incertidumbre política tras revelarse presuntos vínculos entre el presidente José Jerí Oré y el denominado Club del Dragón Rojo. Estas denuncias señalan reuniones secretas con empresarios chinos que habrían obtenido contratos millonarios con el Estado peruano para obras que finalmente quedaron abandonadas. Pese a su compromiso inicial de garantizar la transición electoral y la estabilidad económica, la gestión del mandatario se ve afectada por investigaciones sobre corrupción e inacción legislativa. Esta situación sitúa al país en un limbo institucional mientras se evalúa la idoneidad de la clase política de cara a los próximos comicios generales.

  • El presidente José Jerí Oré enfrenta cuestionamientos por reuniones no declaradas con empresarios chinos vinculados a licitaciones irregulares en el sector transportes.
  • El informe del Club del Dragón Rojo detalla que diez empresas chinas obtuvieron contratos por más de 10 mil millones de soles, dejando obras inconclusas y deudas con proveedores locales.
  • La fiscalización del caso en el Congreso se encuentra paralizada, coincidiendo con viajes realizados por diversos legisladores al país asiático con gastos pagados.
  • El mandatario mantiene investigaciones previas por presunto cohecho y otros delitos, lo que debilita la confianza ciudadana en la investidura presidencial.
  • La crisis política plantea un escenario de posible vacancia que genera dudas sobre la sucesión constitucional y el futuro de la estabilidad democrática del país.
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El caso del presidente José Jerí Oré es hoy el ejemplo más claro de esta decadencia. Llegó al cargo con una tarea concreta y acotada en el tiempo: garantizar un proceso electoral transparente, preservar la estabilidad económica y enfrentar la creciente inseguridad ciudadana hasta el 28 de julio. Nada más. Nada menos.

A pesar de los serios cuestionamientos que ya pesaban sobre él —una denuncia por ultraje sexual y otra por presuntamente solicitar una coima a una empresaria—, un sector de la población decidió darle el beneficio de la duda. Muchos pensaron que, quizá, podría hacerlo mejor que su antecesora, Dina Boluarte. La vara no estaba muy alta, pero la esperanza, aunque frágil, existía.

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El poder, la ambición y las sombras que no se esconden

Sin embargo, pudo más la angurria por el dinero y el poder. Jerí no midió consecuencias. No le importó ni siquiera el simbolismo de tener a su propia madre viviendo en Palacio de Gobierno, acompañando una carrera política meteórica y difícil de explicar: en apenas un año pasó de presidir la Comisión de Presupuesto, luego el Congreso, y finalmente la República.

¿Y AHORA QUÉ? | Otra vez en el limbo: el Perú rehén de su peor clase política, artículo de opinión de Sandra Bellido.
¿Y AHORA QUÉ? | Otra vez en el limbo: el Perú rehén de su peor clase política, artículo de opinión de Sandra Bellido.

Una “suerte” que, vista con detenimiento, genera más sospechas que admiración. Jerí ha dicho tener enemigos, pero olvidó que la ciudad tiene ojos y oídos en todas partes. Sus reuniones secretas con cuestionados empresarios chinos no tardaron en salir a la luz.

Los videos circularon, las versiones se contradijeron y las explicaciones —lejos de aclarar— solo aumentaron la desconfianza. Porque las mentiras, como bien se dice, tienen patas cortas.

El “Club del Dragón Rojo” y el silencio cómplice del Congreso

Tan cortas que terminó reapareciendo un informe que muchos prefieren mantener enterrado en los archivos del Parlamento. No se trata del “chifagate”, sino del llamado “Club del Dragón Rojo”, una red integrada por diez empresas chinas que, entre 2018 y 2022, se beneficiaron con 93 contratos del Ministerio de Transportes y Comunicaciones, por más de 10 mil millones de soles.

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Según el informe de la comisión investigadora presidida por el congresista Héctor Valer, la mayoría de esas obras fueron abandonadas pese a haber recibido adelantos financieros. Peor aún, esas mismas empresas habrían estafado a micro y pequeños empresarios peruanos. Un escándalo de grandes proporciones que, curiosamente, duerme el sueño de los justos en el Congreso.

¿Por qué? Porque ninguna bancada quiere reabrir el caso. El propio Valer remitió el informe al entonces presidente del Congreso, José Jerí, solicitando su debate en el pleno. Nunca ocurrió. Más aún, varios congresistas que integraron esa comisión terminaron renunciando para viajar a China con todos los gastos pagados. El caso más conocido es el de Diego Bazán.

Con estos antecedentes, resulta insostenible que Jerí afirme no conocer a los empresarios chinos con los que se reunió a escondidas, replicando prácticas que recordaron inevitablemente a las visitas secretas de Pedro Castillo en la casa de Sarratea. La historia se repite, pero cada vez con menos pudor.

Hoy, probablemente, Jerí y sus aliados en el Congreso rezan para que la atención mediática se desvíe hacia otros escándalos. No sería extraño que quienes lo respaldan, como sectores del fujimorismo, apuesten al olvido rápido, esa estrategia tan conocida en la política peruana.

La pregunta sigue abierta: ¿vacarlo o sostenerlo? ¿Qué le conviene realmente al país a pocos meses de las elecciones generales? Y si Jerí cae, ¿quién ocuparía su lugar? ¿Existen congresistas idóneos para asumir esa responsabilidad o habrá que buscarlos con lupa?

Una vez más, el Perú queda políticamente en el limbo. No por falta de ciudadanos comprometidos, sino “gracias” a una clase política que solo piensa en esquilmar al Estado. Lo más preocupante es que la indignación se diluye. Estamos tan acostumbrados al escándalo, al abuso y a la corrupción, que a muchos ya ni les importa lo que ocurre tras bastidores en el Congreso o en Palacio.

Esa resignación es, quizá, el mayor triunfo de quienes viven de la mala política. Mientras ellos se reparten el poder y el dinero, el país sigue atrapado en el ostracismo. Y así, una y otra vez, se posterga el futuro de millones de peruanos.

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