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¿Y AHORA QUÉ? | Borrachos al volante: las calles del Perú convertidas en sentencia de muerte

¿Y AHORA QUÉ? | Borrachos al volante: las calles del Perú convertidas en sentencia de muerte
¿Y AHORA QUÉ? | Borrachos al volante: las calles del Perú convertidas en sentencia de muerte

¿Y Ahora Qué? | Borrachos al volante. En el Perú, salir a caminar, manejar o simplemente esperar un taxi puede convertirse en una ruleta rusa. Y lo más grave es que nos estamos acostumbrando. Cada semana aparece una nueva tragedia: un atropello, una familia destruida, una muerte absurda causada por alguien que decidió tomar alcohol y aun así ponerse frente a un volante.

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Lo ocurrido en los últimos días en las pistas de importantes ciudades del país vuelve a demostrar que el problema ya se salió de control.

En Trujillo, una mujer en aparente estado de ebriedad atropelló violentamente a un ciudadano. La víctima terminó en UCI luchando por su vida, pero finalmente falleció. Una historia que ya parece repetida demasiadas veces en el país.

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En Arequipa, la tragedia golpeó directamente al periodismo. Un conductor borracho embistió a dos hombres de prensa que se encontraban detenidos al costado de la vía cambiando una llanta y con señales de seguridad colocadas.

El fotógrafo Heiner Aparicio Ojeda murió producto del impacto, mientras que el periodista José Mamani Zamata, conocido como “El Pepe”, quedó herido con fracturas y múltiples golpes.

Y entonces surge la pregunta inevitable: ¿Cuántos muertos más necesita el Perú para reaccionar?

En Arequipa, la tragedia golpeó directamente al periodismo. En Trujillo, una mujer en aparente estado de ebriedad atropelló violentamente a un ciudadano
Borrachos: En Arequipa, la tragedia golpeó al periodismo, chofer borracho mató a fotoperiodista. En Trujillo, una mujer en aparente estado de ebriedad mató a vigilante

Borrachos al volante. Una tragedia que se ha normalizado

Porque el problema no es únicamente el irresponsable que toma y conduce. El verdadero problema es un país que durante años ha permitido que manejar ebrio casi se normalice.

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Basta ver un fin de semana: personas saliendo de bares, discotecas o reuniones sociales y subiéndose a sus vehículos como si nada ocurriera. Muchos creen que “controlan”, que “están bien”, que “solo tomaron unas copas”. Y en segundos terminan destruyendo vidas.

Las cifras son aterradoras y muestran la verdadera dimensión de esta crisis. Según datos del Sistema Informático Nacional de Defunciones (SINADEF), solo entre enero y marzo del 2026 ya se habían registrado más de 600 fallecidos por accidentes de tránsito en el Perú, superando incluso a los homicidios y suicidios en el mismo periodo.

En promedio, ocho personas mueren diariamente en el país por accidentes de tránsito. Ocho familias destruidas cada día. Ocho tragedias que muchas veces pudieron evitarse.

Y detrás de la mayoría de estos casos aparece siempre el mismo denominador común: irresponsabilidad humana. Exceso de velocidad, imprudencia y, sobre todo, alcohol.

Las autoridades han reconocido que gran parte de los accidentes mortales ocurren por culpa de conductores que manejan ebrios o bajo algún nivel de intoxicación.

Basta ver un fin de semana: personas saliendo de bares, discotecas o reuniones sociales y subiéndose a sus vehículos como si nada ocurriera.
Basta ver un fin de semana: personas saliendo de bares, discotecas o reuniones sociales, borrachos subiéndose a sus vehículos como si nada ocurriera.

El Estado ausente y la falta de control

Mientras tanto, el Estado llega tarde, mal o nunca.

Las municipalidades organizan operativos que duran unas horas y luego desaparecen. La Policía realiza controles esporádicos que no alcanzan para cubrir el caos vehicular de las ciudades.

Y las sanciones, aunque existen, muchas veces no generan verdadero temor, porque el sistema judicial es lento y permisivo.

En ciudades como Arequipa, el crecimiento vehicular ha superado completamente la capacidad de las autoridades. Hay más autos, más motos y más desorden, pero no más fiscalización ni educación vial.

Y cuando se mezcla alcohol con impunidad, la tragedia deja de ser una posibilidad para convertirse en una realidad.

Lo peor es que como sociedad también hemos empezado a perder sensibilidad. La noticia de un atropello fatal ya dura apenas unas horas. Se vuelve tendencia en redes, aparecen mensajes de indignación y después todo continúa igual. Hasta la próxima víctima.

Más que accidentes, una crisis naciona

Pero detrás de cada cifra hay personas reales. Hay hijos que no volverán a ver a sus padres, periodistas que salieron a trabajar y terminaron muertos, familias que quedan destruidas por culpa de alguien que creyó que manejar borracho “no era para tanto”.

El Perú enfrenta una epidemia silenciosa en sus calles y carreteras. Hoy los accidentes de tránsito ya son la principal causa de muerte violenta en el país y una de las mayores causas de muerte entre jóvenes.

No basta con campañas publicitarias ni frases de prevención. Se necesitan operativos permanentes, sanciones ejemplares, retiro inmediato de licencias y autoridades capaces de entender que conducir ebrio no es una falta menor: es jugar con la vida de los demás.

Es difícil opinar sobre estos hechos en un día tan especial como el Día de la Madre, sin embargo, vayan nuestras felicitaciones a esas mujeres luchadoras y también nuestro abrazo solidario a aquellas que han perdido a un hijo en fatales circunstancias como las descritas.

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