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CORDILLERA DE PALABRAS | El Perú que no leen en Barranco

CORDILLERA DE PALABRAS | El Perú que no leen en Barranco
CORDILLERA DE PALABRAS | El Perú que no leen en Barranco

Cordillera de Palabras | Umberto Jara tiene razón en algunas cosas en un comentario largo que ha colgado en sus redes con respecto a la participación de la delegación peruana, como país invitado de honor, en la FIL Buenos Aires 2026 que ya culminó.

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Pero se equivoca en la manera de tenerla. Tiene razón en que la muestra peruana en Buenos Aires recorre los movimientos de vanguardia surgidos en ciudades como Puno, Arequipa y Cusco entre 1920 y 1940.

Y que eso como carta de presentación única ante el evento literario más importante de América Latina fue una apuesta estrecha, porque debió ser mucho más grande, más nutrida con las proyecciones del Grupo Orkopata por ejemplo o presentar mucho más sobre Gamaliel Churata.

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También tiene razón en que el Ministerio de Cultura lleva años sin consolidar una idea de país narrativo que trascienda la vitrina de turno.

El centralismo cultural disfrazado de criterio literario

Pero de ahí a lamentar porque Vargas Llosa no ocupa la pared central del stand hay un salto que hiede a otra cosa, y ese olor tiene nombre: es el mismo centralismo cultural disfrazado de criterio literario que el propio artículo dice combatir. Sin embargo, tengo que añadir otros problemas más sobre la muestra llevada.

Hay tres problemas reales detrás de lo que pasó en Buenos Aires, y ninguno se resuelve con más Vargas Llosa en la pared, ni tampoco con más Arguedas, Ribeyro, quién sabe con Bryce que hace poco falleció, pero tampoco con Reynoso o Vallejo, si me apuran ni con Varela ni con Matto de Turner y menos con Melgar o Cisneros (bisabuelo y bisnieto).

El primero es de los propios escritores. Una parte significativa de la producción literaria peruana actual, incluso la más valiosa, no sabe insertarse en las dimensiones históricas de la literatura nacional, regional o universal.

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Escriben bien, publican, participan en ferias, y sin embargo no se puede explicar con claridad qué conversación están sosteniendo con la tradición ni qué proponen frente a ella. Eso no es culpa del Ministerio.

El Ministerio de Cultura no difundió adecuadamente a los escritores que viajaron a Buenos Aires ni sus obras.
El Ministerio de Cultura no difundió adecuadamente a los escritores que viajaron a Buenos Aires ni sus obras.

Es una deuda de formación y de autoconciencia literaria que el gremio no ha querido discutir en serio.

Se escribe, se publica, se reseña o critica, se inserta en los estudios académicos, en el Plan Lector, se lee en los circuitos literarios, se valida, se estudia, se trasciende. Hoy no se logra varias de esas variables y los escritos valiosos quedan en el anonimato.

La deuda del Estado y la falta de gestión cultural

El segundo es del Estado. El Ministerio de Cultura no difundió adecuadamente a los escritores que viajaron a Buenos Aires ni sus obras. Perú llegó con una delegación de 60 escritores y la gran mayoría de lectores peruanos, incluyendo los que seguimos el mundo literario desde las regiones, nos enteramos de quiénes eran y qué llevaban cuando ya era tarde para conocerlos, leerlos y defenderlos.

De los cinco de Arequipa conozco a tres. Y no, no es que “debo” conocer a los otros dos. Como alguna vez alguien me dijo descarnadamente: “Nadie tiene la culpa de que seas escritor” y es verdad, no por el mero hecho de serlo nos deben conocer nuestros pares, ya ni qué hablar del culto o informal público.

El MINCUL sí debía contarnos, con meses de anticipación, qué se iba a presentar allá y por qué. Se supone que el RENTOCA era para eso, para poder tener mapeados a los artistas, incluyendo escritores y poder presentar su trabajo anticipadamente, aunque sea para justificar sus decisiones harto cuestionadas de la muestra que se llevaría. No lo hizo.

Y un país que llega a su participación como invitado de honor sin haber construido una narrativa previa sobre su propia delegación no tiene problema de indigenismo ni de falta de Nobel. Tiene problema de gestión cultural.

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Las editoriales y el olvido de nuevas voces

El tercero es de las grandes editoriales. El canon literario peruano es eminentemente realista y deja de lado la narrativa fantástica.

Las grandes casas editoriales nacionales viven más de lo que ya funciona que de apostar por voces disruptivas que vienen de regiones, de periferias limeñas, de cosmovisiones que no caben en el catálogo exportable. Y mientras eso no cambie, seguiremos mandando al exterior la misma foto de siempre.

Porque lo que faltó en Buenos Aires no fue solo Vargas Llosa o Ribeyro y sus herederos. Faltaron los nietos de Clemente Palma. Faltó lo que el Perú está produciendo ahora mismo y que nadie desde Barranco quiere leer. Argentina es un país de literatura mágica, de ciencia ficción y fantasía.

En el Perú existen escritores orientados hacia la ficción especulativa cuyas obras parten de y exploran temas, motivos, personajes y tradiciones netamente peruanas, con el objetivo de recuperar la memoria de los pueblos originarios y construir mundos posibles que proyectan el futurismo costeño, andino y amazónico más allá de las influencias de la ciencia ficción de horizontes culturales ajenos.

¿Cómo representas el Qhapaq Ñan sin mirar lo que se hace hoy con la cosmovisión andina? ¿Cómo hablas de los caminos que unen sin incluir a quienes están construyendo, desde la ficción especulativa, los futuros posibles de esa misma cosmovisión?.

Una muestra que pone las vanguardias de 1920 sin dialogar con lo que esas mismas raíces producen en 2026 no es una muestra incompleta. Es una muestra que no entiende lo que quiere mostrar. Y solo hablo de una vertiente literaria, porque lo mismo poesía, dramaturgia, infantil, etc.

El Perú escribe desde todas las sangres

Y lo digo porque Umberto Jara en su crítica a la Feria y la muestra peruana desmereció completamente esa identidad que quisieron presentar desde la Casa de la Literatura, que muchos elogiaron y otros defenestraron, sí, pero que intentó mostrar, dentro de sus capacidades cortas de vista (lo firmo), algo de lo que se hace desde las profundidades del Perú.

No se consiguió por lo antes expuesto, pero desmerecerlo como si fuera un tema ideológico de gobiernos de turno es minimizar desde el banco del conformismo lo que se hace en las periferias independientes y reducir la literatura en el Perú al té de tías que se da palmaditas en la espalda y se niega a renegar de la fórmula que les ha dado resultados: mi amigo me presenta, mi padrino me gestiona el viaje a la Feria en Tumbuctú, mi compadre me hace la reseña en El Comercio.

Nada inicia y nada termina con Mario Vargas Llosa. Fue grande y aportó mucho, sí, pero sin los demás apuntalando el corpus literario peruano sería nada. Que haya estado presente en Buenos Aires a un año de su muerte era justo y necesario ¡Por supuesto!.

Pero sufrir porque no estaba en el centro del stand y sus supuestos herederos, viniendo de un intelectual como Jara que debería saber que hay nuevos tiempos y nuevas voces, es por lo menos curioso. El Perú escribe desde todas las sangres.

Lo hace desde Arequipa, desde Iquitos, desde las periferias limeñas que tampoco aparecen en los catálogos de las grandes editoriales. Que eso no se vea desde Barranco no significa que no exista. Significa que quienes deberían mirar todavía tienen los ojos cerrados. Es hora de abrirlos y leernos.

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