Creo que… | No podía conciliar el sueño. Me levanté. He revisado tantas veces las viejas fotografías de mis hijos, He buscado los tiempos en que éramos felices, al menos lo creía, pero bien sabemos que esta apenas son breves y fugaces instantes, que debemos atrapar en la esquiva y vieja memoria.
El autor reflexiona sobre el pasado familiar al revisar antiguas fotografías de sus tres hijos: Sebastián, Valentina y Alejandra. Durante este ejercicio de memoria, evoca las distintas etapas y dificultades atravesadas durante la crianza en su paso por la Ciudad Heroica. Asimismo, medita sobre el impacto del olvido, la nostalgia y la falta de certezas respecto a haber cumplido plenamente con el rol parental. Finalmente, concluye que el afecto hacia los hijos perdura a pesar del paso del tiempo y de la independencia que ellos van adquiriendo.
- El autor rememora la infancia de sus tres hijos, Sebastián, Valentina y Alejandra, a través de viejas fotografías familiares.
- Se expone una reflexión personal sobre las dudas y el aprendizaje empírico en la crianza de los hijos sin un manual previo.
- El texto aborda la memoria y el olvido citando conceptos vinculados a la nostalgia y a Mario Benedetti.
- Se concluye destacando que el amor paternal y los vínculos familiares se mantienen firmes mientras los hijos crecen e independizan.
Las gráficas de mis bebés, cuando eran niños, me devuelven a tiempos idos, durante nuestro paso por la Ciudad Heróica, cuando solo teníamos a Sebastián, y era engreído, hasta el extremo.
Luego vino Valentina, ora pequeño milagro, por todo lo que nos costó, dados los extremos cuidados y la sietemesina que nació antes de tiempo. En fin, son las risas atrapadas en el papel de colores, que me devuelven a las trampas de la nostalgia.
Y al final, de refilón, nació Alejandra, no estaba planificada, pero los hijos son siempre bienvenidos, aunque los tiempos son complicados, y vuelven los fantasmas de risas, llantos, tristeza y alegrías, que siempre nos mantuvieron unidos- Como creo que debe ser toda familia.
Cada quien construye vínculos indestructibles, porque el amor paternal, solo muere hasta el último hálito de vida.

Creo que… la memoria y los hijos
No olvidemos, que la memoria es un archivo alucinante. Colmado de hechos, palabras, amores, sorpresas, aburrimientos, lealtades, decepciones; pero sobre todo tiempos que nunca más volverán, y pienso, que hice mal o bien, sobre la crianza de los hijos.
Nadie, menos yo tengo un manual, aprendí con los días, con los agregados de mis padres, y la verdad, no sé se he logrado el cometido.
Una especial amiga, me dice “que bonito video, me recuerda a mi bebote” y supongo que vuelve a su pasado, medio complicado, e imagino en su lejanía, que algunos recuerdos brillan más que otros.
Y coincidimos, como muchos padres, que los hijos son lo mejor, en este mundo complicado. Son el hilo que nos sostiene a tierra.
Los agujeros de la memoria
Y, como no guardamos por orden alfabético, casi siempre nos cuesta bastante reencontrarnos con esas menudencias. Los agujeros de la memoria, normalmente son abiertos por el taladro del olvido.
Sin embargo, al trabajo tenaz del olvido, el pasado se va reduciendo, y apenas nos deja unas pocas señales, para que sepamos quienes fuimos y quienes somos… como dice Mario Benedetti.
Sigo mirando las fotografías, no para saber quienes somos, sino para buscar en los recuerdos, esos instantes felices que fuimos y nunca más serán, porque los hijos van volando con sus propias alas, y una que otra lágrima me resbala, supongo que mi amiga solo recuerda, no le gusta llorar, solo recuerda y sigue, seguimos hasta el final del final. Hasta la próxima.
