¿Y Ahora Qué? | Con la elección de los nuevos senadores y diputados para el periodo 2026–2031, Arequipa inicia una nueva etapa de representación política en un Congreso que vuelve a ser bicameral después de más de tres décadas. La expectativa ciudadana es grande, pero también lo es el nivel de exigencia.
Arequipa inicia una nueva etapa de representación política para el periodo 2026-2031 en un Congreso que vuelve al sistema bicameral después de tres décadas. La distribución de escaños incluye un senador y seis diputados repartidos entre diversas fuerzas políticas como el Partido del Buen Gobierno, Renovación Popular, Ahora Nación, Juntos por el Perú y el Partido Cívico Obras. Los legisladores enfrentan el reto de impulsar proyectos estratégicos para la región, tales como la segunda etapa de Majes Sihuas y la consolidación del Puerto de Corío. Además de la gestión de proyectos, se espera que la nueva representación recupere la confianza ciudadana mediante la transparencia, la fiscalización y la construcción de consensos. La labor parlamentaria será vigilada por diversos sectores de la sociedad civil para asegurar que las promesas de campaña se traduzcan en resultados concretos.
- La representación de Arequipa en la Cámara de Diputados está compuesta por seis miembros acreditados por el Jurado Nacional de Elecciones para el próximo quinquenio.
- El Partido del Buen Gobierno lidera la presencia regional con tres representantes, seguido por agrupaciones que cuentan con un solo diputado cada una.
- La agenda prioritaria incluye el fortalecimiento de la salud, infraestructura vial, seguridad ciudadana, minería responsable y el desarrollo de proyectos de gran envergadura.
- La restauración del Senado se percibe como una oportunidad para mejorar la calidad legislativa y otorgar a las regiones una voz con mayor influencia en las decisiones nacionales.
- Los nuevos parlamentarios deben priorizar la transparencia y la rendición de cuentas para revertir los bajos niveles de aprobación que ha registrado el Congreso recientemente.
La región ha demostrado históricamente un fuerte espíritu crítico y una permanente vigilancia sobre sus autoridades, por lo que quienes hoy asumen un escaño tendrán la responsabilidad de convertir las promesas de campaña en resultados concretos.
La representación arequipeña quedó distribuida entre diversas fuerzas políticas. El Partido del Buen Gobierno obtuvo la mayor presencia con un senador (Juver Nilson Flores Suárez) y dos diputados (Edgar Dember Gonzales Polar y Gloria Charito Hirache Pizarro).
Mientras que Renovación Popular (Christian Aranda), Ahora Nación (Marleny Bibiana Arminta Valencia), Juntos por el Perú (Amalia Palomino) y el Partido Cívico Obras (Luis Masco) lograron un representante cada uno en la Cámara de Diputados.
Esta composición refleja un electorado que optó por distribuir el poder en lugar de concentrarlo en una sola agrupación, obligando a sus representantes a privilegiar el diálogo y los consensos por encima de los intereses partidarios.

Los grandes desafíos para la representación parlamentaria de Arequipa
Sin embargo, la verdadera evaluación no comenzará con la instalación del Congreso, sino con la agenda que impulsen sus integrantes. Durante muchos años, Arequipa ha reclamado una representación parlamentaria capaz de liderar los grandes proyectos que la región necesita.
Entre ellos figuran el fortalecimiento del sistema de salud, la modernización de la infraestructura vial, la ampliación de los servicios de agua y saneamiento, la seguridad ciudadana, el impulso a la agricultura, el apoyo a la minería responsable y la consolidación del Puerto de Corío como una alternativa estratégica para el desarrollo del sur del país, además de la segunda etapa del proyecto Majes Sihuas.
Estos temas han sido mencionados en innumerables campañas electorales, pero pocas veces han logrado convertirse en políticas sostenidas.
Esa situación ha generado un creciente escepticismo entre los ciudadanos, quienes observan cómo muchos congresistas llegan a Lima con un discurso regionalista y terminan absorbidos por las disputas nacionales o por las prioridades de sus partidos políticos.
La restauración del Senado también representa una oportunidad para que las regiones tengan una voz con mayor capacidad de influencia en el debate legislativo. Se espera que los senadores asuman un rol de mayor reflexión política y de construcción de acuerdos, mientras que la Cámara de Diputados atienda con mayor cercanía las necesidades inmediatas de la población.
En teoría, esta nueva estructura debería producir leyes de mejor calidad y un mayor equilibrio institucional. En la práctica, todo dependerá del compromiso y la capacidad de quienes ocupen esos cargos.
Transparencia, fiscalización y compromiso con la región
Otro desafío será recuperar la confianza ciudadana en el Congreso. Durante los últimos años, el Parlamento ha sido una de las instituciones con menor aprobación debido a los constantes enfrentamientos políticos, denuncias y decisiones cuestionadas.
En ese contexto, los representantes arequipeños tienen la posibilidad de marcar una diferencia si priorizan la transparencia, la rendición de cuentas y una comunicación permanente con la población que los eligió.
La ciudadanía también tiene una cuota de responsabilidad. El seguimiento al trabajo parlamentario no debe limitarse a los periodos electorales. Es indispensable que colegios profesionales, universidades, gremios empresariales, organizaciones sociales y medios de comunicación mantengan una vigilancia permanente sobre la labor legislativa.
Una democracia sólida requiere representantes responsables, pero también ciudadanos informados y participativos.
Arequipa posee un peso económico y social que la convierte en una de las regiones más importantes del país. Su aporte en minería, industria, agricultura, comercio y turismo le otorga una posición estratégica que debe traducirse en una mayor capacidad de incidencia en las decisiones nacionales.
Por ello, sus parlamentarios no solo deberán gestionar proyectos para la región, sino también participar activamente en la construcción de políticas públicas que beneficien al Perú en su conjunto.
Los próximos cinco años permitirán comprobar si la nueva representación parlamentaria estuvo a la altura de las expectativas. Más allá de los colores políticos o de las diferencias ideológicas, la población espera resultados tangibles: mejores leyes, mayor fiscalización, defensa de los intereses regionales y una actuación ética que contribuya a fortalecer las instituciones democráticas.
