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¿Y AHORA QUÉ? | Arequipa: una ciudad sin planificación ni liderazgo

¿Y AHORA QUÉ? | Arequipa: una ciudad sin planificación ni liderazgo
¿Y AHORA QUÉ? | Arequipa: una ciudad sin planificación ni liderazgo

Arequipa observa hoy, con una mezcla de frustración y resignación, cómo otras ciudades del país avanzan mientras aquí seguimos atrapados en el mismo caos de siempre. Basta mirar a Lima, Ate o Callao para notar que, más allá de errores o cuestionamientos, sus autoridades al menos han entendido que el crecimiento urbano exige decisiones firmes y obras de gran impacto.

Arequipa atraviesa una crisis de planificaci3n y liderazgo caracterizada por la ausencia de obras de impacto y el crecimiento urbano desordenado. Mientras otras ciudades del pa3s ejecutan proyectos viales, las autoridades locales son cuestionadas por centrarse en trabajos cosm3ticos y descuidar el colapso vehicular. La gesti3n regional tambi3n muestra deficiencias en la culminaci3n de proyectos vitales como la v3a Arequipa–La Joya. Finalmente, la proliferaci3n de invasiones en zonas reservadas evidencia una falta de control estatal en sectores estrat3gicos.

  • Ausencia de infraestructura trascendental y predominio de trabajos de mantenimiento superficial en la ciudad.
  • Incremento de invasiones y tr3fico de terrenos en la Variante de Uchumayo y la carretera Panamericana.
  • Cuestionamientos a la gesti3n del exalcalde provincial y a la falta de prevenci3n ante emergencias en distritos como Yanahuara y Sachaca.
  • Paralizaci3n de obras cr3ticas como la v3a Arequipa–La Joya y la falta de planes para el sector de El Pedregal.
  • Denuncia de una gesti3n p3blica improvisada y alejada de las necesidades t3cnicas de la poblaci3n.
Generado con IA a traves de OpenAI. Verifica los datos en el contenido original.
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Allí se construyen intercambios viales, se recuperan terrenos invadidos y se ejecutan proyectos destinados a aliviar, aunque sea parcialmente, el colapso vehicular que ha convertido a la capital en una de las ciudades con peor tránsito en el mundo.

En cambio, en Arequipa pareciera que nuestras autoridades hubieran llegado al poder únicamente para administrar la inercia. Desde que asumieron funciones los alcaldes y el gobernador regional, la ciudad no ha visto una sola obra verdaderamente trascendental.

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Lo poco que se ejecuta son pequeños parchados, diminutos tramos de vías o trabajos cosméticos que sirven más para la foto y la propaganda que para resolver el drama diario del transporte.

Invasiones, desorden y crecimiento sin control

Mientras en el distrito limeño de Ate se lucha por recuperar espacios invadidos hace más de treinta años, en Arequipa sucede exactamente lo contrario: con la aparente complicidad o indiferencia de algunas autoridades, se continúa traficando terrenos del Estado incluso en zonas donde jamás debió permitirse una sola construcción.

El caso más evidente puede verse en los alrededores de la Variante de Uchumayo y a lo largo de la carretera Panamericana.

Los invasores no solo han ocupado áreas destinadas al crecimiento urbano ordenado; también han ignorado el derecho de vía de la línea férrea y los espacios reservados para una futura ampliación de la Panamericana a cuatro carriles. Lo más grave es que esto ocurre a plena vista de todos.

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¿Y AHORA QUÉ? | Arequipa: una ciudad sin planificación ni liderazgo
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A lo largo de esta carretera, que en horas punta parece una interminable procesión de vehículos, ya aparecen lotes delimitados, esteras y construcciones precarias que mañana se convertirán en urbanizaciones informales imposibles de retirar.

Y mientras tanto, en redes sociales se publicita sin vergüenza la venta de terrenos incluso cerca del futuro puerto de Corío. La pregunta es inevitable: ¿Cómo obtuvieron esos terrenos? ¿Quién autorizó esas ventas? ¿Realmente fueron adquiridos legalmente o, como tantas veces ocurre en el Perú, alguien “aceitó” a malos funcionarios para apropiarse de terrenos públicos? El silencio de las autoridades alimenta aún más las sospechas.

Autoridades cuestionadas y ausencia de grandes obras

La sensación de abandono se agrava cuando se revisa el desempeño de nuestras autoridades locales. El exalcalde provincial, Víctor Hugo Rivera, terminó dejando el cargo en medio de cuestionamientos absurdos y vergonzosos, como el escándalo por contratar personal para el cuidado de su mascota, que, por cierto, fue la única inocente de toda esa historia.

Mientras la ciudad colapsaba entre tráfico, inseguridad y desorden, la prioridad parecía estar en asuntos personales antes que en las verdaderas necesidades de la población.

Por otro lado, los alcaldes de Yanahuara y Sachaca parecen haber olvidado completamente a los damnificados tras el devastador ingreso de la torrentera El Chullo.

Después de las imágenes de destrucción, barro y familias afectadas, poco o nada se ha hecho para prevenir nuevas emergencias o brindar soluciones definitivas. Pasada la emergencia mediática, los vecinos quedaron nuevamente solos.

Y sobre el gobernador regional, la pregunta también resulta incómoda pero necesaria: ¿qué gran obra puede mostrar después de años de gestión? La respuesta parece ser ninguna. Ni siquiera ha logrado culminar la vía Arequipa–La Joya, un proyecto vital que habría evitado parte del caos vivido meses atrás cuando el puente de Uchumayo presentó graves daños.

Tampoco existe un plan serio para enfrentar los constantes derrumbes en el sector de El Pedregal, amenaza permanente que podría afectar la Panamericana y aislar al sur del país.

Política improvisada y una ciudadanía cansada

El problema de fondo es aún más preocupante: demasiadas personas llegan al poder sin preparación, sin conocimiento de gestión pública y, peor aún, sin una verdadera vocación de servicio.

Postulan únicamente porque ven en la política una oportunidad de alcanzar poder, repartir favores, contratar allegados o beneficiarse económicamente. Y cuando ganan, rodean las instituciones de funcionarios improvisados, incapaces o incluso corruptos.

Entonces surge una pregunta que millones de ciudadanos se hacen todos los días: si no saben gestionar, si no tienen capacidad técnica y si tampoco muestran voluntad de trabajo, ¿para qué postulan? ¿Por ambición? ¿Por negocios? ¿Por alimentar redes de favores y lobbies? Porque ciertamente no parece ser por amor a la ciudad ni por compromiso con la población.

Lo más indignante es que, con su mediocridad y desinterés, terminan destruyendo la esperanza de quienes confiaron en ellos mediante el voto.

Cada obra inconclusa, cada invasión tolerada, cada carretera colapsada y cada promesa incumplida representan una bofetada para una ciudadanía que sigue esperando autoridades a la altura de una ciudad tan importante como Arequipa.

Y que no digan que no hay dinero. Sí lo hay. Lo que falta es capacidad, honestidad y decisión para invertirlo en verdaderas soluciones y no en improvisaciones que solo maquillan el fracaso de una gestión pública cada vez más alejada de la realidad de la gente.

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