Por: Sandra Bellido Urquizo
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¿Y Ahora Qué?… Pesadilla electoral. El 31 de octubre marcó el cierre oficial de inscripciones de fórmulas internas para las elecciones generales de abril del 2026. Y, como era de esperarse, el menú electoral tiene de todo un poco: reciclados, procesados, condenados, cómicos y hasta familias enteras buscando un nuevo turno en el poder.
Fuerza Popular vuelve al ruedo con Keiko Fujimori, quien por cuarta vez intentará llegar a Palacio. La acompaña un batallón de viejos fujimoristas como Martha Chávez y Rosa Bartra, esta última recordada por impulsar la ley que permitió al RENIEC publicar el padrón electoral con todos nuestros datos.
Candidatos reciclados y dinastías familiares
En la otra esquina, aparecen personajes con cuentas pendientes con la justicia. La presidenta Dina Boluarte, su hermano Nicanor y algunos de sus exministros enfrentan procesos o cuestionamientos.
El expresidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) también quiere volver a la arena, esta vez como candidato al Senado “por experiencia”. Y no está solo: Pedro Castillo, desde prisión, evalúa participar mediante su abogado, que asegura que “tiene el derecho y la posibilidad”.
Otro que no se rinde es César Acuña Peralta, el célebre “plata como cancha”. Busca nuevamente la presidencia, acompañado, cómo no, de su familia y allegados, que aspiran a curules tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados.
Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima y precandidato de Renovación Popular, ya está en plena campaña. Lleva como vicepresidenta a la congresista Norma Yarrow, tan impopular como casi todos sus colegas en el Parlamento.
Y si de dinastías se trata, los hermanos Vizcarra no se quedan atrás. El expresidente Martín Vizcarra impulsa a su hermano Mauro como candidato presidencial. ¿La promesa? Indultar a su propio hermano si gana. Todo queda en familia.

La izquierda fragmentada y el retorno de fantasmas políticos
Por la izquierda, Verónika Mendoza cedió el paso a Vicente Alanoca, dirigente radical que participó en las protestas en Puno. Su principal bandera es el cambio de Constitución, aunque parece que repetirá la suerte de Mendoza: más pancartas que votos.
También se suma Roberto Sánchez, exministro de Pedro Castillo y cercano a Nicolás Maduro, con el respaldo del prófugo Vladimir Cerrón.
En Acción Popular, la cuna de los “niños” que sirvieron a Castillo, se inscribieron seis fórmulas internas, entre ellas la del congresista Edwin Martínez, recordado por su desparpajo más que por sus leyes.
El APRA resucitado del letargo sorprende con unas quince fórmulas, entre ellas la del eterno Jorge del Castillo. Y como si faltara humor en la política, el cómico Carlos Álvarez también busca un escaño. El país no está para más chistes, pero él insiste en hacer el suyo desde el poder.

Un festín electoral y una advertencia al ciudadano
Así las cosas, el 2026 promete una campaña saturada: más de 10 mil aspirantes entre presidencia, Senado, Cámara de Diputados y Parlamento Andino.
La mesa está servida, señores. Será un dolor de cabeza elegir entre esta variopinta fauna política que carga denuncias, sentencias y promesas recicladas. Y para colmo, tendremos que enfrentarnos a una cédula electoral de más de 40 centímetros, que seguro tomará más de un minuto marcar, aunque las autoridades digan lo contrario.
Muchos de estos personajes (procesados) o “perseguidos” no buscan servir al país, sino salvar el cuello. ¿Y a quién debemos agradecer este festín electoral? A los “brillantes” congresistas que desde el 2016 cambiaron las reglas de juego para multiplicar sus oportunidades de poder y tener un parlamento tan fragmentado que vuelve difícil gobernar.
Ahora todo depende de nosotros. Que esta pesadilla política no vuelva a repetirse y que los muertos vivientes no retornen al poder dependerá, una vez más, del voto ciudadano.
