¿Y Ahora Qué? | Aunque el Jurado Nacional de Elecciones aún no ha proclamado oficialmente a Keiko Fujimori como presidente del Perú, el escenario político tras la segunda vuelta parece haber cerrado el capítulo electoral con una tendencia clara e irreversible.
Arequipa mantiene un distanciamiento político estructural con Keiko Fujimori, segùn reflejan los resultados de la reciente segunda vuelta presidencial. Con el 100% de actas contabilizadas en la región, Fujimori obtuvo un 36.402% frente al 63.598% de Roberto Sánchez, una cifra similar a la elección de 2021. Pese a promesas como la reactivación de Majes Siguas II y la culminación de la autopista Arequipa-La Joya, el fujimorismo no logra consolidar una mayoría en el sur. La legitimidad futura de un eventual gobierno dependerá de la ejecución efectiva de estas obras de infraestructura y beneficios tangibles para la población.
- Los resultados electorales en Arequipa muestran un 36.402% para Keiko Fujimori y un 63.598% para Roberto Sánchez.
- La votación refleja una tendencia histórica similar a 2021, cuando la lideresa de Fuerza Popular obtuvo aproximadamente el 35% de los votos regionales.
- Entre las promesas de campaña para el sur destacan la reactivación de Majes Siguas II y la construcción de un gasoducto desde Ica.
- La culminación de la Autopista Arequipa-La Joya se mantiene como un proyecto estratégico planteado para la integración vial regional.
Sin embargo, más allá del resultado nacional, el comportamiento electoral en regiones como Arequipa vuelve a evidenciar una constante que ya no es coyuntural, sino estructural: el distanciamiento político entre el sur del país y la lideresa de Fuerza Popular.
En la región Arequipa, con el 100% de actas contabilizadas, los resultados muestran que Keiko Fujimori obtuvo aproximadamente 36.402% de los votos, mientras que su contendor Roberto Sánchez alcanzó 63.598%.
Este resultado no es un hecho aislado. En las elecciones del 2021, el panorama fue prácticamente similar: Pedro Castillo obtuvo alrededor del 64%, mientras Keiko Fujimori alcanzó aproximadamente el 35% en Arequipa. A primera vista, podría interpretarse que existe una ligera mejora en su votación entre ambos procesos electorales.
En términos estrictos, Keiko Fujimori ha logrado una variación positiva de apenas un punto porcentual, lo que estadísticamente no altera la tendencia general: Arequipa sigue siendo una región donde el fujimorismo no logra consolidar mayoría ni penetración política significativa.

Las promesas de campaña para Arequipa
Durante la campaña presidencial, Keiko Fujimori desplegó una serie de compromisos dirigidos específicamente a la región Arequipa, con la intención de revertir esa tendencia histórica.
Entre los principales anuncios destacaron la reactivación del proyecto Majes Siguas II, considerado clave para la expansión agrícola y la agroexportación en el sur del país; la construcción de un gasoducto hacia el sur, desde Ica hasta regiones como Arequipa, Moquegua y Tacna; y la culminación de la Autopista Arequipa–La Joya, infraestructura estratégica para el transporte y la integración vial.
Asimismo, la virtual presidente prometió destrabar proyectos paralizados, acelerar inversiones en infraestructura y promover el desarrollo productivo regional mediante la inversión privada. Estas propuestas, en conjunto, buscan posicionar a Arequipa como un eje económico del sur del país, con mayor competitividad y conectividad.
Sin embargo, como ocurre en toda contienda electoral, estas promesas se insertan en un terreno donde la credibilidad juega un rol determinante.
En consecuencia, más allá de los porcentajes, el verdadero mensaje de Arequipa no está en la variación numérica, sino en su persistencia. El voto arequipeño sigue siendo, elección tras elección, una expresión de distancia política que no se resuelve únicamente con promesas de campaña ni con presencia electoral en momentos de competencia.
La ejecución como factor de cambio
Sin embargo, la política también se define por resultados. Si un eventual gobierno de Keiko Fujimori logra concretar compromisos clave como Majes Siguas II, la Autopista Arequipa–La Joya o el acceso energético al sur mediante el gasoducto, el escenario podría comenzar a cambiar gradualmente.
La legitimidad en regiones como Arequipa no se construye en el discurso, sino en la ejecución efectiva de obras y en la capacidad de transformar promesas en beneficios tangibles.
Solo en ese escenario, donde las promesas de campaña se conviertan en hechos verificables, podría abrirse la posibilidad de reducir la brecha histórica entre el fujimorismo y el sur del país. De lo contrario, Arequipa seguirá siendo, como en las últimas elecciones, un territorio políticamente distante, crítico y difícil de conquistar.
