Por primera vez en años, Jerusalén vive una Semana Santa completamente distinta. La escalada de violencia en la región y las restricciones impuestas por las autoridades han obligado a suspender las principales actividades religiosas.
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Desde el inicio de la Pascua judía, la tensión ha aumentado. Según el ejército israelí, Irán ha lanzado más de 20 misiles balísticos dirigidos hacia zonas como Tel Aviv, Jerusalén y Cisjordania. A esto se suman los ataques de Hezbolá, con cerca de 100 proyectiles desde el norte, y la reciente intervención de los hutíes desde Yemen.
Los impactos han dejado heridos y daños en infraestructura, mientras Israel continúa respondiendo con operaciones militares en distintos puntos de la región.
En este contexto, la Semana Santa cristiana se ha visto directamente afectada, generando un escenario sin precedentes en la ciudad.
Sin procesiones ni peregrinos
Las tradicionales celebraciones han sido suspendidas. No habrá procesiones, Vía Crucis ni peregrinaciones en la Ciudad Vieja de Jerusalén, donde se encuentra el Santo Sepulcro, uno de los lugares más importantes para el cristianismo, el cual permanecerá cerrado al público durante los días centrales.
Las autoridades han limitado las reuniones a un máximo de 50 personas, lo que impide la realización de actos masivos y las ceremonias religiosas se llevarán a cabo a puerta cerrada y serán transmitidas de manera virtual. Solo participarán algunos religiosos y un grupo reducido de fieles locales.
Desde el Patriarcado Latino de Jerusalén han calificado esta situación como una “Semana Santa triste y vacía”, debido a la ausencia de peregrinos y al silencio en las calles.
Un escenario inusual
La coincidencia entre la Semana Santa y la Pascua judía, en medio de un contexto de conflicto, ha generado una situación inédita. Las calles, que normalmente se llenan de visitantes, hoy lucen vacías.
De esta manera, Jerusalén atraviesa una de sus celebraciones más atípicas, marcada no por las multitudes, sino por las restricciones, la tensión y la incertidumbre.
