El empresariado de la ciudad de Arequipa amaneció de luto tras el fallecimiento de Juan Vidaurrázaga Zimmermann a los 93 años, figura clave del empresariado regional y uno de los principales impulsores del crecimiento de la emblemática marca La Ibérica. Su partida marca el fin de una etapa significativa en la historia empresarial y cultural de la región.
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Hijo del fundador Juan Pablo Vidaurrázaga Menchaca, asumió en 1958 la conducción del negocio familiar con el firme propósito de mantener la esencia de la empresa sin dejar de innovar.
Bajo su liderazgo, La Ibérica evolucionó de una fábrica tradicional a convertirse en un símbolo representativo de Arequipa, cuyos productos forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones.
Su gestión se caracterizó por una visión estratégica que combinó identidad, calidad y proyección, consolidando a la marca como una de las más reconocidas del sur del país. Más que un empresario, fue considerado un custodio de la tradición arequipeña.
Compromiso con el desarrollo empresarial y social
Más allá del ámbito privado, Vidaurrázaga Zimmermann también tuvo un rol activo en el fortalecimiento institucional. En 1987, asumió la presidencia de la Cámara de Comercio e Industria de Arequipa, desde donde promovió el crecimiento del sector empresarial con una mirada enfocada en la sostenibilidad y los valores.
Quienes lo conocieron resaltan su cercanía, vocación de servicio y liderazgo basado en el ejemplo, cualidades que le permitieron trascender más allá de su empresa. Su legado no solo queda en una marca consolidada, sino también en las personas y en la identidad cultural que ayudó a fortalecer.
Su partida deja un profundo vacío en Arequipa, pero también una historia que perdurará en cada tradición, en cada recuerdo y en cada producto que sigue formando parte del día a día de la ciudad.

