Creo Qué| Vivimos en un mundo donde todo parece extraño o igual. Todo se mide por el éxito o el fracaso. Sino que lo diga el presidente José Jeri, quien va de fracaso en fracaso.
La columna de opinión reflexiona sobre la percepción contemporánea del éxito y el fracaso, cuestionando la influencia de las redes sociales como jueces implacables de la conducta ajena. El autor sostiene que la vida no debe regirse únicamente por logros materiales, sino por una suma de acciones y valores personales que trascienden lo convencional. A través de una introspección personal sobre sus roles como periodista y padre, se destaca la importancia de buscar un legado humano y la felicidad cotidiana a pesar de los errores cometidos. Finalmente, el texto concluye que el aprendizaje derivado de los fracasos es fundamental para el autoconocimiento y la realización individual.
- Crítica a la presión social y digital que reduce la vida a una dicotomía entre el éxito y el fracaso.
- Valoración de la vida como una acumulación de momentos y experiencias espirituales por encima de los bienes materiales.
- Reconocimiento de la imperfección humana y la importancia de actuar sin mala fe en los roles familiares y profesionales.
- La búsqueda de la felicidad y la construcción de un legado basado en la calidad humana como objetivos centrales del individuo.
- Referencia a autores como Umberto Eco y Paul Auster para sustentar la importancia de entender los propios fracasos.
Los juzgadores, por calificarlos, de algún modo, son implacables. Ya lo escribió el escritor y semiólogo italiano, Umberto Eco, en estos tiempos, los idiotas e imbéciles de las redes sociales, se han erigido, en jueces de todo el mundo.
No voy a discutir el valor e importancia de las redes sociales, pero tampoco voy a creer, que son lo mejor y los expertos quienes tienen la última palabra siempre. Craso error.
La vida, no solo debe estar regida, por los logros materiales, en realidad es la suma de muchas cosas, muchos momentos, es decir, una serie de acciones, que cada uno debe valorar, para uno mismo.
Particularmente, a estas alturas de mi vida, siento que he fracasado en muchas cosas, como periodista, como amigo, como padre, en fin.
Este último rol, es quizás, el más urticante, porque lo que uno hace, es lo mejor para su prole. No creo que nadie en su juicio, haga daño, a su familia.
Mis hijos como siempre les digo, todo lo que he hecho, es brindarles lo mejor en el aspecto material y espiritual. Estoy seguro que muchas veces me he equivocado, y lo seguiré haciendo, pero nunca de mala fe.

Creo que: el peso del éxito y el juicio ajeno
Como docente y amigo, he visto muchos casos, de eso que llamamos “éxito o fracaso“, y siempre he aconsejado, que la vida no es así.
Todo lo que uno busca es ser feliz, aunque sea un imposible muchas veces. Porque la felicidad es inasible, pero hay que seguir insistiendo.
Cada uno debe hacer su propio examen. Y uno sabe si sale aprobado o jalado.
Lo esencial, es el día a día y tratar de dejar huella, eso que llaman legado.
Pero no basado en lo material, sino en lo que hiciste como ser humano. En toda su extensión y solo tú sabrás si cumpliste o no.
Además, se escribe sobre lo que no se puede escribir. Se escribe lo inevitable. Así se vive, sobre lo que quiere y puede. Como dijo el escritor Paul Auster sobre mis fracasos, aprendí a entenderme a mí mismo. Nada más. Hasta la próxima.
