Creo Que| Las desgracias propias y ajenas, nunca vienen solas. Casi siempre son acompañadas de una multitud de reproches. Algo de eso viene sucediendo en Arequipa, donde a raíz de las torrenciales lluvias y el ingreso de las torrenteras (con su carga de piedras y lodo) ha dejado la ciudad, en poco menos, que escenario luego de una guerra.
Arequipa enfrenta graves daños tras las recientes lluvias torrenciales y el desborde de torrenteras que afectaron diversas zonas de la ciudad. El impacto se ha visto agravado por la reducción de los cauces naturales, que en algunos puntos pasaron de treinta metros de ancho a solo tres debido a construcciones informales y falta de planificación urbana. Casos específicos en distritos como Cayma y Mariano Melgar evidencian el alto riesgo de edificar sobre estos lechos o techar canales naturales. Ante esta situación, resulta imperativo fortalecer la previsión y el respeto de los espacios públicos por parte de las autoridades y la ciudadanía para evitar que los desastres se repitan anualmente.
- Las intensas lluvias provocaron el ingreso de lodo y piedras en las torrenteras, dejando daños materiales de consideración en la Ciudad Blanca.
- La reducción de los cauces naturales, en algunos casos de treinta a tres metros de ancho, intensificó el impacto de los desbordes en zonas vulnerables.
- Se reportan construcciones sobre rellenos de escombros y el techado de torrenteras en distritos como Mariano Melgar y Cayma.
- El contraste entre la canalización de la avenida Los Incas y la torrentera El Chullo resalta la importancia de una ingeniería hidráulica adecuada.
- La falta de previsión y el incumplimiento de las normas de zonificación son señalados como factores críticos que requieren atención inmediata de las autoridades.
La diferencia es que esta “guerra”, viene de la propia madre naturaleza, que siempre busca recuperar el cauce, que la imbecilidad y tozudez de autoridades y vecinos, propició que los cauces de unos 30 metros de tal o cual torrentera, fuera reducida a unos ¡ 3 metros ! Así como leen, una ridiculez, por decir lo menos, es decir, un monumento a la estupidez humana. Disculpen la grosería.
O peor, en la parte alta de Cayma, un avispado vecino, para ampliar su “propiedad” no tuvo mejor idea que techar la torrentera y construyó encima de ella. Plop. Y ahora. Los propios vecinos se quejan y lamentan, por estas acciones. Vaya, vaya.
Casi todos los años, en la Ciudad Blanca, llueve torrencialmente, lo sabemos, y lo único que queda es cubrir todos los huecos de los lugares que habitamos y ponernos a buen recaudo, nada ni nadie puede contra la madre naturaleza. Pero seguimos confiando, en la buena suerte, que no lloverá tanto…

Creo que: torrenteras reducidas, errores ampliados
Para citar un caso, en la zona de la avenida Los Incas, al costado del Hospital Honorio Delgado, se angostó la torrentera, para construir una doble pista, y se canalizó la torrentera, pero una salvedad, se cavaron varios metros, con una buena altitud, y los daños fueron mínimos para los vecinos de la zona.
Lo contrario, ocurrió con la torrentera el Chullo, que atraviesa varios distritos desde su “nacimiento”, que tuvo unos 30 o más metros de ancho, y conforme discurre hasta morir en Yanahuara, llega a poco menos que un canal de regadio, con una escasa profundidad. ¿ Quién fue el cerebro de tamaña insensatez? La respuesta cae por su propio peso.
Estoy seguro, que más de una persona, me cuestionará, porque hoy por hoy estamos para ayudarnos y solidarizarnos, con miles de personas afectadas, que lo han perdido todo. Vaya con los afectados, mi solidaridad, por esta desgracia, que ahora viven.
Una sola palabra: previsión
Pero estas desgracias nos seguirán acompañando, si en nombre del progreso, seguimos burlando a las torrenteras, cuando lo único que hacemos es cavar nuestras propias tumbas, por nuestra insensatez, de seguir invadiendo y construyendo en plena torrentera, como en la parte alta del distrito de Mariano Melgar, donde varias casas, están a punto de derrumbarse, porque fueron edificadas, sobre escombros y deshechos. ¿ Quién es el culpable?.
Hace muchos almanaques, hacia mis pininos como reportero en diario CORREO y fui a cubrir la noticia, sobre estas desgracias, y me percaté que en plena torrentera habían unas 5 casas, le pregunté a los dueños, ¿porqué habían invadido ? Nunca pensamos que la torrentera iba a ingresar, fue su respuesta de antología de lo insensato.
Ahora toca, aprender y reconstruir, lo dañado, y apoyar a quienes sufrieron daños en sus propiedades.
Pero , también aprender que el cauce, siempre busca su cauce. Y, sobre todo las autoridades, cumplir con su obligación de hacer respetar los espacios públicos. Sino, no hemos aprendido nada y el próximo año, seguimos en lamentos, que bien se pudieron evitar, con una sola palabra: PREVISIÓN.
Hasta la próxima.
