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CORDILLERA DE PALABRAS| Mentiras dulces vs. verdades amargas

CORDILLERA DE PALABRAS| Mentiras dulces vs. verdades amargas, artículo de opinión de Sarko Medina,
CORDILLERA DE PALABRAS| Mentiras dulces vs. verdades amargas, artículo de opinión de Sarko Medina,

Cordillera de Palabras| “Te duplicaré el sueldo en seis meses”. “Acabaré con la corrupción de un plumazo”. “Construiré hospitales en cada distrito”. “Haré que Perú sea potencia mundial”. Las promesas resuenan en plazas abarrotadas, los candidatos gritan con pasión, la multitud aplaude extasiada más que si su equipo rojinegro metiera un gol.

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Bienvenidos a la temporada de mentiras electorales 2026, donde el populismo vuelve a vendernos sueños imposibles a precio de nuestra credulidad.

El populismo electoral no es nuevo en Perú. Lo hemos visto en todas sus variantes: el mesías outsider que viene a salvar la patria, el caudillo regional que promete desarrollo instantáneo, el tecnócrata que jura eficiencia milagrosa, el antipolítico que destruirá el sistema corrupto.

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Todos diferentes en apariencia, idénticos en método: prometer lo imposible, culpar a un enemigo conveniente, ofrecer soluciones mágicas.

Cordillera de Palabras: la pregunta incómoda para el elector

La pregunta que deberíamos hacernos como electores es incómoda: ¿preferimos las mentiras bonitas o las verdades desagradables? Porque allí radica el verdadero problema. Los candidatos populistas no nacen en el vacío, los creamos nosotros con nuestra demanda de fantasías reconfortantes.

Tomemos la economía. Un candidato serio te dirá: “Incrementar salarios requiere aumentar productividad, lo cual toma años de inversión en educación y tecnología. Podemos crear condiciones para que empresas paguen mejor, pero no puedo duplicar tu sueldo por decreto”.

Un populista te dirá: “¡El primer día subo todos los salarios al doble! ¡Los empresarios tienen plata, que paguen!, ¡20 universidades!, ¡Saquemos plata del BCR!”. ¿Cuál discurso te emociona más? ¿Cuál votarías?.

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CORDILLERA DE PALABRAS| Mentiras dulces vs. verdades amargas, artículo de opinión de Sarko Medina,
CORDILLERA DE PALABRAS| Mentiras dulces vs. verdades amargas, artículo de opinión de Sarko Medina,

La verdad desagradable es que la economía no funciona con voluntarismo. Venezuela duplicó salarios por decreto y hoy un profesor gana tres dólares al mes. Argentina congeló precios para “proteger al pueblo” y generó inflación del 160%.

Las leyes económicas no se doblegan ante la demagogia, pero esa verdad no llena plazas ni genera aplausos.

En desarrollo social, la diferencia es igual de brutal. El candidato responsable explica: “Reducir la pobreza requiere programas sostenidos de educación, salud, infraestructura. Veremos resultados en diez, quince años. Podemos mejorar gradualmente, pero no hay soluciones instantáneas”.

El populista promete: “¡En mi gobierno nadie pasará hambre! ¡Casa propia para todos en dos años!, ¡Planes sociales!, ¡Bonos, tapers, loncheras!”. Obvio cuál vende mejor.

Pero miremos qué pasó con esas promesas. Ollanta Humala prometió “Gas para todos” en su primera campaña. Hoy hay distritos en Puno sin agua potable. PPK prometió “un millón de empleos formales“.

No pasó. Castillo prometió “cerrar el Congreso corrupto y mejorar la educación“. Terminó intentándolo y preso por corrupto él mismo dinamitando de paso los pocos sistemas que realmente funcionaban. López Aliaga prometió a Lima que sería un capital del primer mundo y la dejó endeudada.

Vizcarra es también un caso patético con su aeropuerto de Chincheros, mejor ni renegar. Las promesas populistas se evaporan al contacto con la realidad.

Los derechos ciudadanos también sufren el espejismo. “¡Mano dura contra la delincuencia! ¡Pena de muerte ya!” suena fenomenal en un país donde el crimen nos tiene aterrorizados. Pero la verdad incómoda es que ningún país ha resuelto su problema criminal con populismo punitivo.

Se requiere reforma policial profunda, sistema judicial eficiente, prevención social, todo eso toma tiempo, dinero y esfuerzo sostenido.

El populista vende venganza, no justicia. Promete castigos ejemplares pero no sistemas funcionales. Y cuando llega al poder, descubre que gritar no construye cárceles, que la indignación no entrena policías, que los eslóganes no procesan casos judiciales.

Entonces, ¿por qué seguimos cayendo? Porque las verdades amargas requieren paciencia, esfuerzo y admitir que no hay soluciones fáciles.

Las mentiras dulces nos permiten seguir creyendo en milagros de papel, en salvadores, en que alguien más resolverá nuestros problemas sin que tengamos que hacer sacrificios.

Este 2026 enfrentamos la misma disyuntiva de siempre. Tenemos candidatos populistas prometiendo el oro y el moro: cambios instantáneos, soluciones mágicas, culpables convenientes.

La diferencia está en nosotros. Si como electores seguimos premiando las mentiras bonitas, seguiremos obteniendo gobiernos que nos defrauden. Si exigimos verdades, aunque sean incómodas, obligaremos a los políticos a competir en seriedad, no en demagogia.

No se trata de ser pesimistas o conformistas. Se trata de ser adultos. Entender que los problemas complejos requieren soluciones complejas. Que el desarrollo toma tiempo. Que no hay atajos ni mesías y menos caudillos.

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