Por: Sarko Medina Hinojosa
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Cordillera de Palabras... Se acercan las elecciones y ya empezamos a ver el circo de siempre. Los mismos rostros con nuevos partidos, los nuevos rostros con las mismas promesas, los outsiders que se presentan como salvadores y los políticos de carrera que juran haber cambiado. Y en medio de todo esto, nosotros, los ciudadanos peruanos tratando de decidir a quién entregarle el timón de un barco que viene estrellándose contra las rocas hace décadas.
La tentación más grande en estas elecciones va a ser votar con rabia. Votar contra alguien en vez de votar por alguien. Votar por el que más grita, por el que promete mano dura, por el que dice que va a meter presos a todos los corruptos. Y créanme, lo entiendo.
Después de ver desfilar presidentes investigados, congresistas procesados, ministros coimeados, da ganas de prender fuego a todo y empezar de cero. Pero votar con rabia es como manejar borracho. Te sientes poderoso en el momento, pero terminas estrellado contra un poste.
Cordillera de Palabras: cómo identificar a los candidatos que no debemos elegir
Entonces, ¿Cómo elegir bien? Empecemos por los candidatos de los que hay que dudar. Primero, desconfíen de cualquiera que prometa soluciones mágicas. Si alguien les dice que va a acabar con la corrupción en seis meses, está mintiendo.
Si alguien promete que va a crear millones de empleos de la noche a la mañana, está mintiendo. Si alguien jura que va a meter presos a todos los delincuentes y las calles van a ser seguras en un año, está mintiendo. Los problemas del Perú son estructurales, profundos, y requieren trabajo sostenido, no varitas mágicas.
Segundo, huyan de los mesiánicos. Ese candidato que se presenta como el único que puede salvarnos, que dice que sin él el Perú se hunde, que habla de sí mismo en tercero persona y se compara con próceres, es un peligro. La democracia no necesita salvadores, necesita servidores públicos competentes. El que se cree indispensable hoy, mañana se va a creer por encima de la ley.
Tercero, cuidado con los improvisados. Que alguien sea bueno en su profesión no significa que sepa gobernar. Un médico exitoso no necesariamente entiende de economía. Un empresario próspero puede ser un desastre manejando presupuestos públicos.

Un militar retirado no automáticamente sabe de políticas sociales. Gobernar requiere experiencia en gestión pública, conocimiento del Estado, capacidad de negociación política. No es cuestión de “sentido común” ni de “gestión privada”. El Estado no es una empresa.
Cuarto, desconfíen de los extremos. Tanto de la ultraizquierda que promete repartir todo y expropiar a los “ricos”, como de la ultraderecha que promete mano dura y militarizar las calles. Los extremos suenan bien en campaña, pero en el gobierno generan caos.
El Perú necesita pragmatismo, no ideologías puras. Necesita alguien capaz de entender que las soluciones no son blancas o negras, sino que requieren matices, negociación, consensos.
Quinto, ojo con los que no tienen equipo. Un presidente solo no gobierna nada. Si un candidato no puede mostrar quiénes van a ser sus ministros, sus asesores, su equipo técnico, es porque no tiene equipo serio o porque está escondiendo a gente cuestionable. Exijan saber quiénes van a estar realmente gobernando.
Qué evaluar para elegir bien en estas elecciones
Ahora, ¿en qué fijarse para elegir bien? Primero, busquemos propuestas concretas, no generalidades. “Voy a mejorar la educación” no es una propuesta. “Voy a aumentar el presupuesto de educación en X%, implementar capacitación docente continua y crear Y nuevas escuelas en zonas rurales” es una propuesta. Busquen candidatos que hablen con números, con plazos, con planes específicos.
Segundo, revisen la trayectoria. ¿Qué ha hecho este candidato antes? ¿Tiene experiencia en gestión pública? ¿Fue alcalde, gobernador, ministro? ¿Cómo le fue? ¿Dejó obras o dejó deudas? ¿Tiene investigaciones fiscales? ¿Ha cambiado de partido cinco veces en tres años? La trayectoria dice más que las promesas.
Tercero, escuchen cómo habla. Un candidato que insulta, que descalifica, que habla con desprecio de otros sectores sociales, es un candidato peligroso. El país necesita alguien que pueda dialogar, negociar, construir consensos. No necesitamos más división.
Cuarto, fíjense en quiénes lo apoyan. Si un candidato está rodeado de personajes cuestionados, de investigados, de gente con antecedentes turbios, algo anda mal. Dime con quién andas y te diré quién eres, dice el refrán. En política, es especialmente cierto.
Y por último, no voten por descarte. No caigan en la tramática del “mal menor“. Busquen activamente al candidato que les convenza, no al que les repugne menos. Si ninguno los convence, voto en blanco es una opción válida. Es mejor no legitimar a malos candidatos que votar por alguien solo porque “no es el otro”.
Estas elecciones son cruciales. El país no aguanta otro gobierno improvisado, otro corrupto, otro mesiánico. Necesitamos madurez cívica. Votar no es un derecho solamente, es una responsabilidad. Y como toda responsabilidad, hay que ejercerla con cabeza fría, información sólida y sin dejarse llevar por la rabia del momento.
El Perú que viene depende de las decisiones que tomemos hoy. Elijamos bien y tengamos el agua florida al alcance de la mano, la necesitaremos.
