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CORDILLERA DE PALABRAS… El superpoder de los jubilados: La invisibilidad

CORDILLERA DE PALABRAS... El superpoder de los jubilados: La invisibilidad, artículo de opinión de Sarko Medina.
CORDILLERA DE PALABRAS... El superpoder de los jubilados: La invisibilidad, artículo de opinión de Sarko Medina.

Por: Sarko Medina Hinojosa

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Cordillera de Palabras… El superpoder de los jubilados… La semana pasada me vi con 72 años, haciendo fila desde las cinco de la mañana en la oficina de la AFP para consultar sobre mi pensión. Llevaba todos mis papeles en una bolsa de plástico amarilla, ecoamigable, pero desgastada como mis esperanzas. Cuando me tocó turno, me dijeron que mi pensión sería de 320 soles mensuales después de 35 años cotizando. Del grito que di de indignación desperté.

Pero, esa pesadilla, la están viviendo miles de peruanos, dignos jubilados que son traposeados en su honorabilidad por un gobierno que se ganó la Tinka y quiere con eso jugar con las ilusiones de los peruanos.

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Y ahora resulta que los mismos congresistas que aprobaron la reforma de aportes a las AFP´s se hacen los sorprendidos con el reglamento que el gobierno de Boluarte promulgó en septiembre. Fuerza Popular, que fue el principal impulsor con 21 votos a favor, ahora dice que la norma se “desnaturalizó”.

Alianza para el Progreso, que votó con 8 congresistas en favor, ahora la rechaza porque “no genera credibilidad”. Renovación Popular la califica de “abusiva” después de haber votado a favor en primera instancia. Populismo y miedo a que los hagan pan con chicharrón.

Es el cinismo político en su máxima expresión. Aprueban una ley, la envían al Ejecutivo para su promulgación, y cuando ven que la gente protesta, salen corriendo como ratas del barco hundiéndose. Porque saben muy bien que la reforma afecta directamente los bolsillos de millones de peruanos que han trabajado toda su vida esperando una vejez digna.

La realidad de nuestros jubilados es dramática. Según la Superintendencia de Banca y Seguros, el 70% de los afiliados a las AFP recibe una pensión menor a 500 soles mensuales. En un país donde una canasta básica familiar cuesta más de 400 soles, pretender que un adulto mayor viva con 320 soles no es solo una burla, es una condena a la miseria.

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¿Cómo le pedimos a los jóvenes que confíen en un sistema que trata así a quienes ya cumplieron su parte del trato? Porque eso es lo que hicieron nuestros jubilados actuales: trabajaron cuarenta años, aportaron religiosamente, pagaron sus impuestos, construyeron la economía que hoy disfrutamos. Y ahora los abandonamos a su suerte con pensiones que no alcanzan ni para los medicamentos.

El superpoder de los jubilados: La invisibilidad
El superpoder de los jubilados: La invisibilidad

La generación de nuestros padres y abuelos nos dejó un país con moneda estable, inflación controlada, sistema financiero sólido. Ellos vivieron la hiperinflación de los ochenta, la crisis económica de los noventa, los ajustes estructurales del fujimorismo.

Pusieron el hombro cuando tocaba, pagaron el costo social de las reformas, construyeron las bases de la estabilidad macroeconómica actual, soñaron con el “chorreo” y ahora les quitamos la ilusión.

Jubilados: Un sistema de pensiones que condena a la miseria

¿Cómo les pagamos? Con un sistema de pensiones que es una estafa legalizada. Las AFP se quedan con comisiones altísimas durante décadas, invierten nuestro dinero y obtienen ganancias millonarias, pero a la hora de pagar la pensión, nos entregan migajas. Es un negocio redondo para ellos, una trampa mortal para nosotros.

El problema de fondo es que hemos construido un sistema pensional basado en la capitalización individual cuando nuestro mercado laboral es mayoritariamente informal. El 70% de los trabajadores peruanos está en la informalidad, no cotiza regularmente, no tiene estabilidad laboral. Pretender que con aportes esporádicos e insuficientes se pueda financiar una pensión digna es pura fantasía neoliberal.

Los países serios tienen sistemas mixtos: una pensión básica universal financiada por el Estado, complementada con aportes individuales. Aquí inventamos un sistema donde el Estado se lava las manos y deja que los trabajadores se las arreglen solos con empresas privadas que solo buscan maximizar sus utilidades.

Mientras tanto, nuestros jubilados sobreviven como pueden. Los que tuvieron la suerte de tener casa propia la hipotecan o la venden. Los que tienen hijos se convierten en carga familiar. Los que no tienen nada terminan pidiendo limosna en los semáforos o vendiendo caramelos en las combis.

Es la realidad que espera a cualquier trabajador que confíe en este sistema. Son invisibles y ese superpoder lo aprovechan las corrientes ideológicas que quieren que no pensemos en los ancianos como personas, sino como números, como estorbos.

La dignidad no se jubila. Es hora de que nuestros políticos lo entiendan.

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