Cordillera de Palabras | El viernes 18 de septiembre, en plena transmisión en vivo de su programa en Panamericana Televisión, Milagros Leiva pronunció el nombre de un adolescente de 16 años que había denunciado una agresión sexual por parte de compañeros del Liceo Naval Almirante Guise, dentro de un bus escolar.
Durante una transmision en vivo por Panamericana Television, la periodista Milagros Leiva pronuncio el nombre de un menor de 16 anos victima de una agresion sexual ocurrida en un bus escolar. Ante este hecho, el Ministerio Publico inicio una investigacion preliminar por revelacion indebida de identidad, sumandose pronunciamientos del Ministerio de la Mujer y del Colegio de Periodistas de Lima. Aunque la conductora pidio perdon y la madre del adolescente habria aceptado sus disculpas, las indagaciones fiscales y las evaluaciones gremiales continuan su curso. El caso resalta el debate sobre los limites legales y la responsabilidad profesional en los medios de comunicacion, en un contexto donde el sistema SiseVe registra mas de dos mil casos de violencia sexual en colegios durante el ano.
- Milagros Leiva revelo en television nacional el nombre de un adolescente de 16 anos victima de agresion sexual.
- La Fiscalia abrio una investigacion preliminar contra la periodista por el delito de revelacion indebida de identidad.
- Instituciones como el Ministerio de la Mujer y el Colegio de Periodistas de Lima expresaron su rechazo ante la vulneracion de la identidad del menor.
- Leiva reconocio su equivocacion y ofrecio disculpas publicas, las cuales habrian sido aceptadas por la madre de la victima.
- El sistema SiseVe del Ministerio de Educacion contabiliza mas de dos mil casos de violencia sexual reportados en entidades educativas en lo que va del ano.
Lo dijo sin apellidos, aclaró después, un detalle que no cambia nada sustancial: la identidad quedó expuesta igual. La Fiscalía abrió investigación preliminar por revelación indebida de identidad. El Ministerio de la Mujer se pronunció.
El Colegio de Periodistas de Lima expresó su rechazo. Leiva pidió perdón, más de una vez, incluso “de rodillas”, según sus propias palabras.
El caso obliga a una conversación que en el Perú solemos evitar hasta que alguien la protagoniza en cámara: qué implica ejercer libertad de prensa con responsabilidad real.
La libertad de expresión requiere criterio para ejercerse bien. Decir cualquier cosa en el momento en que el micrófono está encendido no es ejercicio de esa libertad, es descuido profesional amplificado por audiencia masiva.
El Código de los Niños y Adolescentes y el artículo 154 del Código Penal existen precisamente para trazar el límite entre informar un hecho y exponer a una víctima que no eligió ser noticia. Un periodista con la trayectoria de Leiva conoce ese límite de memoria.

Cordillera de Palabras: el error y la responsabilidad profesional
Lo llamativo del caso no es solo el error, es la reacción posterior, que confirma el diagnóstico. La periodista reconoció que sabía la norma, que conocía la obligación de proteger la identidad de menores, que su indignación por el caso no justificaba lo ocurrido.
El instinto de la denuncia inmediata le ganó al criterio profesional en el momento exacto en que más pesaba tenerlo presente.
Conviene no reducir esto a un error individual de una sola periodista. Más de dos mil casos de violencia sexual en instituciones educativas se han reportado en lo que va de este año a través del sistema SíseVe del Ministerio de Educación.
Ese número merece ser la noticia central, no el nombre de una víctima expuesto por error o por urgencia de rating.
El modelo de televisión de espectáculo que premia la reacción inmediata sobre la reflexión pausada empuja a comunicadores experimentados a hablar antes de pensar, y ese modelo tiene responsabilidad estructural en lo ocurrido.
La responsabilidad estructural no anula la responsabilidad individual. Leiva tiene décadas de trayectoria y sabía exactamente qué implicaba pronunciar el nombre de un menor víctima de un delito sexual en televisión nacional.
Un micrófono también exige límites
La madre del adolescente, según trascendió, la perdonó, una decisión que le corresponde solo a ella y que habla de su voluntad de no seguir alimentando el circo mediático alrededor del sufrimiento de su hijo.
Ese perdón no reemplaza la investigación fiscal, ni la evaluación que corresponde hacer al Colegio de Periodistas, ni la autorregulación que el propio Ministerio Público exhortó a ejercer a la Sociedad Nacional de Radio y Televisión sobre sus asociados.
Ejercer este oficio con libertad real exige exigir criterio también a los colegas, no solo defenderlos cuando se equivocan.
El privilegio de tener un micrófono encendido frente a millones de personas viene con la obligación de saber, en el instante exacto en que las palabras están por salir, cuáles pueden decirse y cuáles no.
Ese instante de pausa separa el periodismo del daño. Y el periodismo peruano, esta semana, volvió a demostrar cuánto le cuesta sostenerlo.
