Por: Carlos Rivera
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Alma Matinal… La trayectoria literaria de Mauro Calle Bellido crece día a día. Cada una de sus obras reflejan sus diversas etapas vivenciales y otras, la pura ficción que lo consolidan como autor prolijo que Arequipa necesitaba desde hace un buen tiempo.
A las narrativas telúricas, tradicionales, cosmopolitas, paisajistas podemos agregar una caymeña (su universo y su misterio), por no decir macondiana que reverdece y hermosea los matices de nuestra literatura rica en temas y perspectivas.
A sus particulares formas narrativas que ya el profesor Marcos Vilca Jiménez ha abordado en un sucinto artículo debemos recurrir a la propuesta oral (evocación familiar y testimonial) que el autor plasma con singular audacia creativa.
Recurrir a la sola memoria puede ser un capricho personal para componer una historia banal o llena de anécdotas para los amigos, familiares o en un entorno que solo entienda esos panegíricos personalistas que pueden provocar una fácil sonrisa y nada más. La literatura es más que eso.
Es recurso nemotécnico e intrepidez estilística, saber crear ambientes, describir con belleza o sentimientos cada hecho real o imaginado. Mauro, ha moldeado su susceptibilidad de hombre observador, inquieto y amante de las buenas historias y le ha agregado su peculiar estilo narrativo. Estilo que es la prolongación de su lenguaje, las chanzas personales y revestidos de una delicada melancolía.

Mauro fue un destacado miembro de la Policía Nacional del Perú
Mauro fue un destacado miembro de la honorable Policía Nacional del Perú (PNP) y transitó gran parte de su vida persiguiendo el crimen y el delito. Mauro Calle Bellido Cavila, en sus ratos libres, curiosas historias que abarcan maravillosas ficciones (de añoranza y fantasías) que las plasma con laborioso rigor estético y las comparte con sus seguidores. Hombre de orden, además de abogado y escritor.
Gabriel García Márquez pudo construir desde los fueros del mundo latinoamericano y su cosmos macondiano, una insólita literatura para compartirla con las gentes de todos los tiempos.
Somos un continente rico en fantasías e historias, una tierra robusta de tradiciones y mitos. A ellas vamos cuando queremos soñar y transportarnos por esos maravillosos senderos de la invención expuesta en las supersticiones, la adivinación y la hechicería.
Al recibir un doctorado honoris causa Mario Vargas Llosa leyó una conferencia titulada Sueño y realidad de América Latina (Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2008) y en ella nos habla de Antonio León Pinelo, autor de El paraíso en el Nuevo Mundo (acabada en 1650, pero que permaneció inédita durante mucho tiempo) quien situaba a nuestro continente como el paraíso terrenal ante los explícitos argumentos de su geografía, sus ensoñaciones y las relaciones histórico-ficcionales que se plantea para tan vasta empresa.
Un continente repleto de magia y divinidad nos sigue sorprendiendo con sus misterios y los desafíos de su futuro.
En esa misma línea, Mauro Calle con La vieja Estela y sus cinco nueras (Quimera,2022), reconstruye la vida de una familia de taínos y una singular historia surgida al referirnos en esta pequeña novela una original aventura de cotidianidades alrededor de un personaje y su familia, que trascienden por su riqueza cultural donde tienen que lidiar con el entorno y los descubrimientos que les acontecen.
Por ejemplo, sorprenderse de la naturaleza (“La noche en la selva está llena de peligros, escucharon algunos rugidos lejanos, que a medida que transcurrían los minutos, se sentían más cerca”) y los propios actos de nuestra humana biología (“Caminaba dando pequeños saltos pero no eran saltos, peor aún, sufriendo la natural secuela de haber nacido con los pies planos”).
“Contemplando el cielo de aquella noche constelada de estrellas”
Para que la historia funcione el escritor debe comprender y desplegar todo su arte en beneficio de la ficción. Cuidar las formas de una prosa que sea equilibrada y justa en su tono (la voz del creador), saber encontrar las sensibilidades de sus personajes y aclimatarlos al tiempo o las usanzas que acompañan su escritura.
Mauro se aparta de su vena cuentística (nostálgica y traviesa desplegada en “Aquel niño que fui”) y ensaya una técnica de más aliento y con mayores atrevimientos descriptivos que le dan vigor a la novela corta.
Sabe acomodarse al registro de una narrativa que exige los arrojos de una audaz arquitectura ficcional donde los planos psicológicos, detalles históricos, sociales o místicos ayudan a darle verosimilitud a este singular relato. Comprarse el pleito en adentrarse en el cosmos e innovar a través de un nuevo lenguaje que permita su sencilla lectura y satisfaga la curiosidad de todos los lectores.

De su nueva obra “Mi tercer yo. Senderos de un caminante” (Ágora,2025) extraemos este precioso párrafo:
“Contemplando el cielo de aquella noche constelada de estrellas y el fulgurante brillo de las más grandes, que se hacían muy nítidas en la inmensidad de la negrura, mi pensamiento recorrió innumerables pasajes que hasta ese momento había vivido. De alguna manera, sentía el hipotético respaldo de haber acumulado gran experiencia en tan corto tiempo de vida, pero eso no garantizaba el éxito en la materialización de mis proyectos.”
Sarko Medina Hinojosa, con una impecable trayectoria literaria comenta con nítida perspectiva la nueva obra literaria de nuestro escritor:
“Resulta destacable la variedad de escenarios y situaciones que el autor logra recrear: desde las calles de Lima durante los años del terrorismo hasta los tranquilos barrios arequipeños de su juventud. Esta diversidad geográfica y temporal enriquece el relato y ofrece una perspectiva particular sobre la realidad peruana de las últimas décadas”.
“El estilo narrativo privilegia el detalle y la exhaustividad por encima de la síntesis, lo que puede resultar tanto una virtud como un desafío para diferentes tipos de lectores. Quienes busquen un testimonio directo y sin filtros encontrarán aquí material abundante para reflexionar sobre temas como el servicio público, la vocación policial y las transformaciones sociales del país.”
La limpieza de sus textos, esa fragancia rica en memoria y ensueño por la nostalgia plasmadas en solidas piezas literarias potencian la obra de un escritor que ha encontrado su propia voz, su estilo o los senderos de un caminante fabulador que nos deleita con su palabra.
