A Tinta Fría | Estoy dolorido. Me he recetado palabras. El diagnóstico es fundamental: mi corazón dice «roto»; mi alma, «fracturada».
El texto presenta una reflexion en primera persona sobre el sufrimiento personal y el cansancio emocional. El autor describe su estado señalando que su corazon esta roto y su alma fracturada, optando inicialmente por palabras, cama y oscuridad. Posteriormente, rechaza seguir cualquier tratamiento o receta y se define como un paciente terminal. Finalmente, concluye eligiendo el silencio ante la mirada ajena, enfatizando que no se encuentra deprimido sino profundamente dolorido.
- El autor diagnostica su condicion emocional con un corazon roto y un alma fracturada.
- Decide desobedecer las recomendaciones previas y asumirse como un paciente terminal sin arreglo ni tratamiento.
- Descarta la fe y el amor por considerarlos ineficaces frente al paso del tiempo y lo sufrido.
- Elige el silencio como postura definitiva para sobrellevar su dolor en soledad.
Ante la hoguera que lleva por nombre cuerpo, se escucha el eco de mis lágrimas evaporándose en el rojo vivo de la herida que soy. Siento que el sinsentido invade purulentamente mi existencia.
También me receto cama, descanso, obscuridad. Un poco de esto no hace daño, ¿verdad? Al igual que un cigarro. Voy botando mis cenizas por allí… Y el viento me lleva, quién sabe, a ese gatillo que se forma detrás de la garganta.
Hasta el hartazgo de tantas recetas, decido desobedecer. Decido ser un paciente terminal. Sin arreglo, sin tratamiento. Descosido.
Putrefacto. Algo más… Inyecto un poco de amor en mi vida. Ya no sirve. Antes sí, aun cuando reposaba con esperanza. Los años golpean la conciencia con todo lo sufrido. No me receto nada. Solo espero.

A Tinta Fría: el silencio como única receta
O quizá sí… Me receto silencio para no dar gusto a los que me observan. Para no darles el gusto de acompañarme en esta procesión.
Déjenme cargar mi cruz solo, en la comodidad de mis vendajes sucios y ensangrentados. Me vuelvo a recetar silencio porque estoy dolorido hasta donde termino y comienzo.
No, no estoy deprimido. Estoy dolorido. Carcomido por una canción, fusilado por una mujer, hastiado de una existencia, vapuleado por un destino, ejecutado por una biblioteca. Sí, estoy dolorido.
Humanamente dolorido. Indispuesto a recetarme más fe. Indispuesto a mayor vitalidad. Una vez más, me receto silencio.
Sí, estoy dolorido o quizá esté muerto… ¿Cuál es la diferencia?
