Por: Fabrizio Arrisueño Gatica
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A Tinta Fría… Anoche tuve un sueño, un sueño llamado Perú. La alarma me despertó, encendí la televisión y sintonicé el canal de las noticias comunes y ordinarias; eran aproximadamente las siete de la mañana. De repente, algo me impulsó a apagar ese cuadrado plagado de reflejos, tomar mi mochila y salir rumbo a la Universidad.
Camino a mi centro de estudios, sentado en una estrecha esquina del transporte público, pensaba en mi sueño. Me preguntaba: ¿Cuál era ese Perú? Ese que no había terminado de soñar por culpa del despertador.
Miré a mi alrededor: había muchas personas. ¿A dónde iban? ¿Todas a sus trabajos? ¿A dónde? ¿Alguien habría soñado lo mismo? Extrañamente, durante el trayecto no ocurrió nada.
Simplemente llegué a la Universidad, tomé apuntes, salí de la facultad y experimenté una extraña sensación de alivio. No se oían bocinazos ensordecedores en las calles, las personas caminaban sin tropezar entre sí, los perros bebían agua de las regaderas que los jardineros dejaban a la intemperie.
Regresé a casa, almorcé, leí, reí con alguna remembranza del día. La tarde y la noche cayeron hasta que llegó la hora de dormir.

Anoche: revela una pesadilla
Mientras intentaba conciliar el sueño, volví a pensar en aquel sueño, en ese sueño llamado Perú, y me di cuenta de que, antes de cerrar los ojos por última vez, estaba ante una pesadilla. ¡Todo ese día había sido una farsa! Ese no era mi Perú. Mi Perú no es taciturno, sosegado ni mucho menos adormecedor.
Aquí los ministros cambian como el pan de cada día, los generalísimos se diluyen como el color del té y los microbuses compiten en una versión informal de la Fórmula 1.
Intempestivamente, intenté dormir, concentrando todas mis energías en esa única acción. Sin embargo, volví a tener ese sueño, ese sueño llamado Perú, y no supe dónde quedarme. ¿La sazón o el olvido? ¿Qué significa este sueño? ¿La utopía o la desgracia? ¿La identidad o lo desconocido?
Por el momento, seguiré soñando, hasta que verdaderamente encuentre ese sueño llamado Perú. ¿Cuántas veces más tendré que soñar? No lo sé. Pero, quizá, si soñamos todos juntos, en algún momento soñemos lo mismo.
