A Tinta Fría | Entre ese frío que recorre las mientes cuando uno ha terminado de hacer lo que debe, apareció esta expresión que escuché, como quien descubre la pólvora, intentando descifrar el amor.
El texto presenta una reflexion personal y romantica en la columna A Tinta Fria bajo el titulo Valgame Dios. El autor describe sus sentimientos hacia una mujer de rulos infinitos y como la expresion que ella utiliza adquiere un sentido sagrado para el. A traves de evocaciones sobre la fe, el insomnio y los encuentros, el escrito concluye equiparando las grandes declaraciones amorosas con la frase que da nombre a la columna.
- El autor reflexiona sobre el amor y el impacto de la frase 'Valgame Dios' pronunciada por una mujer.
- Se describe una fe vivida de manera reservada, donde las oraciones personales incluyen el sentimiento hacia la destinataria.
- El texto aborda la intensidad del vinculo afectivo, los recuerdos compartidos y la lucha constante contra el insomnio.
- Se concluye que las grandes declaraciones de amor se resumen en la expresion '¡valgame Dios!'.
Llámenme como quieran, pero nunca Dios había estado tan presente en una oración ni mucho menos en los labios de una mujer que, de pronto, volvería una expresión en algo deleitoso y sagrado de oír.
La fe como secreto de Estado
Soy creyente, pero a hurtadillas… Mis oraciones son como secretos de Estado, algo clasificadas, si es que no tengo el apetito de confesar que pedí por ti, ahora que lees estos párrafos. Porque ¿Qué pecado comete uno al confesar, a alguien que ya conoce el corazón, que uno ama a cierta señorita de rulos infinitos?.

Seguramente no esté a la altura de Sabines diciendo que espero curarme de ti, pues no lo quiero. Prefiero morir lentamente con cada palabra y con cada beso de los cuales rehuyes por engreimiento, a sabiendas de que los míos son sempiternos.
O desvanecerme en ese parque que nos espera mientras, por algún motivo, me llamas gafo e invocas el nombre de Jesucristo ante tanta llamarada de amor que me consume.
Y sí, te pienso hasta en blanco, quizá también en obscuro, pero te pienso. Allá por los sueños, cuando mi mayor enemigo, el insomnio, permite una tregua de dos o tres días, aprovecho en recrearte y recibir esos besos que, aunque suene inverosímil, lucho por recibir cada tarde. Pero, como dije en un inicio, ese frío que recorre las mientes también puede ser opacado.
Hace poco, conversando, te dije que quería escribirte un poema como el de los grandes… Pero ahora me doy cuenta de que esas sacrosantas declaraciones de amor, de las cuales depende la vida, no son más que un «¡válgame Dios!».
