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¿Y AHORA QUÉ? | Fronteras olvidadas: una deuda histórica que el próximo gobierno debe saldar

¿Y AHORA QUÉ? | Fronteras olvidadas: una deuda histórica que el próximo gobierno debe saldar
¿Y AHORA QUÉ? | Fronteras olvidadas: una deuda histórica que el próximo gobierno debe saldar

¿Y Ahora Qué? | A pocos días de la asunción del mando de la presidenta electa, Keiko Fujimori, conviene volver la mirada hacia una realidad que durante décadas ha permanecido relegada en la agenda nacional: el abandono de las ciudades y poblados fronterizos del Perú.

La situación de abandono en las ciudades fronterizas del Perú representa una deuda histórica que la próxima administración de Keiko Fujimori deberá atender mediante políticas de desarrollo sostenidas. Mientras Tacna destaca como un polo dinámico gracias a la Zona Franca y al esfuerzo local, otras zonas como Aguas Verdes y Puerto Maldonado enfrentan graves deficiencias en infraestructura, servicios básicos y planificación urbana. La ausencia del Estado en puntos críticos como la triple frontera con Brasil y Colombia facilita la expansión de economías ilícitas como el contrabando y la minería ilegal. El sector salud y la falta de conectividad son símbolos críticos de esta precariedad que obliga a los ciudadanos a trasladarse a otras regiones para recibir atención.

  • Tacna se consolida como una excepción exitosa en el sur peruano debido a la formalización comercial y la atracción de visitantes chilenos interesados en salud y gastronomía.
  • Las fronteras en el norte y oriente del país muestran un marcado contraste de subdesarrollo frente a los servicios públicos de sus vecinos en Ecuador, Brasil y Colombia.
  • El crecimiento poblacional en regiones como Madre de Dios no ha sido acompañado de planificación, resultando en un alto déficit de agua, alcantarillado y pavimentación.
  • La carencia de una presencia estatal efectiva fomenta actividades delictivas como el narcotráfico, la tala indiscriminada y la minería ilegal en zonas limítrofes.
  • Se requiere una política nacional integral que articule inversión en salud, educación, seguridad y conectividad para integrar estratégicamente estas regiones al país.
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A pesar de su importancia estratégica para la seguridad, el comercio, la integración y la soberanía nacional, ningún gobierno ha desarrollado una política sostenida que permita convertir estas zonas en verdaderos polos de desarrollo.

Las fronteras no solo representan los límites geográficos del país. Son la primera imagen que reciben quienes ingresan al territorio nacional y constituyen espacios donde el Estado debe demostrar su presencia mediante infraestructura, servicios públicos, oportunidades económicas y seguridad. Sin embargo, en gran parte del país ocurre exactamente lo contrario.

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Tacna, una excepción que demuestra lo que sí funciona

Tacna es quizá la excepción más evidente. El desarrollo de esta región fronteriza no fue producto de una política nacional, sino del esfuerzo conjunto de sus autoridades, instituciones y población.

Durante el primer gobierno de Alan García se impulsó la creación de la Zona Franca de Tacna (Zofra Tacna), una medida que permitió ordenar gran parte del comercio que anteriormente se desarrollaba de manera informal mediante el ingreso de mercadería desde Chile.

Los resultados son visibles. La formalización del comercio, la recuperación de espacios públicos, la modernización urbana y el fortalecimiento de la actividad económica transformaron a Tacna en una ciudad dinámica y atractiva.

Hoy recibe cada año a cientos de miles de visitantes chilenos, quienes cruzan la frontera para realizar compras, acceder a servicios de salud y disfrutar de su oferta gastronómica y turística.

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La realidad es muy distinta en otras fronteras del país. En el norte, por ejemplo, el poblado ecuatoriano de Huaquillas ha experimentado importantes mejoras urbanas gracias a políticas impulsadas por el Estado ecuatoriano.

En contraste, Aguas Verdes, en Tumbes, continúa enfrentando problemas de infraestructura, comercio informal y limitada planificación urbana, pese a ser uno de los principales puntos de intercambio comercial entre ambos países.

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La situación tampoco es alentadora en la frontera con Brasil, particularmente en Madre de Dios. Mientras el estado brasileño de Acre (considerado uno de los menos desarrollados de ese país) ha logrado planificar el crecimiento de su capital, Rio Branco; Puerto Maldonado continúa expandiéndose de manera desordenada.

Nuevos asentamientos humanos aparecen constantemente sobre terrenos invadidos o vendidos de forma irregular. Las viviendas, construidas con madera, calaminas y plástico, reflejan la ausencia de una adecuada planificación urbana.

Existe crecimiento poblacional, pero no desarrollo. Más de la mitad de la población carece de servicios básicos de agua y alcantarillado, y aún en zonas cercanas al centro existen calles sin pavimentar que, durante la temporada de lluvias, se convierten en verdaderos lodazales que dificultan el tránsito.

Es cierto que en los últimos años el Gobierno Regional viene reemplazando antiguos colegios de madera por modernas instituciones educativas de material noble, un avance importante para la educación. Sin embargo, estos esfuerzos resultan insuficientes frente al enorme déficit de infraestructura pública que aún persiste.

Una política nacional pendiente para las fronteras

El sector salud representa quizá el mayor símbolo del abandono estatal. Tanto el Hospital Santa Rosa del Ministerio de Salud como el hospital de EsSalud presentan serias limitaciones de infraestructura, equipamiento y capacidad de atención.

Por ello, quienes tienen posibilidades económicas prefieren trasladarse a Cusco, Arequipa o incluso Lima en busca de un tratamiento adecuado.

Una situación similar se observa en Santa Rosa, el distrito más oriental del país, ubicado en la triple frontera entre Perú, Colombia y Brasil. Mientras las ciudades vecinas de Leticia y Tabatinga muestran un mayor dinamismo económico y mejores servicios públicos, el lado peruano continúa evidenciando una escasa presencia del Estado.

El abandono de las fronteras no solo limita el desarrollo económico de miles de peruanos. También favorece la expansión del contrabando, la minería ilegal, el narcotráfico, la tala indiscriminada y otras economías ilícitas que encuentran terreno fértil allí donde el Estado está ausente.

El próximo gobierno tiene la oportunidad de romper con esta larga historia de indiferencia. No bastan visitas protocolares ni anuncios de inversión aislados. Se requiere una verdadera política nacional de desarrollo fronterizo que articule infraestructura, salud, educación, conectividad, seguridad y promoción de inversiones.

El desafío para la nueva administración será demostrar que el Perú también empieza en sus fronteras y que quienes las habitan merecen las mismas oportunidades que el resto del país.

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