Cordillera de Palabras | Han pasado 30 días desde que Estados Unidos e Israel lanzaron la “Operación Furia Épica” contra Irán. Miles de muertos, más de 11,000 objetivos destruidos, 150 barcos hundidos, el líder supremo Alí Jamenei asesinado junto a su esposa y nieta. Y la guerra sigue.
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Trump dice que están “muy cerca” de lograr objetivos. Netanyahu promete “semanas más” de bombardeos. Irán controla el estrecho de Ormuz cobrando peaje a petroleros.
Los hutíes lanzan misiles contra Israel. Hezbollah ataca desde Líbano. Protestas masivas en Tel Aviv exigen fin de la guerra. El petróleo Brent ronda 115 dólares por barril.
¿Un final posible o una ilusión?
¿Cuándo termina esto?
Hay quienes todavía creen en finales felices. Las conversaciones en Pakistán entre Turquía, Egipto y Arabia Saudita podrían lograr algo. Trump pausó bombardeos a instalaciones energéticas iraníes por 10 días hasta el 6 de abril. Fuentes hablan de “15 puntos de acuerdo” entre Washington y Teherán.
El guion optimista: Irán desmantela programa nuclear verificado, Estados Unidos levanta sanciones gradualmente, Israel obtiene garantías de seguridad, Hezbollah se retira del sur de Líbano, nuevo liderazgo iraní moderado, región estabiliza, petróleo baja a 70 dólares, guerra termina en mayo.
Pero la realidad es terca: Irán exige “rendición incondicional” de sus adversarios, no la suya. El nuevo liderazgo iraní (Mojtaba Jamenei, hijo del líder asesinado) es igual o más radical que su padre. Israel quiere atacar “miles de objetivos más“.
Estados Unidos mantiene 50,000 efectivos en región, 10,000 más de lo habitual. La pausa de bombardeos es táctica, no estratégica. Nadie negocia de buena fe.

Un conflicto que puede escalar y prolongarse
El escenario pesimista es más probable: guerra se regionaliza completamente. Pakistán, país con armas nucleares, entra al conflicto defendiendo Arabia Saudita por tratado de defensa. Rusia proporciona inteligencia a Irán sobre movimientos militares estadounidenses.
China aprovecha caos para consolidar influencia económica. Japón y Corea del Sur enfrentan crisis energética severa. Europa reduce objetivos de almacenamiento de gas. Precios de la gasolina en Estados Unidos llegan a $3.90 por galón, erosionando apoyo político a Trump.
Irán declara universidades estadounidenses e israelíes en región “objetivos militares“. Milicias proiraníes atacan embajada estadounidense en Bagdad repetidamente. Israel invade sur de Líbano completamente. Guerra se extiende hasta 2027. Petróleo supera 150 dólares. Recesión global.
Todos los elementos están presentes. Ningún actor tiene incentivo para negociar desde posición débil.
La realidad probable está en medio: guerra se arrastra meses sin victoria ni derrota clara. Bombardeos intermitentes, negociaciones estancadas. Irán mantiene control de Ormuz cobrando miles de millones anuales en “peajes de seguridad“.
Israel bombardea Irán y Líbano semanalmente. Irán ataca bases estadounidenses esporádicamente. Petróleo fluctúa entre 100-120 dólares. Economía global desacelera sin colapsar. Acuerdo final en junio-julio con concesiones mutuas insuficientes que garantizan nueva crisis en 3-5 años.
El problema de fondo no se resuelve: Medio Oriente es tablero de ajedrez entre potencias, vidas humanas son peones sacrificables. Estados Unidos justifica violencia con “seguridad nacional”. Israel con “amenaza existencial”.
Irán con “soberanía“. Todos mienten. Todos matan civiles. Nadie gana. Menos nosotros, y mientras tanto, la bandeja de 30 huevos sube de 9 a 15 soles.
