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CREO QUE | Adioses que nunca deben existir

CREO QUE | Adioses que nunca deben existir, artículo de opinión de Wilfredo Mendoza.
CREO QUE | Adioses que nunca deben existir, artículo de opinión de Wilfredo Mendoza.

Creo Que | Hubo un tiempo lejano, en que los adioses, hasta luego, o hasta siempre, me parecían perfectos. Es más, los celebraba, porque pensaba que a veces los amigos, los amores y otras personas, se tenían que alejar, los remordimientos, no aparecían, hasta más tarde, en mi vida.

El autor Wilfredo Mendoza reflexiona sobre el impacto emocional de las despedidas prolongadas, contrastando su antigua aceptación de los adioses con el dolor actual tras la partida de su hija. La narrativa detalla la incertidumbre de una promesa de retorno incumplida que se ha transformado en una persistente pesadilla personal y familiar. A través de referencias literarias y la introspección, el texto describe la lucha por mantener la esperanza y la fe frente a la soledad del recuerdo. El artículo concluye enfatizando el sufrimiento que genera la espera de un reencuentro que aún no se concreta.

  • Transformación de la visión del autor sobre los adioses, pasando de la celebración a la necesidad de erradicarlos del vocabulario familiar.
  • Relato de una experiencia personal marcada por la ausencia prolongada de una hija que prometió volver un lunes.
  • Mención a la obra Los adioses de Juan Carlos Onetti para abordar la ambigüedad de las despedidas y la enfermedad.
  • Descripción del conflicto interno entre la pérdida de la fe y el esfuerzo por aferrarse a la esperanza de un milagro.
  • Expresión del dolor profundo que produce la realidad cotidiana frente a recuerdos familiares difíciles de capturar.
Generado con IA a traves de OpenAI. Verifica los datos en el contenido original.
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Bien dicen, que la vida misma, se encarga de enseñarte, que todo bueno o malo, sucede por alguna razón. Tarde, muy tarde, lo estoy comprendiendo, cuando formé una familia. Con los hijos, uno se da cuenta que los adioses, los hasta siempre o hasta luego, no deben prolongarse, más allá de lo que la vida nos depare. Es más, debieran erradicarse del vocabulario familiar,

Hace algún tiempo, un día del cual no quiero acordarme, mi princesa, nos dijo , “vuelvo el lunes sin falta…” Y se fue, con la esperanza que con el pasar de los días, esas palabras se volvieran en realidad, pero hoy ha acabado por convertirse en pesadilla. Esa breve frase, es un imprevisto hasta pronto, que se sigue prolongando, quien sabe, ¿ hasta cuándo, Dios mío…?

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Es triste, muy triste, porque cuesta vivir cada día, asido a una esperanza, un pequeño milagro, un atisbo por más pequeño que sea , para pensar que esta pesadilla, es solo un nubarrón, que muy de cuando en cuando, asoma, y me obliga a repensar que cualquier forma de adiós, nunca es bienvenido.

CREO QUE | Adioses que nunca deben existir, artículo de opinión de Wilfredo Mendoza.
CREO QUE | Adioses que nunca deben existir, artículo de opinión de Wilfredo Mendoza.

Adioses: la esperanza frente al dolor

Juan Carlos Onetti, en su celebrada novela corta Los adioses (1954) reseña sobre la ambigüedad de la despedida, la enfermedad y la mirada ajena sobre la muerte. Hoy quiero creer en esa ambigüedad de esta cruel despedida, que pronto acabe.

Y celebrar que todo fue apenas un mal sueño, que se prolongó demasiado, como a veces es la vida de cruel.

En este alboroto emocional, uno revisa, los ayeres, como prolongarlos para no equivocarse, y vienen a mi mente, como algunos días, no fueron perfectos, y trato de borrar mis equivocaciones, mis gritos, mis deslices, pero trato de asir y recuperar esos momentos, y se me escurren, me escupen a la espantosa realidad, que por estos largos días, nos ha tocado vivir, y hace que los días, se acaben convirtiendo en una lenta agonía.

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Cuando las canas, cada día son más evidentes, me estrello con los recuerdos, los cuales son cada vez más difíciles de capturar, porque en estos días calurosos, ora nublados . ora lluviosos, cada vez resulta más complicado de acometer, son como esas cuestas más y más inalcanzables, siempre lejanas, siempre cercanas.

Como bien me señala una persona muy especial, el sol sale para todos, y aunque a veces la Fe me abandona, se escurre, trato de sujetarla a dentelladas, como si mi vida dependiera de eso, y es que en honor a la verdad, esos adioses que tanto celebraba , hoy me duelen, porque ese hasta luego, me devuelve a mi tristísima realidad, y solo acabo confiado a que mi sol salga un día muy pero muy cercano.

Nunca tan lejano. Nunca tan distante. Porque duele vivir, vaya que duele. Hasta la próxima.

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