Por: Carlos Rivera
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Alma Matinal… Mi estimado amigo el escritor Sarko Medina Hinojosa escribió en su muro de Facebook que el homenaje que realizamos a Mario Vargas Llosa hace unas semanas en este mismo patio, no fue para canonizarlo… Debo decirle, con todo el cariño del mundo, que no bailo con esa rumba. Paso a explicar mis razones, sin música desde luego, premunido de mi apasionado fervor a nuestro Nobel.
Alma Matinal: la consagración de los genios
Las dos millones de personas que siguieron el 1 de junio de 1885 el cortejo fúnebre de Víctor Hugo desde el Arco del triunfo hasta el Panteón de Paris tenían muy en claro la grandeza e inmortalidad alcanzada por el autor de “Los Miserables”.
Lo lloraron desde políticos, majestades, intelectuales, académicos, escritores, poetas, artistas. El pueblo tejió con sus cuerpos el sagrado hábito de su eternidad de artista supremo. Su resplandor era ineludible. Su literatura alcanzó alturas de humanidad creadora capaz de forjar mundos con solo la invocación de su mente y de su santificado puño.
Cuando llegó Rubén Darío a España en 1892 inmediatamente Marcelino Méndez Pelayo, Juan Valera, Azorín, entre otros escritores, celebraron su llegada y se rindieron ante la exuberancia tropical del poeta nicaragüense. Era demasiada luz la de este trotador de los ritmos o como diría Francisco Umbral de su genio: “Rubén edifica siglos, mundos, pasados, presentes, futuros”.
Antonio Machado, poeta melancólico, ante la muerte del Darío, el 6 de febrero del 2016, le dedicó estos versos:
“Pongamos, españoles, en un severo mármol,
su nombre, flauta y lira, y una inscripción no más:
nadie esta lira pulse, si no es el mismo Apolo,
nadie esta flauta suene, si no es el mismo Pan.”
Federico García Lorca dijo sin ningún tipo de disimulos estas palabras dedicadas al autor de Azul:
“Como poeta español enseñó en España a los viejos maestros y a los niños…”
Pero Rubén Darío también exuda su admiración casi como una devoción de fe y escribe acerca de Víctor Hugo:
“¡Sagrados huesos! Polvo del gigante caído…”

Mario Vargas Llosa y la incomodidad de la grandeza
Arturo Pérez Reverte y el desaparecido Javier Marías no dudaron ante la presencia de nuestro nobel en el 50 aniversario de Alfaguara (2014) colocarse como un pie de página el primero y el segundo como una nota de redacción. Y no me digan que estos grandiosos escritores de talla mundial eran tributarios de gritar zafarranchos ante cualquier tarima.
¿Por qué estos espíritus selectos no les tuerce la muñeca o se les atragantan las palabras en el corazón y no rehúyen ante la faz de una sorprendente genialidad ante sus ojos? Porque no les corroe la ridícula envidia ante gigantes de su estirpe.
Nuestros paisanos cultos, leídos, otros con relativa formación o con un mínimo de razonamiento desde los grados académicos y analistas de las cosas importantes de la vida no pueden ver en Mario su grandeza literaria y la palabra en todo su esplendor.
Lo quieren a medias, con cuidadito, de costadito, con dudas, con cierta moralina. Otros caen en el arrebato cacaseno de decir que Mario se compró todos los premios como quien va al mercado de pulgas.
Muchos escritores peruanos y locales dicen: “Mario es un buen escritor, pero se equivoca en sus artículos políticos. No debería opinar de política”. Y entonces ¿por qué muchos escritores sí pueden escribir de política?
En las antípodas de mis ideas menciono, casi como un mantra, el gran gusto de cualquier artículo político de César Lévano o del poeta Juan Gelman, quienes rendían tributo a la palabra desde sus columnas.
A otro reconocido poeta no le cae bien la mitificación y la hagiografía provocadas por el activismo y los apasionados halagos hacia la imagen de Mario. Me pregunto, ¿cuáles?, ¿quiénes? Que me compartan los nombres de esos apasionados locos y yo los busco y los convoco a unirse a mi feligresía vargasllosiana.
Entonces, como la nobleza obliga, contra los formalismos de la gente seria que detestan las pasiones literarias y la santidad de los hombres extraordinarios, paso a canonizar a nuestro Nobel con palabras de Víctor Hugo sobre los genios:
“Tienen en la pupila alguna visión formidable…”
Mario Vargas Llosa, santificado seas, por los siglos de los siglos. Amén.
*Discurso leído el 15 de diciembre en la presentación del libro “Mario Vargas Llosa y los hijos de la tierra”. Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa (Arequipa).
