Por: Carlos Rivera
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Alma Matinal.. ECCE HOMO… Carlos Rivera nació en un hogar humilde. Dotado desde muy niño de increíbles capacidades para memorizar canciones y luego cantarlas horriblemente en casa e intentar hacerlo en las ceremonias de su escuelita. Su tutora, de muy buen gusto musical, se encargó de impedir ese crimen y el “fracaso” lo condujo al fabulador que ahora triunfa en el mundo y, casi casi, es el próximo Premio Nobel de Literatura después del buen Mario.
No es un escritor serio ni solemne. Es irónico, ególatra y humorista. No cree que el escritor debe ser la conciencia moral del mundo. Debe ser libre como le dé sus reverendas ganas y su único compromiso es ante su palabra. Peor aún si escribe vomitando o versea como haciendo mugrosas fritangas.
No cree en la confraternidad de los escritores y poetas con los cuales a veces se toma sus tragos y les miente de la calidad de sus versos o se maravilla de alguna prosa a la que exalta como si fuera una revelación del universo. Sabe de su diabólica hipocresía y el verdadero imperativo deseo de cada literato: que solo sean ellos los leídos.
Pero en público invocan una falsa modestia de recomendar obras que desde luego no han leído ni pretender leer jamás o a la que envidian. Además, los detesta porque leen poco, pero pontifican como eruditos de la cultura. No cree en los sindicatos de escritores ni alguna forma de corporativismo artístico que manche su impoluta singularidad de escritor callejero.
ALMA MATINAL: MÚSICA, LECTURAS Y OBSESIONES
En su niñez fue nuevaolero, luego criollo; por un buen tiempo pasó al bolero cantinero. Fue tentado por el sabroso Merengue house de Lisa M pero ipso facto abrazó los matices metaleros y chicheros sazonados con ópera y música clásica. Por estos años anda poseído por el jazz de Chic Korea y Michel Camilo. De vez en cuando sucumbe a Chacalón o recae en el frenetismo de Elton John.

No lee en una cómoda mesa de estudio (listo para la foto inmortal) lo hace en la combi, en los viajes interprovinciales, tirado en algún parque, en su cama y con los libros abandonados al caos.
Sus primeras lecturas las hizo tirado en una mecedora ante la imposibilidad de mover los pies y debajo de la cama con miedo o ante el caliente piso del patio de su casa. ¿Cómo pedirle que lea como el señorito de un internado inglés o como exige, madame Frieda Holler?.
Es un fracasado en el amor, pero exitoso en saberse todos los capítulos de El Chavo del 8 y el Chapulín Colorado. Es un especialista calificado en Sherlock Holmes, Perry Mason, El caballero de la noche dirigida por Nolan y protagonizadas por Christian Bale y Heath Ledger y telenovelas mexicanas y del legado de Pedro Infante. Fanático de las series peruanas Mil oficios, Así es la vida y Al fondo hay sitio.
Fue religioso con misión de santidad, izquierdista radical, animalista, admirador de la URSS, vegano por seis meses por una chica. Fan de Menudo en los años 80. Nuevamente fan de Menudo (que cambió a MDO) en los 90 ya con 16 años solo porque sacaron una canción en inglés.
Las cuatro mejores canciones de su vida son «Shine On You Crazy Diamond» de Pink Floyd, «A Whiter Shade of Pale» de Procol Harum (Gracias a ver a Nik Nolte haciendo de un muralista obsesionado con Rossanna Arquette en el corto Life Lessons de Scorsese) y «Auntun Leaves» en cualquier versión.
Y en estos tiempos brinda extraños saludos con la mano derecha al cielo balbuceando algo en alemán.
ALMA MATINAL. MANÍAS, CINE Y VANIDAD
Es un defensor dogmático de los Cómicos ambulantes. No es color puerta (como le gusta identificarse a los chicos de San Marcos intentando un humor de clase que amortigüe sus complejos y resentimientos) es color canela con un toque ahumado, pero sus opositores políticos de izquierda, humanistas e igualitarios, le dicen cholo de mierda y que no puede tener pretensiones de clase ni ser cosmopolita y él se ríe mientras acomoda con pana su radiante polo naranja.
Sus pocas parejas que tuvo lo olvidaron con facilidad, él no pudo y por eso las retrata en sus cuentos en un intento de burda venganza.
Ama al fútbol y no sabe jugar. Ama la natación y la Formula 1 y no sabe nadar ni conducir. Teoriza del baile y sobre el movimiento del cuerpo desde claves psicoanalíticas y antropológicas, pero no sabe llevar el ritmo o dar un paso con caridad de sentido. Sospechan que es gay porque desde niño le gustaba la ropa de mujer y adora a Rafaella Carrá, Federico García Lorca y a Pedro Lemebel.
Admira como deidades supremas a Borges, Rimbaud, Messi y el Sir. Isaac Newton y es guardián secular de Mario Vargas Llosa y de la “iglesia” que piensa edificar en su nombre.
Su héroe cultural es George Steiner. Admira a José Carlos Mariátegui no por comunista sino por su inteligencia y estilo. Postula que Valdelomar es el único genio de la literatura peruana. Quiere tanto a Wilde, Octavio Paz, Monsivais, David Foster Wallace, Miguel Gutiérrez, Leila Guerriero, Alma Guillermoprieto, Beatriz Sarlo y a Blanca Varela.
Tiene un cariño, casi familiar, con Teresa Wilms Montt por su ternura mortuoria elevada a poesía. Adora las crónicas de Beto Ortiz y Javier Ponce por maricas irreverentes y sin culpas. Sigue desde muy niño la trayectoria de conocimiento del superdotado español Carlos Blanco.
Se divierte con el lenguaje de Umbral, la potencia narrativa de Carlos Ruiz Zafón, Arturo Pérez-Reverte, los poemas de Antonio Machado y venera los ensayos de José Ortega y Gasset como los del filósofo norteamericano Emerson. Extraña a Javier Marías y la luz de su prosa sabia y matutina.
Quiere a Jaime Bayly a pesar de sus apetencias izquierdistas de estos últimos años. No ha leído nada igual a la pluma de Federico More. Quizás roces de estética e inusitada prosa en Víctor Hurtado o Jaime Bedoya.
Es un arequipeño que no se convence de la genialidad poética de Mariano Melgar y tampoco es hincha del FBC Melgar, al cual no considera el equipo con más arraigo de Arequipa y cree que el FBC Piérola tiene un sentimiento y tradición superiores al equipo dominó.
Además, no es hincha de ningún club peruano, de la selección nacional, sí. Cuando escucha “Mi canto a Arequipa” de Ballón Farfán se convierte en un montonero regionalista capaz de tumbarse cualquier gobierno. De un descubrimiento que se enorgullece es de John Ford, el padre de todo el cine.
Se maravilla con las cintas de Woody Allen, Pedro Almodóvar, Scorsese, Tarantino, Bertolucci, Sergio Leone, Hitchcock. Dice que no hay actriz más bella que Ava Gardner. Y nada supera Cine o sardina de Guillermo Cabrera Infante.
Fue tentado varias veces por las drogas, pero lo bueno que regresó limpio de ellas o con ellas.
Es un bebedor simple y rústico. Los licores finos le caen mal. Contra todo el gusto de sus camaradas culturosos del entorno arequipeño que dicen no ver nada de televisión nacional, él sí consume producto peruano.
Los poetas arequipeños que admira, tanto como las historias de amor o el adobo, son Oswaldo Chanove y Luzgardo Medina Egoavil. Detesta las películas peruanas con pretensiones de ser tratados de moral y memoria social. Por eso Lombardi es un gran cineasta.
A los 22 años puso en una fogata todos sus trofeos alcanzados como entrenador de un equipo de menores de fútbol. Acto que viene repitiendo cada vez que le obsequian un certificado.
El escritor debe ser un hijo de puta por encima de todo.
Cuando quiso ser congresista fue contraportada de un diario local como “El candidato sin estudios”. Es un escritor cultivado, educado en bibliotecas públicas y libros de su casa.
El máximo sueño que aspira cumplir luego de conquistar la gloria literaria es montar un musical de amor imposible. Vive enamorado de varias mujeres que no sospechan de su existencia. Detesta la humildad y hace suya la frase de Hemingway.
Y espera no solo ser un hijo de puta, desde luego.
Fausto Fuentes
