Por: Fabrizio Arrisueño Gatica
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A Tinta Fría... Israel y palestina. Debo declararme fiel seguidor de la oración compuesta “no lo sé”. Me encanta decirlo, pues debo afirmar que, en este mundo circundante, no existe sentencia más sabia que esa. Hace poco, mi padre me preguntó qué sabía en relación con el conflicto palestino-israelí y, por supuesto, respondí cómodamente con un breve “no lo sé”.
Sin embargo, con la mirada penetrante de haberme concedido un lugar dentro de la categoría de los más ignorantes, supe que debía investigar.
Inmediatamente recurrí a la librería más cercana y compré un libro: Para entender el conflicto palestino-israelí, de Farid Kahhat y Rodolfo Sánchez-Aizcorbe. Debo admitir que tuve un poco de temor; sentí que sería un libro más de historia, pero, en realidad, fue todo lo contrario.
No eran dos sujetos enajenados al mercantilismo quienes contaban una realidad, sino dos seres interesados en la dialéctica de los pueblos. Desde que comencé a leerlo, entendí, como mencionaba Emil Cioran, que no se trataría de un tema fácil de abordar ni mucho menos de solucionar.
Las grandes hegemonías, encargadas por un rol natural de salvaguardar el desorden mundial, han decidido tornarse fantasmagóricas ante este conflicto, permitiendo que dos culturas vapuleen sistemáticamente su propia dignidad.
Pero, como en todo relato que hace referencia a las naciones, siempre hay alguien más fuerte, e Israel lo ha demostrado desde su sedimentación en Oriente Medio, luego de que la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas declarara, a través de la Resolución N.º 181 del 29 de noviembre de 1947, la partición de Palestina en tres: un Estado árabe, un Estado judío y una zona bajo control internacional.
Posteriormente, Eretz Israel (Tierra de Israel) proclamó su independencia el 14 de mayo de 1948 mediante un control sionista desmesurado, maximalista e individualista.

Israel y Palestina: territorio, poder y una pregunta que aún no tiene respuesta
De esta manera, con una muñeca política y recursos superiores, el actual Estado de Israel pudo desplazar a grandes masas árabes fuera del territorio adjudicado por la ONU, siendo los porcentajes tan solo una figura diplomática.
A la luz de ello, cualquiera puede elucubrar, pasados los minutos de lectura, que, precisamente, nos encontramos ante un David y un Goliat, dejando la definición a criterio suyo sobre quién sostiene la honda y, asimismo, la ponderación sobre la determinación de la posesión del territorio que actualmente ocupa Israel y tantos problemas ha traído, considerando lo reciente respecto al ataque de Hamás en el año 2023.
Tantas treguas se han pretendido, pero al final, la gran pregunta es: ¿quién tiene la razón? ¿Israel? ¿Palestina? Volvamos a la objetividad de los hechos y no a la neutralidad. Los invito a tomar una postura antes de que la historia nos condene.
