Por: Fabrizio Arrisueño Gatica
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A Tinta Fría…Bajo la sombra de un éxodo. Al igual que la luz, la noche y las estrellas, el derecho debería significar un elemento sine qua non el ser humano pudiera vivir, puesto que, desde que despertamos hasta que nos vamos a dormir, celebramos actos jurídicos.
Sin embargo, muchos, por desconocimiento o por omisión, prefieren dotar de relevancia a otros aspectos que, si bien son fundamentales, no son equiparables con la vitalidad de esta herramienta: útil para algunos, perniciosa para otros.
En consideración, esta breve columna versará sobre una rama del derecho poco conocida y que Martín Gallardo Garrath abarca de forma entendible e idónea, teniendo en cuenta las relaciones multilaterales, la polarización y los tratados que celebra un mundo tan áspero y competitivo como el actual.
Pero, sobre todo, subsumiré esta narrativa en una problemática que viene afectando a los países sudamericanos: la indefensión de los ciudadanos venezolanos ante la falta de protección consular.
Un éxodo sin respaldo: fracaso consular venezolano y ola migratoria en Sudamérica
¿Cómo resulta posible que, en pleno siglo XXI, estemos ante la sombra de un éxodo? Ayer, todo ello quedó evidenciado. La frontera peruana y chilena despertaron de un largo sueño, afrontando la ola migratoria que afecta a Sudamérica en relación al pueblo venezolano.
Empero, más allá de esta casuística migratoria, ha quedado demostrado que Venezuela fracasó política, jurídica y administrativamente; es decir, fracasó consularmente.

De esta manera, definitivamente, más allá de toda opinión o ideología, en la práctica logra consolidarse una idea: el régimen de Nicolás Maduro ha vulnerado todo principio sedimentado en el ABC del Derecho Consular.
A la luz de ello, desde el cierre de la embajada venezolana el año pasado, durante el proceso electoral, la falta transparencia y el exilio son el pan de cada día para estos pobres ciudadanos.
Como se logra desprender de Vilariño, la función de los consulados es asistencial y protectora respecto de los nacionales en el extranjero y, para esta caricaturesca dictadura, toda responsabilidad quedó relegada.
Claro, este chavismo disfrazado sabe qué no le conviene: mejor fuera que dentro. No obstante, aunque los ciudadanos venezolanos tengan a Venezuela como un espejismo y nosotros como una distopía, queda preguntarnos: ¿no es el derecho consular una viva imagen de la realidad nacional?
