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A TINTA FRÍA… Crónica de una muerte anunciada

A TINTA FRÍA… Crónica de una muerte anunciada, artículo de opinión de Fabrizio Arrisueño Gatica
A TINTA FRÍA… Crónica de una muerte anunciada, artículo de opinión de Fabrizio Arrisueño Gatica

Por: Fabrizio Arrisueño Gatica

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A Tinta Fría…Vivimos, últimamente, en un Macondo truculento, lleno de vaivenes y, sobre todo, de pesadillas cíclicas, donde pareciera que el denominador común de la historia peruana es la desgracia. Hace poco, durante las protestas efectuadas por el descontento social relacionado estrictamente con la volatilidad política del país, tuvimos la lamentable pérdida de un compatriota: Eduardo Ruíz.

Este fatídico y triste suceso enmarcó las primicias periodísticas y dejó en vilo el panorama de la Nación. Pero, realzó una pregunta con sabor a sentencia: ¿Eduardo Ruíz al despertar lo hizo como Santiago Nasar? ¿Todo un país sabía que alguien moriría esa noche durante las protestas excepto él? Esa mañana, Lima despertó con olor a muerte.

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Y sí… no es la primera vez que Lima despierta con ese olor. Recordemos a Inti Sotelo y Bryan Pintado, conciudadanos que perdieron la vida durante la noche del 14 de noviembre de 2020, en el marco de las protestas efectuadas como reacción a la vacancia presidencial de Martín Vizcarra; o, por ejemplo, las muertes acontecidas durante el mandato de la expresidenta Dina Boluarte.

A TINTA FRÍA… Crónica de una muerte anunciada, artículo de opinión de Fabrizio Arrisueño Gatica
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A Tinta Fría: Ecos de tragedias repetidas

En definitiva, nuestro país contiene grandes paralelismos que únicamente podemos visualizar en la gran dialéctica de la vida; valga decir, grandes sueños o terroríficas distopías. Como peruanos, debemos tener miedo de nosotros mismos, pues somos creadores de mundos reflectantes.

Sin embargo, más allá de un parangón novelístico, esta columna debe contener un clamor urgente, un llamado dirigido hacia las autoridades en son de protesta. Las muertes nunca podrán ser tan solo una estadística y, si lo fueran, el anacronismo nos habría consumido: regresaríamos a los gobiernos mefistofélicos, sanguinarios y draconianos que, en algún momento pírrico de la historia, nos hundieron en el oscuro abismo de la miseria.

El tiempo será juez y verdugo; solo él sabrá condenar a quienes escriben el destino de una patria con la misma tinta. Mientras tanto, los peruanos seguiremos despertando bajo el mismo cielo gris que toda una capital engloba, teniendo el mismo sueño, donde atravesamos un bosque de higuerones y donde, de repente, como si se tratara de un lunes ingrato, un buque llamara al sueño y todo pareciera la crónica de una muerte anunciada.

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