Por: Milagros Corrales
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La rabia sigue siendo una enfermedad presente en el Perú, pese a los esfuerzos por erradicarla. Así lo advirtió el médico epidemiólogo Sergio Recuenco Cabrera, quien alertó que si las autoridades de salud no refuerzan las campañas de vacunación, “la rabia podría regresar con fuerza, porque nunca desapareció del todo”. El especialista recordó que en Arequipa, en 2014, la enfermedad reapareció tras años de control, y desde entonces se mantiene activa.
De acuerdo con el Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades del Minsa, hasta octubre de 2025 se han registrado 62 casos de rabia silvestre en regiones como Amazonas, Ayacucho, Loreto y Ucayali, además de dos casos de rabia canina en Arequipa. Aunque este año no se han confirmado contagios humanos, el riesgo de transmisión continúa.
Fallas estructurales y vacunación insuficiente
Recuenco explicó que los problemas para controlar la enfermedad se deben a “fallas estructurales” del sistema sanitario, especialmente en zonas rurales y comunidades amazónicas. Desde 2011, las jornadas de vacunación masiva enfrentan dificultades logísticas para llegar a las poblaciones más alejadas.

“El mayor impacto en salud pública lo genera la cantidad de mordeduras de animales potencialmente infectados”, señaló el experto, quien precisó que no solo los perros transmiten el virus, sino también murciélagos hematófagos, conocidos como vampiros, que atacan a humanos y animales en la Amazonía.
Una enfermedad sin cura y con altos riesgos
La rabia humana no tiene tratamiento una vez que aparecen los síntomas. “Después de la mordedura, es fundamental aplicar la profilaxis antirrábica. Si el virus avanza, ya no hay forma de detenerlo”, recalcó Recuenco, quien participa en la organización internacional Rabia en las Américas (RITA).
El especialista explicó que los animales portadores —denominados reservorios— como los perros y murciélagos, propagan el virus a otros animales domésticos, que luego pueden contagiar a las personas. Recordó el caso ocurrido en 2024, cuando dos niñas en Condorcanqui murieron tras ser mordidas por su gato, infectado previamente por un murciélago.
Carencia de datos y peligro de expansión
Uno de los principales problemas, según Recuenco, es la falta de un registro nacional de mascotas y animales callejeros, lo que impide planificar adecuadamente las campañas. “Si no sabemos cuántos perros hay, no podemos calcular cuántas vacunas se necesitan”, enfatizó.
Además, propuso que el Minsa incluya a rescatistas y veterinarios en campañas de vacunación preventiva, debido a su contacto frecuente con animales potencialmente infectados. “Estas personas cumplen una función clave y deben recibir vacunación preexposición por riesgo ocupacional”, sostuvo.

Finalmente, el especialista hizo un llamado al Estado para mantener los niveles de prevención y asegurar la cobertura de vacunación canina, sobre todo en las zonas amazónicas y andinas, donde los casos de mordeduras siguen en aumento. “La rabia no se ha ido, solo está contenida. Si bajamos la guardia, puede regresar en cualquier momento”, advirtió.
