¿Y Ahora Qué?| Cuando la ciudad debía celebrar sus 486 años, los arequipeños terminaron pagando las consecuencias de una disputa entre la Municipalidad y los transportistas. Treinta céntimos se convirtieron en el detonante de un conflicto que dejó a miles de ciudadanos varados, calles bloqueadas y una imagen poco digna para una ciudad que se aprestaba a celebrar su aniversario.
La ciudad de Arequipa enfrentó una paralización del transporte público durante las celebraciones por su 486 aniversario debido a una disputa tarifaria entre la Municipalidad Provincial y las empresas concesionarias. La gestión de la alcaldesa Ruccy Oscco dispuso el retorno del pasaje de S/1.30 a S/1.00, medida que fue rechazada por los transportistas bajo el argumento de inviabilidad económica por el costo de insumos. El conflicto generó bloqueos de vías y dejó a miles de ciudadanos varados, quienes recurrieron a transportes informales con tarifas de hasta S/3.00 para llegar a sus destinos. Esta crisis evidencia las dificultades actuales para establecer una tarifa técnica sostenible y un sistema de transporte eficiente en la región sur del país.
- La Municipalidad Provincial ordenó que seis concesionarias del Sistema Integrado de Transporte reduzcan la tarifa del pasaje de S/1.30 a S/1.00.
- Los transportistas rechazan la medida argumentando que el incremento en costos de operación y combustible hace inviable la tarifa de un sol.
- La paralización provocó bloqueos de vías y falta de buses, obligando a los usuarios a utilizar transportes informales con costos elevados de hasta S/3.00.
- Estudios técnicos previos al conflicto estimaban que la tarifa real de operación del sistema debería situarse entre los S/1.33 y S/1.79.
Arequipa está de fiesta, pero no todos tienen motivos para celebrar. Mientras las autoridades preparaban ceremonias, actividades culturales, desfiles y celebraciones por los 486 años de fundación española de la ciudad, miles de arequipeños se encontraron con una realidad muy distinta:
Calles bloqueadas, buses paralizados, largas esperas y enormes dificultades para llegar a sus centros de trabajo, colegios, universidades y actividades programadas por el aniversario.
El origen del conflicto parece pequeño: treinta céntimos. Pero detrás de ese monto existe un problema mucho más grande y antiguo: la incapacidad de Arequipa para resolver de una vez por todas su transporte público.
¿Y Ahora Qué?:Treinta céntimos y una ciudad paralizada
La Municipalidad Provincial, bajo la gestión de la alcaldesa Ruccy Oscco, decidió que seis concesionarias del Sistema Integrado de Transporte debían retornar de una tarifa de S/1.30 a S/1.00.
La comuna sostiene que el acuerdo que permitió el incremento tenía condiciones que las empresas no cumplieron y que, por tanto, correspondía regresar a la tarifa anterior.
Los transportistas, por su parte, rechazan la decisión. Sostienen que cobrar un sol resulta económicamente inviable debido al incremento de los costos de operación, especialmente del combustible.
Incluso han cuestionado que la Municipalidad pretenda modificar la tarifa sin un nuevo estudio técnico que determine cuánto cuesta realmente prestar el servicio.
Y mientras ambas partes discuten, los usuarios son los que pagan las consecuencias. Miles de personas varadas en diferentes sectores de la ciudad, bloqueos de vías y ausencia de servicio público.
Algunos ciudadanos tuvieron que recurrir a taxis, minivanes y otros vehículos para llegar a sus destinos pagando, incluso sobre tarifas. En algunos casos, incluso se reportó el traslado de pasajeros en vehículos de carga, con cobros que llegaron hasta S/3.00 y con evidente riesgo para la seguridad de las personas.
Es decir, la rebaja de treinta céntimos terminó costándole mucho más al ciudadano. Y eso sin contar el tiempo perdido, las horas de espera, la incertidumbre y el riesgo de quedar atrapado en medio de una protesta.
¿De qué sirve entonces defender un pasaje de un sol si no existen buses suficientes para transportar a la población?
Una ciudad que quiere proyectarse como destino turístico, ciudad moderna y polo de desarrollo económico no puede recibir a sus visitantes mostrando calles bloqueadas, transporte paralizado y ciudadanos buscando desesperadamente cómo movilizarse.
Y la responsabilidad no es solamente de los transportistas. Los empresarios y conductores tienen derecho a reclamar por sus costos y defender la sostenibilidad de sus negocios. Pero también tienen una responsabilidad frente a miles de personas que dependen diariamente del transporte público.
Paralizar una ciudad, bloquear vías o dejar sin servicio a la población tampoco puede convertirse en el mecanismo habitual para resolver una controversia contractual.
Sin embargo, la Municipalidad tampoco puede actuar a punta de anuncios y decisiones políticas.
Si realmente considera que el pasaje debe un sol, debe demostrarlo con números. ¿Cuánto cuesta operar una unidad? ¿Cuánto representa el combustible? ¿Cuánto cuesta el mantenimiento? ¿Cuánto cuestan los seguros, salarios, renovación de flota y demás obligaciones? ¿Cuál es la tarifa técnica real?
¿Un sol o una tarifa técnicamente sostenible?
Lo curioso es que documentos técnicos sobre el SIT citados antes del conflicto ya advertían que el costo real de operación podía superar el sol.
Un análisis publicado en mayo estimaba una tarifa técnica de entre S/1.33 y S/1.79, dependiendo del escenario, y señalaba que la tarifa al usuario requeriría mecanismos adicionales para garantizar la sostenibilidad del sistema.
Entonces, si existen estudios que hablan de costos superiores a un sol, ¿con qué sustento se pretende imponer una tarifa de un sol?
Lo que no podemos seguir haciendo es administrar el transporte de Arequipa con decisiones coyunturales. Hoy se sube el pasaje. Mañana se baja. Después se amenaza con paralizar.
La Municipalidad amenaza con resolver contratos. Los transportistas responden con más protestas. Y mientras tanto, el usuario queda atrapado en medio.
El verdadero problema es que después de tantos años Arequipa todavía no tiene un sistema de transporte público que funcione de manera eficiente, previsible y sostenible.
El aniversario debería haber sido una oportunidad para mostrar una ciudad moderna, ordenada y orgullosa de su futuro. En cambio, la disputa por el pasaje terminó convirtiéndose en uno de los protagonistas de las celebraciones.
