La crítica falta de agua potable en Huancané se convirtió en un factor decisivo que complicó aún más el incendio ocurrido en un karaoke informal, donde diez jóvenes perdieron la vida el jueves 4 de diciembre. De acuerdo con pobladores y familiares, la ciudad acumulaba ya quince días de desabastecimiento, situación que dejó a los vecinos sin herramientas para enfrentar las llamas mientras los muchachos permanecían atrapados en el segundo piso del local clandestino.
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Una residente del jirón Lima narró que, ante la emergencia, solo podían intentar sofocar el fuego como podían. Ella contó en tercera persona que los vecinos “apagaron con lo que tenían, con baldes”, y también mantuvo una de sus frases: «Hace 15 días nos cortaron el agua, no teníamos nada», expresó entre lágrimas, lamentando no haber podido ayudar a tiempo.
Demora en la llegada de agua y falta de rutas de escape
La falta de presión en la red obligó a los vecinos a exigir apoyo inmediato a la empresa de agua potable, que terminó enviando una cisterna desde otro sector. Ese retraso fue determinante para los ocho estudiantes del instituto pedagógico y dos acompañantes que quedaron atrapados en el interior, pues las puertas y ventanas del segundo nivel estaban selladas, sin rutas de evacuación.

Durante la manifestación frente a la municipalidad provincial, el director del instituto público criticó la absurda situación que vive la ciudad. En su intervención recordó que «solamente tenemos una hora de agua al día, estando a un kilómetro del lago Titicaca», un reclamo que hizo en presencia de autoridades que no emitieron respuesta.
Reclamos por abandono y falta de soluciones permanentes
Los vecinos denunciaron que el problema de abastecimiento es recurrente y que el municipio ha ignorado reclamos previos, pese a que —según señalaron— existen manantiales que podrían ser aprovechados para dotar de agua a la población. Una ciudadana explicó la falta de atención en las oficinas del servicio: cuando la gente acude a reclamar, “nunca está el encargado”, y recordó que el suministro llega “una vez al día, por una hora nada más”.
Frente al dolor, los familiares apuntaron directamente a las autoridades locales, a quienes responsabilizan por no garantizar servicios básicos que pudieron marcar la diferencia durante el incendio. Una madre, indignada, mantuvo su frase intacta: «No puede ser que estemos al lado del lago más grande y no tengamos agua, mientras nuestros hijos morían y los vecinos no podían hacer nada».
