El Pirata | Hablemos de Películas, Backrooms ofrece un terror psicológico complejo y arriesgado, basado en la serie web disponible en YouTube e inspirada en el creepypasta (historias compartidas en foros, blogs o YouTube) del mismo nombre.
La película Backrooms, inspirada en una serie de YouTube y un creepypasta, presenta una historia de terror psicológico sobre un dueño de una mueblería que descubre un espacio sobrenatural en su sótano. El filme destaca por un diseño de producción con geometrías desafiantes y una atmósfera de misterio que utiliza pasadizos vacíos y estética tipo VHS. Los protagonistas, interpretados por Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve, atraviesan un laberinto físico que funciona como una metáfora de sus conflictos personales y traumas pasados. La narrativa busca involucrar al espectador mediante pistas que generan diversas interpretaciones sin recurrir al horror convencional.
- La trama se centra en un dueño de mueblería con problemas de alcoholismo y su terapeuta dentro de un espacio sobrenatural.
- El diseño de producción utiliza geometrías no convencionales y pasadizos amarillos para generar una atmósfera de incertidumbre.
- Las interpretaciones de Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve sostienen la intensidad emocional de la película.
- La obra evita el horror convencional para ofrecer una experiencia interactiva basada en pistas y teorías.
El dueño de una mueblería se sumerge en un espacio sobrenatural que aparece en el sótano de su negocio. De la mano de este personaje se va construyendo el misterio sobre esta extraña historia; con él, el espectador va uniendo las pistas de este espacio secreto.
La cámara se mantiene estable para observar los pasadizos vacíos iluminados con un amarillo cálido, caracterizados, además, por la presencia de puertas, sillas y sillones amontonados, así como por espacios triangulares e inclinados con profundas pendientes. Entonces, a priori, tenemos un diseño con una geometría sorprendente y desafiante para el personaje.
Luego, la cámara se mueve a un ritmo frenético para describir el miedo y la tensión del protagonista, para después proyectar imágenes tipo VHS a fin de profundizar más en este lugar semejante a un laberinto que, poco a poco, irá mostrando a sus habitantes.
¿Una metáfora de nuestras complejidades mentales?
Backrooms pudo haberse enfocado únicamente en una historia de complejidades y extrañezas, pero aporta una profundidad en sus personajes que convierte este laberinto físico en una metáfora sobre nuestras complejidades mentales.
Este dueño de la tienda tiene un problema puntual: el alcoholismo derivado de la ruptura de su matrimonio y la posterior expulsión de su casa. Por ello, la sede de su negocio no solo es su centro de trabajo, sino también su vivienda eventual.

Para superar este mal momento, cuenta con el apoyo de una terapeuta quien también tiene sus propios problemas. Gracias a sus recuerdos, notamos que fue desalojada de su casa junto a su madre, a quien parece haberle afectado profundamente este evento; como recuerdo de ese episodio, guarda la huella de la mano de su mamá plasmada en una placa de cemento.
En ese sentido, cuando ambos se adentran en este laberinto, afloran dichos recuerdos. Queda claro que él no quiere superarlos, mientras que ella se arriesga y rompe con su pasado en una escena clave donde enfrenta a una imitación de su paciente.
Un laberinto visual y actuaciones que sostienen la tensión
Esta podría ser una interpretación válida de la película o no, ya que este tipo de producciones genera muchas teorías en los espectadores. Hay pistas y pocas explicaciones; deja las respuestas en manos de la audiencia y esto hace que la experiencia sea interactiva. De esta manera, mantiene atento al cinéfilo.
Aquí no hay violencia ni horror convencional, sino sorpresa y muchas preguntas anidando en nuestras cabezas gracias a la buena construcción de una atmósfera de misterio, muy similar a esos mitos urbanos populares que generan interrogantes y múltiples respuestas.
Pero esta fascinante historia va acompañada de un buen diseño de producción que desafía los espacios físicos para transmitir miedo e incertidumbre a través de estas estructuras nada convencionales.
A ello hay que sumar las buenas interpretaciones de los protagonistas a cargo de los actores Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve, quienes ofrecen intensidad en sus actuaciones. Reinsve transmite mucho con su rostro, su mirada y su cabello desaliñado, mientras que la mirada de Ejiofor refleja resignación, complementada por la fuerza de su voz.
Backrooms no propone una complejidad densa en su narrativa, sino una dificultad que no excluye al espectador, sino que lo involucra en la experiencia. No lo subestima; al contrario, suelta pistas para que saque sus propias conclusiones.
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