Por Wilfredo Mendoza Rosado
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Creo Que… Cuántas veces hemos vuelto, sobre los pasos andados. Cuántas veces hemos tratado de borrar el pasado. Cuántas hemos querido hurgar, para buscar por algún medio, hacer o deshacer, lo que en su momento, no lo hicimos. Así de simple.
El escritor Juan Gabriel Vásquez sostiene que contar la historia desde las voces de los ciudadanos es la única posibilidad para comprender nuestro pasado. Señala con marcado acierto, que este solo existe, cuando lo contamos o escribimos algo sobre esto o aquello.
Volviendo al redil, qué satisfactorio sería, volver a los recuerdos y enmendar las malas acciones, pero eso resulta imposible, porque necesitamos del pasado para seguir en el presente. Buenos o malos, los recuerdos son las anclas que nos sostienen, en medio del maremágnum que vivimos a diario.
Creo que: El pasado, un fantasma inquieto
“Las historias de los otros son territorio inviolable, o así me ha parecido siempre, porque muy a menudo hay en ellas algo que define o informa una vida, y robarlas para escribirlas es mucho peor que revelar el secreto”, nos advierte JGV.

Muchas veces, he caído en la tentación de revelar un secreto. Mejor me quedo en la simple tentación, porque el ayer es un fantasma inquieto. Y mejor dejar, las cosas como sucedieron, no como hubiéramos querido que sucedan.
De amores o desamores, mejor es dejar correr el agua que no has de beber, como le digo a una persona entrañable. Más de una vez, ha surgido la tentación de enmendar el pasado, pero luego advierto, qué sucedería, si lo bueno, aunque poco, se desarregla y hacemos daño a alguien o algunas personas. Y vale para todo, en el amplio sentido de nuestra corta existencia.
De mi pasado, pude optar por el Derecho, pero me quedé con el Periodismo y la docencia universitaria, que me han hecho feliz, máxime en el mundo tan cruel que nos toca vivir. Allí, mejor dejo el pasado tal como está.
Y usted, amable lector/a, no se devane los sesos sobre aquello que hizo mal, y ahora quiere enmendar. No olvide que el pasado sigue siendo un fantasma inquieto, que puede arruinar lo bueno que hizo, sin borrar nada de lo malo. Al fin y al cabo, somos apenas el resultado de sumas y restas.
Y es ahí, justo en ese momento, cuando te das cuenta de que las cosas solo ocurren una vez, y que por mucho que te esfuerces, ya nunca volverás a sentir lo mismo. Por eso es bueno guardar las memorias —buenas y de las otras— que ya comienzan a asaltarme.
Además, siempre hay resentimientos y las palabras que se dicen o se dicen a destiempo, es mejor dejarlas en el aire, que vuelen y vuelen hasta el final del final.
Hasta la próxima.
