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CREO QUE… No me esperen en marzo

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Creo Que | En mis búsquedas librescas, cuando visitaba esporádicamente (es un decir, porque veía libros que sabía que no iba a comprar, dado mi exiguo presupuesto) la librería Aquelarre de los hermanos Ramírez. Me recomendaron “Un mundo para Julius” de Alfredo Bryce Echenique, lo compré a plazos. Lo pagué muy tarde. Lo leí con fervor casi adolescente, y nunca más volví a ser el mismo.

El fallecimiento del reconocido escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, a los 87 años, marca el fin de una era para la literatura nacional contemporánea. El autor de obras emblemáticas como Un mundo para Julius destacó por un estilo narrativo basado en la oralidad, el humor y una profunda sensibilidad sobre la fragilidad humana. Su partida lo sitúa junto a figuras de la talla de Julio Ramón Ribeyro y Mario Vargas Llosa en el legado cultural del país. A través de sus textos, Bryce exploró la identidad peruana mediante la amistad, el amor y la ternura como ejes centrales. Su obra permanece como un referente indispensable para comprender las complejidades de la sociedad peruana bajo una mirada íntima.

  • Fallecimiento del destacado literato Alfredo Bryce Echenique a la edad de 87 años.
  • Reconocimiento de su legado a través de títulos fundamentales como La vida exagerada de Martín Romaña y La amigdalitis de Tarzán.
  • Ubicación del autor dentro de la generación de escritores notables que retrataron la realidad del Perú junto a Ribeyro y Vargas Llosa.
  • Importancia de su estilo literario caracterizado por el humor, la oralidad y una profunda capacidad de generar empatía a través de la ternura.
  • Reflexión sobre su identidad peruana y su retorno al país, priorizando los afectos y el paisaje local sobre su trayectoria en Europa.
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Ma atrapó (lo sigue haciendo) la literatura oral, su frescura, su humor, para contar a través de su alter ego, Julius, algo de lo que apenas fue su historia. En el fondo, siempre adiviné su enorme tristeza, de quien siempre dijo que “solo escribo, para que me quieran más mis amigos”. Dada su perenne timidez.

Este martes, es más triste que de costumbre, a través de las redes sociales, me dicen que Alfredo ha muerto a los 87 años, y en medio de este sofocante clima, me recuerda la fragilidad de la vida, cuando dijo alguna vez, “que la muerte es una obsesión que no tengo. Se presenta y punto”.

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Al margen de leer su El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz, La amigdalitis de Tarzán, La vida exagerada de Martín Romaña, entre otros títulos, (gracias a mi amiga Cecilia, quien me los prestaba y los devolvía fiel) literalmente he reído tanto con sus anécdotas, que aún con el paso feroz del tiempo, me ayudan a sobrellevar las penas que por hoy se han sembrado en la quietud de mi vida.

Bryce y la generación que retrató al Perú

Con la partida de Bryce, se va quizá el último notable escritor peruano, como hace poco fue su gran amigo Julio Ramón Ribeyro o el Nobel Mario Vargas Llosa, quienes a su estilo, supieron retratar las miserias y escasas grandezas de nuestro país, y con una pizca de humor bryceano, que supo endulzar este a veces triste camino, que nos ha tocado transitar.

CREO QUE… No me esperen en marzo
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No soy crítico, apenas un ferviente lector, pero encontrar toda la ternura, amor, amistad en los libros de Bryce, son un recorrido que hacemos en los reveses que todos tenemos, pero entendiendo que ni el amor se acaba, apenas se prolonga, en otras formas, en otros amores, en otros quereres, en otras ternuras. Eso y mucho más nos enseñó mi “amigo” Alfredo Bryce.

Recuerdos de un encuentro personal

En mi condición de periodista, tuve la oportunidad de entrevistar 2 veces a Alfredo Bryce, y pude encontrar en él, todo el humor y amor, que existían en sus libros, donde uno podía morir de todo, menos de ternura, que daba a raudales. “Hasta en mis momentos de tristeza, he buscado ser feliz, solo un poquito feliz”, dijo.

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La muerte se presenta y punto. Alfredo Bryce, se fue y con despedida y todo, “Siempre he dicho que el Perú son los amigos y los paisajes. Yo creo que por eso vine, por todas esas cosas que conocemos. Desde la comida hasta los amigos. Yo vine por eso. Europa ya se había acabado para mí”.

Al final, uno es de donde nace, y si están los amigos, los amores y los desamores, entonces uno nunca acaba por irse, se queda y para siempre. Para eso son los buenos recuerdos, porque hoy leeremos más que nunca a Bryce, que es la mejor de tenerlo, para reírnos hasta el cansancio, hasta que la vida lo permita.
Hasta la próxima.

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