Creo Que… | En honor a la verdad, no sabía cómo enfocar este artículo, dado mi rechazo a todo aquello cercano a la palabra Fujimori, porque conozco de cerca al monstruo. Debo admitir que, entre mis papeles, tengo una fotografía con el entonces candidato.
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Data de 1990, cuando era un ilustre desconocido que llegaba a Piura (donde trabajaba por entonces en diario Correo) y ofrecía Honradez, Tecnología y Trabajo. Fui a entrevistarlo y le ofrecí la mano.
Apenas rozó la mía. Un medio saludo. Nunca me miró de frente. Estaba con Nilo Vilela, el fotógrafo. “Este cojudo miente”, jefe, ya ve, nada que ver… Está exagerando. No me equivoqué.
El primer mensaje y el escepticismo
Maquiavelo escribió que «Es un doble placer engañar a quien engaña». He escuchado con atención los casi 54 minutos del mensaje presidencial de Keiko Fujimori. He leído las 14 páginas del discurso. Estuve atento a sus primeras palabras y gestos de su flamante mandato, y sigo escéptico sobre los próximos cinco años de este gobierno.

No voy a insistir sobre los ministros. Los sesudos analistas han destrozado a la mayoría, recordando lo que dijeron en su momento, como el “burbujito” Alberto Beingolea en Cultura o Dyer en Salud, quien no conoce nada del sector, reiteran los entendidos. Veremos qué pasa. Aprendí con los años a no juzgar antes de, sino luego de.
Lo dicho en el Congreso pasa por lo que hará al frente de su gobierno. Pero una primera “piedra” se observó en la elección de la Cámara de Senadores, donde buscaron un topo o topa y no dejaron ingresar al hemiciclo a los periodistas. Así son los fujimoristas: siempre mostraron un absoluto desprecio por la prensa y los periodistas en general. Ojalá me equivoque.
Las razones de la desconfianza
En varias columnas escribí que cómo puedo confiar (a través de mi voto) mi país a una persona que nunca trabajó. Rectifico: fue elegida congresista en el 2006; luego nunca más trabajó. Bloqueó, a través de sus ayayeros, los sucesivos gobiernos.
En fin, es historia conocida. No creo una sola palabra de lo que dice. Menos en sus adláteres. No niego que su padre venció al terrorismo y estabilizó la economía. Palabras mayores que hoy todos aplaudimos, supongo.
En suma, veremos qué pasa en los próximos días y meses. Porque las huestes fujimoristas nunca se han arrepentido de sus crímenes y actos corruptos; los han disfrazado de errores y otros errores.
Eso es lo peor. Ojalá me equivoque (de todo corazón). Solo espero que este nuevo gobierno efectivamente gobierne para la mayoría de peruanos. Hasta la próxima.
