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CREO QUE… | Los laberintos de la vida

CREO QUE… | Los laberintos de la vida
CREO QUE… | Los laberintos de la vida

Creo que…| Firme con el miedo como fiel compañero cada permiso hoy cuento los años más por lo que pude pero no hice. Aprendí a guardarme la vida por miedo a perder. Sabía que el camino desde Toquepala (Tacna) hasta donde quería llegar, era pedregoso y largo, tan extenso como es la vida.

El autor reflexiona sobre su trayectoria personal y profesional, la cual se origina en Toquepala, Tacna, y se extiende hacia diversas regiones del país. Durante su estancia en Piura y Chiclayo, destaca la influencia de la literatura y la compañía de obras de autores como Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. El relato enfatiza la búsqueda de la verdad y el equilibrio entre los riesgos asumidos y la estabilidad alcanzada a lo largo de los años. Finalmente, se aborda la fragilidad de la vida y la importancia de los vínculos personales a través de una cita del escritor Paul Auster.

  • El recorrido vital del autor abarca desde Toquepala en Tacna hasta ciudades como Piura y Chiclayo.
  • La literatura de Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa representó una compañía constante durante sus traslados.
  • La narrativa destaca la importancia de la fe y la perseverancia frente a los miedos y las incertidumbres del destino.
  • El texto concluye con una reflexión del escritor Paul Auster sobre la fragilidad de la existencia y el valor de los seres queridos.
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Llamé estabilidad a no siempre arriesgar. Aunque arriesgué todo, hasta mi destino, porque siempre he tenido la certeza que no es el camino, sino que uno llega al final del final. Tarde o temprano pero llega/llegamos.

Arriesgué mucho, que acabé en Piura, sin conocer nada de ese lindo pedazo de nuestro país, soportando caniculares temperaturas, propias de los valles caribeños cuando leía a Gabriel García Márquez en sus Cien años de Soledad o en La Casa Verde de Mario Vargas Llosa.

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Ellos y muchos otros escritores, fueron mi más grata compañía. Nunca me fallaron. Y aunque dejé un amor bailando, a veces se gana a veces se pierde. No pudo esperarme, Creo que nunca volví, porque uno nunca se aleja de los lugares donde fue feliz.

Si el pasado volviera no le pediría tiempo, le pediría fe, porque hay silencios que pesan más que cualquier final. La escasa fe me mantuvo a flote, cuando perdía toda esperanza, un pequeño recodo en algún lugar de mi desvariada memoria, me indicaba que debía seguir caminando, porque detenerme en medio del camino, no estaba en mi diccionario. Desde joven la borré.

CREO QUE… | Los laberintos de la vida
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De Toquepala a los caminos de la vida

Vivi corriendo y coleccionando certezas antes que incertidumbres. En ese caminar casi de vagabundo, llegué a Chiclayo, la Capital de la Amistad, donde todavía guardo los mejores recuerdos, de quienes me acompañaron en esos días felices ora tristes, pero siempre rodeados de mucha algarabía, o el endiablado yonque, que en honor a la verdad, era lo más cercano a llegar a la locura, para un aprendiz de bebedor.

Dejé amores fugaces que hoy de cuando en cuando se acrecientan, cuando uno vuelve al pasado feliz.

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Porque al final que la vida me encuentre no tranquilo sino buscando verdad, No se trata de llegar temprano sino con claridad con más verdades que mentiras. Con más certezas que incertidumbres. Debo admitir que muchas veces me equivoqué.

Aunque algo debo haber hecho en este largo trecho, para que todavía circule con amistades y pocas enemistades, que son necesarias, porque nadie es perfecto, y ellas ayudan a equilibrar la vida. Con el alma abierta de par en par y realmente vivos.

El destino y los encuentros

Porque siempre entiendo, como le digo a una persona muy especial, que en el mundo uno se encuentra con alguien de casualidad, es el destino que tarde o temprano nos lleva al lugar adecuado.

Al cierre, como señaló el escritor Paul Auster «La vida puede venirse abajo con tal facilidad. La sensación de la fragilidad de la vida me persigue sin descanso. Me contagia una gran alegría —la de estar vivo—y, al mismo tiempo, un miedo atroz: por el hecho de poder perder con tanta facilidad a la gente que queremos» . Hasta la próxima.

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