Cordillera de Palabras | Si se quema un foco, ¿sabe cómo cambiarlo?, si se quema un enchufe, ¿Sabe cómo remplazarlo?, ¿Sabe hacer arroz graneado sin olla arrocera?, lavar la ropa sin lavadora, hacer jabón casero, encender fuego sin mayores herramientas que dos palos y una cuerda…
El articulo reflexiona sobre el riesgo que representa la combinacion del cambio climatico y la dependencia tecnologica en la sociedad actual. Senala que la perdida de habilidades manuales basicas y el deterioro de las conexiones comunitarias limitan la capacidad de adaptacion ante emergencias. Ademas, se advierte que el consumo digital excesivo reduce la concentracion y afecta la preparacion de las personas frente a problemas cotidianos o interrupciones de servicios.
- La combinacion de crisis climatica y dependencia tecnologica amenaza la capacidad de respuesta de la poblacion frente a emergencias basicas.
- Las redes comunitarias y el apoyo vecinal resultan fundamentales para sostener la resiliencia y la recuperacion ante desastres.
- El consumo excesivo de contenido digital se asocia al deterioro de la concentracion, agotamiento y dificultades cognitivas en estudiantes.
- Se advierte sobre la vulnerabilidad social ante incidentes menores, como apagones breves, debido a la falta de preparacion practica.
Estas preguntas contienen el problema grande. No va a ser el clima solo, ni la tecnología sola, lo que ponga en jaque a la sociedad como la conocemos.
En realidad va a ser la combinación de ambas presiones cayendo sobre una generación que perdió, en el camino, la capacidad de responder con las manos y con criterio propio a las necesidades que se presentan sin la ayuda de papá tecnología o mamá especialista pagado.
Comunidades frente al cambio climático
El cambio climático es presión constante sobre comunidades que necesitan sostenerse entre sí para adaptarse. Un informe reciente citado por Infobae sobre salud pública y clima concluye que la erosión de las conexiones sociales limita directamente la capacidad de adaptación y recuperación frente a desastres.

Ejemplo: durante los incendios de Black Summer en Australia, las comunidades con redes vecinales sólidas mostraron menos angustia y más resiliencia después de la crisis. La resiliencia no es un recurso técnico, es tejido humano funcionando.
En Perú, esas redes son las comunidades que se forjan alrededor de una causa, y, aunque suene incongruente, las uniones frente a la delincuencia, las invasiones, los comedores populares, las galerías comerciales.
Mercadillos de los sábados y largo etcétera de comunidades que se apoyan frente a una necesidad específica son claves de supervivencia, no solo el meme que circula sobre nuestra resiliencia.
La tecnología y el deterioro de la concentración
Y ahí está el segundo frente, el que más me preocupa como profesor. Mientras el clima exige comunidades más conectadas y más capaces, el consumo digital está produciendo el efecto contrario.
Oxford eligió “brain rot” como palabra del año en 2024 para nombrar el deterioro cognitivo asociado al consumo excesivo de contenido digital trivial.
Un estudio publicado este año en estudiantes universitarios encontró que el 72% reporta dificultad para mantener la concentración y un 42% para leer textos extensos o elaborar argumentos con profundidad.
Una investigación de 2026 publicada en Psychological Reports documentó que ese desgaste cognitivo se traduce en agotamiento, ansiedad y un autoconcepto negativo, no en simple distracción pasajera. Sí, los alumnos se aburren en clases porque no entienden y no relacionan.
Una sociedad poco preparada para el apagón
Ninguna de las dos crisis, por separado, termina con nosotros, claro. El planeta ha sobrevivido eventos climáticos más severos que los que vienen, la naturaleza ha sobrevivido extinciones masivas y la humanidad ha sobrevivido tecnologías más disruptivas que un teléfono.
Lo que nunca habíamos combinado es un planeta exigiendo comunidades capaces de sostenerse físicamente entre sí, con una generación entera perdiendo, contenido corto tras contenido corto, la capacidad de concentrarse el tiempo suficiente para aprender algo con las manos.
El vecino de quince años que no sabía calcular la hora sin pantalla no va a fallar cuando venga el gran colapso imaginado por las películas. Va a fallar antes, en el apagón chico, en el que dura cinco horas y solo exige encender una vela.
España pasó por un apagón que se ha convertido en el referente memístico de la inutilidad de una generación a adaptarse a un problema de corto plazo sin desesperarse. Y esa falla pequeña, repetida en millones de personas al mismo tiempo, no tiene nada de cinematográfico.
Pereza acumulada, disfrazada de imposibilidad técnica, esperando su primer apagón grande para mostrarse completa es lo que se viene, y créanme cuando les digo, se viene con el Niño. La larga cola por papel higiénico puede repetirse y con ello las consecuencias de una sociedad destinada a desaparecer en su forma más inútil de sobrevivir.
