Por: Sarko Medina Hinojosa
Generando resumen...
Cordillera de Palabras... Después de Navidad. ¿Qué nos espera tras la celebración de esta noche? Para muchas madres, el amanecer traerá la tarea de limpiar el desorden festivo. Los niños se despertarán ansiosos por estrenar sus juguetes nuevos, mientras numerosos padres deberán retomar sus labores.
Los jóvenes planificarán visitas a amistades o encuentros románticos, y los abuelos buscarán reponerse del ajetreo emocional de estos días. La vida, simplemente, continuará su curso.
Muchos ya estarán pensando en Año Nuevo, especialmente los adultos jóvenes organizando viajes o reuniones con amigos. Otros comenzarán a planificar las vacaciones veraniegas. Para la mayoría, la Nochebuena habrá sido eso: buenos deseos, sí, pero sobre todo abundante comida y obsequios. Para quienes pueden permitírselo.
Porque para otros, después de las chocolatadas benéficas y los regalos institucionales, permanecerá la amarga sensación de ser recordados únicamente en estas fechas, como objetos de caridad temporal.
No desmerecemos estos gestos, pero seamos honestos: durante el resto del año, muchos de quienes hoy reciben ayuda quedan olvidados en medio del ritmo vertiginoso que solo nos permite pausar para la caridad decembrina.

Cordillera de Palabras: la Navidad no termina el 25
El sentido navideño no debería guardarse hasta diciembre siguiente. El nacimiento de Jesús no termina cuando desmontamos el Belén. De lo contrario, habremos malinterpretado estas fechas, que deberían renovarnos para practicar fraternidad todo el año, recordando que podemos albergar esperanza y amor constantemente, saliendo al encuentro de quienes nos necesitan: nuestros hijos, cónyuges, padres ancianos, hermanos que no visitamos.
Ese espíritu de recogimiento ante el misterio de Dios hecho Hombre, quien murió para devolvernos la eternidad y recordarnos que esta vida vale la pena, debe impulsarnos a ser responsables con nuestra existencia y la ajena, construyendo una sociedad más justa.
Si después de mañana nuestro corazón guarda las mismas preocupaciones, frustraciones y rencores de siempre, entonces nada habrá cambiado realmente.
Nuestros abrazos, cantos y oraciones habrán sido vacíos, demostrando que nos gastamos en buenas intenciones sin lograr la transformación verdadera que nos lleva a la felicidad genuina: vivir por los demás.
Aún hay oportunidad. La Navidad, estrictamente, se extiende hasta la Epifanía del seis de enero. Tenemos tiempo. No lo desperdiciemos.
