Por: Sarko Medina Hinojosa
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Cordillera de Palabras… Soy docente universitario desde hace once años y he tenido a decenas de alumnos con Beca 18. Un porcentaje importante de los que han pasado por mis talleres llegó a la universidad gracias a ese programa.
Y necesito ser honesto: soy muy crítico con el gobierno de Ollanta Humala y espero que la justicia alcance a él y a su esposa con sendas sentencias por sus presuntos delitos. Pero hay algo que tengo que reconocer: algo bueno que dejó ese gobierno es sin duda la Beca 18.
La Beca 18 no es un regalo. Es una política de Estado que permite a jóvenes en situación de pobreza y pobreza extrema acceder a educación superior de calidad, pagándoles la matrícula, la pensión, materiales, alimentación, alojamiento si es necesario, hasta un estipendio mensual para que puedan estudiar sin tener que elegir entre ir a clases o trabajar para comer. Es darle una oportunidad real a chicos que tienen todo el talento, pero ninguna de las facilidades económicas.
He visto a estos chicos llegar a mi taller sin diferenciarse de los demás. Sí, porque de eso se trata, no que traten de destacar por su historia de esfuerzo y romantizar su situación, sino que, en las mismas condiciones, demostrar su valía, pero sin el problema de preocuparse si mañana desayunarán, o si alcanzará para la pensión.
Pero destacan, se esfuerzan un poco más y tratan de asimilar como si aire se tratara los conocimientos que el profesor de taller les imparte.
Una omisión que pone 38 mil vidas en riesgo
Por eso me indigna lo que está pasando. El Congreso está a punto de matar el programa que cambió miles de vidas. La Ley de Presupuesto 2026, que se vota esta semana, omite los 793 millones de soles que necesita el Pronabec para financiar 38 mil becas. Treinta y ocho mil becas en peligro por una omisión que huele a negligencia criminal o sabotaje deliberado.

El premier Ernesto Álvarez prometió en octubre que se otorgarían 20 mil Becas 18, 10 mil Becas TEC y 8 mil Becas Permanencia. “Ningún joven debe carecer de oportunidad. Para eso existe el Estado“, dijo.
Pero cuando llegó el momento de poner el dinero, el presupuesto no incluyó ni un sol. Cien mil jóvenes rindieron el examen el 16 de noviembre confiados en esa promesa. Cien mil familias humildes que se ilusionaron.
Y ahora resulta que fue mentira. O peor, irresponsabilidad institucional. Porque plata hay. Lo que no hay es un Congreso que priorice el futuro de los jóvenes sobre sus peleas políticas. Lo que no hay es un Ministerio de Economía que entienda que invertir en educación no es gasto, es la única manera real de romper el círculo de pobreza.
La documentación muestra un peloteo vergonzoso. El Pronabec pidió los recursos en junio al Ministerio de Educación. El Minedu los tramitó al MEF. Y en algún momento, esos 793 millones desaparecieron del proyecto enviado al Congreso en agosto.
El MEF se lava las manos. El Minedu reconoce que todo queda “supeditado a los recursos que se asignen“. Y mientras tanto, la directora del Pronabec recibió presiones para renunciar, como si ella fuera la culpable.
La solución depende solo de voluntad política
Ellos no son números ¡Por favor!
La solución existe y es simple. El Pleno del Congreso puede incorporar esta semana una disposición complementaria o modificar el dictamen en el debate final, incluyendo los 793 millones omitidos.
Es cuestión de voluntad política. De que algún congresista tenga pantalones para pararse y decir que esto es inaceptable. De que el Ejecutivo presione de verdad. Si se tiene para las opiosas y opulentas canastas del Congreso, también habrá algo para este programa que es necesario en el camino de dar igualdad de oportunidades, que estás sí lo son.
