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CORDILLERA DE PALABRAS | 11 de septiembre, 2001: la violencia se justificó y nunca más paró

CORDILLERA DE PALABRAS | 11 de septiembre, 2001: la violencia se justificó y nunca más paró
CORDILLERA DE PALABRAS | 11 de septiembre, 2001: la violencia se justificó y nunca más paró

Cordillera de Palabras| Era 11 de septiembre del 2001. Estudiaba comunicaciones en la universidad cuando alguien irrumpió en clase avisando que estaban atacando Estados Unidos. Prendimos la televisión y vimos el primer edificio del World Trade Center en llamas.

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El segundo avión aún no había impactado. Mi profesor se lanzó en un discurso sobre que Estados Unidos merecía lo que le pasaba por ser colonialista, por incitar guerras en Medio Oriente.

Luego vino el segundo avión. Las torres cayeron. Todos nos callamos de la impresión. Nadie pudo decir nada más. De pronto, nadie podía justificar un acto de esa magnitud. Los datos comenzaron a fluir terribles, inmediatos.

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Casi 3,000 muertos. Gente saltando de los pisos superiores prefiriendo caer que arder. Bomberos sepultados bajo toneladas de escombros. No volví a escuchar al profesor justificar nada ese día. Pero el mundo sí lo hizo.

Las guerras después del 11-S

Estados Unidos respondió con la Operación Libertad Duradera en Afganistán y luego con la invasión a Irak en 2003. En Irak murieron entre 185,000 y 208,000 civiles, más de 34,000 insurgentes, 4,584 soldados estadounidenses y miles de contratistas.

CORDILLERA DE PALABRAS | 11 de septiembre, 2001: la violencia se justificó y nunca más paró
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En Afganistán, 2,455 soldados estadounidenses muertos, entre 47,000 y 71,000 civiles afganos, 66,000 a 73,000 miembros de las fuerzas de seguridad afganas. Estudios académicos estiman que las guerras post-11S causaron aproximadamente 4.5 millones de muertes en Afganistán, Irak, Libia, Somalia, Siria y Pakistán, considerando muertes directas e indirectas por colapso de infraestructura, hambre y enfermedades.

Mataron a Osama bin Laden en 2011. Derrocaron a Saddam Hussein y lo ejecutaron en 2006. ¿Resultados? Afganistán volvió a manos talibanes en 2021. Irak quedó sumido en violencia sectaria que generó ISIS. Ninguna bomba resucitó a los muertos del 11-S. Ninguna guerra sació la sed de venganza.

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La violencia que nunca se detuvo

Ahora, febrero de 2026, estamos ante un nuevo capítulo de la misma historia. Trump ordena ataques masivos contra Irán junto a Israel. Muere el ayatola Alí Jamenei, líder supremo iraní, en bombardeos que también matan a su esposa y a su nieta de 14 meses.

Más de 1,200 personas muertas en Irán según medios estatales iraníes tras una semana de bombardeos. Seis militares estadounidenses muertos en ataques de represalia iraní.
Trump dice que lo hace para liberar al pueblo iraní de la dictadura teocrática.

Israel afirma que elimina una “amenaza nuclear”. Es muy ingenuo creerlo. Si realmente se tratara de liberar a las mujeres y jóvenes iraníes de la opresión, habría caminos que no implican matar a esas mismas mujeres y jóvenes en bombardeos masivos. Una nieta de 14 meses no era amenaza para nadie.

Pero tampoco podemos defender el modelo iraní. Una teocracia que oprime a su pueblo, que financia terrorismo regional, que reprime brutalmente disidencia interna. El régimen de los ayatolas es indefendible y la sangre de estudiantes y mujeres lo testifica.

Aquí está el problema: ambos bandos justifican violencia con violencia. Trump elimina líderes iraníes argumentando prevención. Irán responde atacando bases estadounidenses y aliados regionales. Israel bombardea Líbano. Hezbollah lanza misiles. Cada muerte justifica la siguiente. Cada ataque legitima la represalia.
Y nadie resucita.

Ese es el dato frío que debería importarnos por encima de cualquier posicionamiento ideológico. Trump capturó a Maduro en enero, ahora mata al líder supremo iraní en febrero. Acciones que no generan confianza en un orden internacional basado en reglas porque las reglas parecen ser: elimina a quien esté en contra tuya.

Lo perverso es que esta fórmula viene de derecha e izquierda. El pedido de matar, de eliminar físicamente al adversario político, resuena en ambos extremos del espectro. La izquierda radical celebró atentados contra líderes occidentales.

La derecha celebra bombardeos contra líderes orientales. Ambos lados olvidan que están justificando la misma lógica: la violencia como herramienta política legítima.
Y eso nos hace menos humanos cada vez.

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