Alma Matinal| Una conversación intensa y honesta con Yajahira Castellanos sobre la escritura, la maternidad, Moquegua y las contradicciones que atraviesan su vida y su obra.
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Alma Matinal, Moquegua: amor, odio y raíces
¿Dónde nace tu escritura?
¿Dónde nace un ser humano? ¿Dónde nace el arte?
Yo no sé nada. Probablemente de cada espacio que deja mi alma rota.
¿Qué significa Moquegua en tu vida y en tus temas creativos?
Mi relación con Moquegua es una relación amor-odio. Siempre que vengo me dan ganas de destruirlo todo, siento mi sangre correr por mi cuerpo. Sé que es fácil llamar a un par de personas y comenzar una autodestrucción brutal.
Me encanta, nace mi arte aquí, mis dedos se mueven veloces, mi mente. Mientras todo ahí afuera pasa lento, adormecido. Moquegua es fuego, es tener todo tan cerca, pero es también nostalgia, por lo del tiempo, la distancia.
Odio porque también es tenerlo todo lejos, los lugares por los que paseaba antes con mis amigos, con los chicos que me gustaban.
Se quienes murieron aquí.
Se quienes morirán aquí.
Se a quienes me puedo encontrar por la calle.
Se a quienes extraño y anhelo ver por aquí, a pesar de saber bien que no los veré aquí ni en ningún lugar.
Significa las ganas de quedarme hundida, fundida en esta tierra, en las paredes de estas casas con forma curiosa.
Ya sabes, es inevitable, volver a tus raíces
Y a la vez sentir la necesidad de salir de aquí.
No se que hacer con tantas contradicciones.

¿Cuánto se parece a ti el personaje Viviana de tu novela “Las malditas ganas de estar triste”?
¿Cuánto crees? Es una Yajahira que ya no existe, que viene a mi cuando la llamo. Y me provoca llamarla cuando estoy en Moquegua. Es una Yajahira que vive relegada en lo más profundo de mi cerebro porque se que no es correcto dejarla ser.
La lucha del bien y el mal.
La necesidad de ser “correcta” por amor.
Amor a mi hija. A nadie más.
Tengo que ser un buen ejemplo para ella.
Se siente como un deber impuesto, esto es autoimpuesto. Debo protegerla. Me nace hacer eso. Pero Viviana me grita que necesita ser libre. ¿Sabes? Hace tiempo he aceptado que quizá no esté bien de la cabeza. Es decir, puedo ser una completa demente, o la persona mas cuerda que van a conocer. Depende…
¿Escribir duele?
“Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor”.
Y como escribir es mi vida, estoy jodida.
¿Qué motivó escribir tu primer libro?
No tuve la intención de escribir un libro. No tengo la intención de vender.
Me llega al pincho.
Me llega al pincho si alguien me lee, si le gusta o no.
Escribir es un ejercicio hasta involuntario. No puedo existir de otra manera, las ideas se amontonan en mi mente y siento que ese recipiente es insuficiente para contener todo, pensamientos, emociones. Entonces escribo.
¿A qué autor o autoras admiras?
Jaime Bayly. Ahora él lo es todo. Ha lidiado con todo contra lo que lucho. Además, que trae a mi mente una época brutal en mi vida. Una época que duele pero que me recuerda que vivo, que extraño, que amo. A veces, cuando cierro los ojos y me acuerdo de él, siento que no ha pasado ni un solo día, que mañana pasaré a su casa para ir a joder al colegio.
Llegaremos tarde y la auxiliar me sermoneará por llegar tarde y con buzo, y me pedirá el número de mi papá porque mi mamá ya no le contesta, y yo le daré el número de él, y ella se quejará de mí, y él le dirá “Mi hija no aprende mejor con el uniforme o con el buzo, la mando a estudiar y la hacen perder clases retenida. Por favor no me llame que estoy ocupado, algunos sí tenemos un trabajo serio” …
¿Que libros puedes recomendar a quienes están empezando en la literatura?
No sé, no lean.
O lean cosas útiles, economía, matemáticas, etc.
¿Para qué leer poesía si este mundo cada vez es más cínico y menos romántico?
En el colegio nos dicen qué leer, si no pueden con eso, poco o nada más hará una recomendación mía. Yo empecé leyendo mis textos de historia del colegio, mitos y leyendas de Moquegua, la Biblia… lo que encontraba.
¿Una película que marcó tu vida?
Muchas, la cuestión sería, ¿para bien o para mal? Diré que “Stuck in love”.
¿Una canción a la que siempre vuelves?
Inmortales, de Cementerio Club.
¿Valió la pena estudiar filosofía?
Cada maldito segundo.
¿Cómo concilias tu formación académica, la maternidad y la labor creativa?
No lo concilio, sobrevivo. Duermo poco o no duermo. No tengo relaciones románticas. Si no escribo siento que me ahogo, así que cuando existe algo que debes hacer para no morir, siempre encuentras tiempo.
¿Creatividad? Observo, las ideas se disparan, se mezcla realidad con imaginación. Formación académica… respaldada por mi curiosidad. La maternidad… pues es algo que se aprende todos los días, lo malo es que aprendes equivocándote, ya me resigné a la idea de que “todas las madres somos monstruos”, mi hija me odiará en algún momento, pero luego, cuando pase su propia tormenta, espero que recuerde que es mi bebé, y que siempre voy a estar para ella. Quizás ser padre sea esencialmente estar presente en los momentos necesarios, críticos, apoyando (aparte de cumplir con las necesidades básicas a las que los hijos tienen derechos, obvio).
¿Qué esperas de la literatura?
Nada.
Una frase que siempre usas como antídoto contra las penas o las miserias de la vida
“Equis, así es la vida” y por supuesto, un “ya que chucha”.
Fotografía: Junior Bernaola
Yajahira Castellanos (Moquegua)
Escritora. Bachiller en filosofía por la Universidad Nacional de San Agustín. Ha publicado su primera novela “Las malditas ganas de estar triste” (Editorial Baluarte).
