Alma Matinal| Estaba Romeo a punto de beber el amargo veneno de la muerte que le trajo el boticario para salvarlo de la tragedia por amar desafiando los años de odio entre los Montesco y los Capuleto.
El artículo de opinión de Carlos Rivera presenta una reinterpretación literaria de Romeo y Julieta en la que los amantes logran sobrevivir a su tragedia inicial y huir de Verona. Tras vivir cincuenta años en el anonimato y formar una familia, la pareja decide retornar a su ciudad natal convertida en ancianos para buscar la paz de sus orígenes. Sin embargo, se encuentran con una Verona devastada por el odio histórico entre los Montesco y los Capuleto, familias que terminaron por aniquilarse mutuamente dejando solo miseria. Ante la desolación de su pasado y la fragilidad de su vejez, los protagonistas deciden consumar su unión definitiva a través de un pacto suicida en un mausoleo abandonado.
- Fray Lorenzo interviene para evitar el suicidio de Romeo, permitiendo que la pareja escape de la violencia de Verona y viva en libertad por cinco décadas.
- Los protagonistas regresan a su ciudad natal siendo ancianos e irreconocibles, con el objetivo de reconciliarse con su pasado y sus familias.
- Un testimonio local revela que la rivalidad entre los Montesco y los Capuleto resultó en el exterminio de ambos linajes y la ruina económica de la región.
- La historia concluye con un acto final de amor trágico en el cementerio, donde los amantes comparten el veneno mortal para unirse más allá del tiempo.
De pronto, la voz de Julieta y la de Fray Lorenzo evitaron que el dócil joven enamorado cometa el inesperado viaje a las tinieblas. Con la pócima asesina entre sus manos, Romeo miró apesadumbrado y feliz a su amada.
La tenue luz de un farol le caía por la mitad del rostro y el maravilloso perfil de Julieta resplandecía en ternura. El amor triunfante era realidad. No pudieron los malos augurios de las espadas en discordia evitar que se entregaran a los brazos infinitos de la pasión.
Ambos bañaron sus rostros con los llantos de la felicidad y con la algarabía de Fray Lorenzo, quien, casi hasta las lágrimas, celebraba la perpetua unión de los amantes. Ambos decidieron fugar a un lugar donde pudieran amarse sin odios y con la plena libertad de saberse el uno para el otro.
Fray Lorenzo hizo los preparativos para esconder a la pareja; ya luego, cuando las familias hubieran agotado su búsqueda, los mandaría a una ciudad ignota para que puedan vivir la paz de su amor lejos de Verona, que tantas penas les trajo.
El regreso después del tiempo
Pasaron 50 años y con hijos a cuestas y con otros nombres, decidieron una noche cabalgar las inmensas colinas, atravesar varios pueblos y regresar a Verona, esperando que la paz por fin hubiera llegado al corazón de sus familias.
Nadie los reconocía en esos andares de entelequias viejas y cuerpos cabizbajos. Lentos en el andar y llenos de canas como nieve adornando sus cabezas. Julieta arrastraba el dolor de una de sus costillas. Romeo de cuando en cuando tosía secamente.

Ambos fueron a la iglesia y luego del sublime sacramento salieron a observar los distintos lugares donde nació su amor. Romeo recordó las confesiones con Mercuccio y las andariegas aventuras con sus primos. La primera vez que vio a Julieta en el baile.
Nadie los reconocía y algunos contemporáneos los miraban con la misericordia de la ancianidad y las arrugas trastocando cualquier fragancia memorable de un aguerrido amor juvenil que fue la comidilla de todos.
Interrogaron a una vendedora de flores si sabía de aquellas dos familias. «Se mataron entre sí hasta quedar unos cuantos, y luego se largaron para siempre de Verona», atinó a decir. «Malditos Montesco y Capuleto, hicieron de esta tierra un lugar de sangre y miseria. Ahora vivimos esa pobre paz de ya no tenerlos, pero el pueblo ha pagado caro esas rivalidades.»
La voz de un anciano arrojó estos amargos recuerdos y los ancianos amantes solo atinaron a cerrar los ojos.
Más allá de los tiempos
Romeo y Julieta se fueron al cementerio calculando sus pasos silenciosos como el lenguaje de las tumbas. Encontraron un mausoleo olvidado y rociaron sus cuerpos sobre ese mármol.
Abrazados, sin decir nada y mirando la hermosa luna se estremecieron de angustia. Julieta sacó un frasquito y vació su contenido en su boca, mientras los labios de Romeo buscaban ese mortal líquido y se besaron más allá de los tiempos.
