Por: Fabrizio Arrisueño Gatica
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A Tinta Fría.. Pongámonos románticos: imagina a Lima como un gran escenario, donde el ministro Vicente Tiburcio ha decidido que la seguridad no solo se vea, sino que se oculte. Ya no basta con la uniformidad solemne de los agentes: ahora la mitad patrulla vestido de gala policial, mientras la otra mitad se disfraza de transeúnte. Bienvenido al plan 50/50, una danza audaz entre lo visible y lo encubierto.
Es como si Tiburcio hubiera leído un libro de novelas de inteligencia o, en su defecto, quisiera plasmar en calles un juego de niños: “quiero agentes como Terna”, dice, refiriéndose a aquellas unidades especializadas que saben mezclarse con la multitud.
Medio centenar de policías será visible, con uniforme y presencia preventiva; el otro medio se mimetiza, como camaleones urbanos, en los rincones más peligrosos.
La idea es seductora: que los malhechores no sepan si están frente a un simple ciudadano o a un sabueso de la ley. Que el miedo crezca en la calle porque no pueden adivinar quién es policía y quién es gato de barrio. Tiburcio apuesta por inteligencia operativa, por sorpresa, por infiltración.
A tinta fría: entre la estrategia y la incertidumbre ciudadana
Pero, ojo: no todo es cuento de espionaje. La medida llega justo cuando el estado de emergencia se ensancha en Lima y Callao, y las extorsiones —especialmente a transportistas— parecen exigir algo más que patrullas rutinarias.

Algunos críticos se preguntan si estas medidas de inteligencia serán tan efectivas o simplemente un truco mediático para incrementar la popularidad de Jerí.
Y es aquí donde lo poético se vuelve punzante: es cómodo pensar que la mitad vestida de civil es una promesa de cambio, pero también da vértigo imaginar que la otra mitad jamás sea reconocida, ni por nosotros ni por los criminales.
¿Será este despliegue un hechizo que desarticule redes delictivas o una ilusión estratégica que no suavice el trasfondo estructural de la inseguridad?
En todo caso, Tiburcio ha sacado su baraja de inteligencia y repartido los naipes: mitad visibles, mitad secretos. Ahora, la ciudad juega. Y nosotros, como lectores y espectadores, aguardamos si la jugada será ganadora o sólo una apuesta de alto riesgo.
