El brote de ébola en la República Democrática del Congo continúa avanzando y ya supera los 5.500 casos confirmados y 2.600 fallecidos, convirtiéndose en el brote más grande registrado en la historia del país. La situación mantiene en alerta a la Organización Mundial de la Salud (OMS), que advierte sobre el riesgo de una mayor expansión hacia zonas fronterizas, mientras los equipos sanitarios buscan contener una transmisión que avanza a un ritmo inédito.
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De acuerdo con los últimos datos reportados por las autoridades congoleñas, citados por agencias internacionales, el brote acumula 5.515 casos confirmados y 2.642 fallecidos. La epidemia es causada por el virus Bundibugyo, una variante del ébola para la que actualmente no existen vacunas ni tratamientos específicos aprobados.
La OMS informó el 24 de agosto que el país había superado los 100 días desde la declaración del brote y que se registraba un promedio de alrededor de 90 casos confirmados diarios durante los primeros tres meses. La organización calificó al actual episodio como el de crecimiento más rápido registrado en la República Democrática del Congo.
Ébola en Congo avanza en seis provincias
El brote comenzó en mayo en la provincia de Ituri, que continúa siendo el principal epicentro de la transmisión. Sin embargo, la enfermedad ya se ha extendido a seis provincias: Ituri, Kivu Norte, Kivu Sur, Alto Uele, Tshopo y Bajo Uele.
Según la OMS, Ituri concentra aproximadamente el 85 % de los casos y el 79 % de los fallecimientos registrados en el país. La expansión geográfica también ha complicado las labores de vigilancia y seguimiento de contactos, especialmente en comunidades afectadas por desplazamientos de población y problemas de seguridad.
Uno de los principales obstáculos es que una parte importante de los contagios se está detectando fuera de las cadenas de contactos que ya habían sido identificadas. A esto se suman el conflicto armado, los desplazamientos, los ataques contra instalaciones sanitarias y las dificultades para que los equipos de respuesta puedan ingresar a determinadas zonas.
La situación también ha afectado al personal sanitario. La OMS reportó al menos 155 trabajadores de salud infectados y 45 fallecidos hasta el 9 de agosto, una muestra del riesgo que enfrentan quienes participan directamente en la atención y contención del brote.
Pese a las dificultades, la respuesta internacional se ha ampliado. La capacidad de análisis pasó de un laboratorio al inicio de la emergencia a 19 centros capaces de procesar más de 3.000 muestras diarias, mientras la capacidad de tratamiento aumentó hasta superar las 1.300 camas. Además, más de 900 establecimientos sanitarios recibieron apoyo para reforzar las medidas de prevención y control de infecciones.
La alerta internacional se concentra en los países vecinos
La expansión del ébola también ha obligado a reforzar la vigilancia en las fronteras de la República Democrática del Congo. La movilidad de personas entre las zonas afectadas y los países vecinos representa uno de los principales desafíos para evitar nuevos casos importados.
La OMS mantiene una evaluación de riesgo muy alto dentro de la República Democrática del Congo y alto para Uganda y otros países que comparten frontera con zonas donde se ha detectado el virus. En cambio, el organismo considera bajo el riesgo para el resto de África y para el nivel mundial, según su última evaluación disponible.
Uganda permanece bajo vigilancia debido a sus vínculos fronterizos con las zonas afectadas de la RDC. La OMS informó que el país había registrado casos importados y que continúa reforzando sus sistemas de vigilancia ante la posibilidad de nuevos contagios vinculados con el movimiento de personas.
En cuanto a las vacunas, la República Democrática del Congo recibió 16.250 dosis de Ervebo, como parte de un compromiso internacional de unas 70.000 dosis. Sin embargo, esta vacuna fue desarrollada para otra especie del virus del ébola y todavía se estudia su posible efectividad frente al virus Bundibugyo. La OMS ha recomendado evaluar su utilización dentro de un ensayo clínico.
La organización también mantiene ensayos para buscar tratamientos que puedan ser efectivos contra esta variante. Mientras tanto, las autoridades y los equipos internacionales refuerzan la detección de casos, el aislamiento, el seguimiento de contactos, la atención médica y las medidas de prevención en las comunidades.
A más de 100 días del inicio del brote, el desafío sigue siendo contener una epidemia que ya superó a la registrada entre 2018 y 2020 en la RDC. La OMS insiste en que los próximos meses serán decisivos y que será necesario mantener los recursos, mejorar el acceso a las zonas afectadas y fortalecer la cooperación con las comunidades para frenar la transmisión.
