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CORDILLERA DE PALABRAS | Token: el nuevo servicio básico a pagar

CORDILLERA DE PALABRAS | Token: el nuevo servicio básico a pagar
CORDILLERA DE PALABRAS | Token: el nuevo servicio básico a pagar

Cordillera de Palabras | Le pedí a un asistente de inteligencia artificial que me resumiera un contrato literario de diez páginas. Antes de responder, el sistema partió mi pregunta y el contrato entero en fragmentos pequeños, unidades de tres o cuatro caracteres cada una, algo así como partir “resúmeme esto” en “re”, “sú”, “me”, “me”, “es”, “to“. Esas unidades son los tokens.

El uso de inteligencia artificial se basa en el procesamiento de tokens, unidades de texto que generan costos económicos y un alto impacto ambiental por el consumo de electricidad y agua en centros de datos. En 2025, se estimó que estos sistemas consumieron 765 mil millones de litros de agua a nivel global para enfriar servidores. La evolución tecnológica hacia agentes de IA que trabajan de forma autónoma incrementa el gasto de tokens hasta cien veces más que un chatbot tradicional. Se prevé que este aumento en los costos operativos eventualmente sea trasladado a los usuarios finales mediante diversas modalidades de cobro.

  • Los tokens son fragmentos de caracteres utilizados por las máquinas para procesar información, representando un costo real de facturación para las empresas.
  • Un estudio de 2025 estimó el consumo de agua de la IA en 765 mil millones de litros anuales, superando el consumo mundial de agua embotellada.
  • Amazon reportó el uso de 2,500 millones de galones de agua en sus centros de datos, lo que equivale al 5% del consumo anual de la zona metropolitana de Seattle.
  • Los nuevos agentes de IA operan en bucles autónomos, lo que eleva el consumo de recursos entre varias y hasta cien veces en comparación con consultas simples.
  • Se calcula que los centros de datos podrían consumir 1,050 teravatios hora de electricidad este año, una cifra que cuadruplica el consumo eléctrico anual de España.
Generado con IA a traves de OpenAI. Verifica los datos en el contenido original.
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No son palabras completas ni letras sueltas, son los pedazos con los que la máquina lee y escribe, y cada pedazo que entra y cada pedazo que sale cuesta dinero real, facturado a las empresas que sostienen estos sistemas de IA por millones de tokens procesados.

Tranquilo, no es tan difícil pero tampoco es conocimiento general, hay que escarbar un poco para saber cómo eso afectará mi pasaje de 1.30 diario en la combi. Y es que ese detalle técnico, que suena lejano, ya está encima de nosotros todos los días sin que lo notemos.

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Le pedimos a la IA de Meta que redacte el mensaje de WhatsApp para la reunión del condominio. A ChatGPT que arme el menú semanal y que genere el banner para pasárselo a nuestros comensales en el grupo de WhatsApp.

A Claude que resuelva la tarea de matemática del hijo porque ya es domingo por la noche y ya da pereza y pena que siga quemándose las pestañas, a Gemini que genere la imagen para el flyer del negocio, a DeepSeek que responda el reclamo del cliente en automático, al Gemini de Gmail que reescriba el correo que enviaremos al jefe para compensar la falta del viernes.

CORDILLERA DE PALABRAS | Token: el nuevo servicio básico a pagar
CORDILLERA DE PALABRAS | Token: el nuevo servicio básico a pagar

Cada una de esas peticiones, por simple que parezca, quema tokens. Y detrás de cada token quemado hay un servidor físico, en algún país, consumiendo electricidad y agua para mantenerse frío.

Diez consultas a una IA pueden consumir el equivalente a una botella pequeña de agua. Parece poco hasta que uno multiplica esa botella por los cientos de millones de personas que hacen esas consultas todos los días.

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Un estudio publicado en 2025 estimó que los sistemas de inteligencia artificial consumieron aproximadamente 765 mil millones de litros de agua en un solo año, más que todo el consumo mundial de agua embotellada.

Amazon reveló que sus centros de datos consumieron 2,500 millones de galones de agua en 2025, el equivalente al 5% del consumo anual de toda el área metropolitana de Seattle. Esa agua no aparece en ningún recibo que lleguemos a ver nosotros.

Aparece en el recibo de alguien más, en algún pueblo de Oregón o Georgia donde un solo campus de centros de datos absorbió 113 millones de litros del suministro local antes de que la comunidad recibiera siquiera una factura explicando por qué.

Cordillera de Palabras. La nueva escala: agentes que no paran de trabajar

Lo que viene ahora, y que pocos están discutiendo todavía y menos en Perú, es un cambio de escala. Ya no hablamos solo de hacerle una pregunta a un chatbot.

Hablamos de agentes de inteligencia artificial que trabajan en bucle: planifican una tarea, ejecutan un paso, revisan el resultado, corrigen, vuelven a intentar, llaman a otra herramienta, y repiten ese ciclo decenas o cientos de veces hasta terminar el trabajo completo sin que ningún humano intervenga en el medio.

Es un asistente simple diciéndote “Sáquese, yo lo termino jefe” al consultarle algo. Ese asistente planifica, lee, escribe, comprueba, vuelve a intentarlo y puede trabajar durante minutos u horas sobre una sola tarea, acumulando tokens de entrada, salida, contexto y razonamiento interno en cada paso.

Analistas del sector calculan que estas cargas de trabajo agénticas consumen entre varias veces y hasta cien veces más tokens que una conversación equivalente con un chatbot simple.

Un desarrollador reconoció haber recibido en algún momento una factura mensual de 1.3 millones de dólares en tokens, con 603 mil millones de tokens procesados por cien agentes trabajando en paralelo. ¿Pero eso cómo afectará al vendedor de avena de la esquina? Partamos de que el mundo ya es IA.

Está en todo apenas entremos a Internet. Buscador, correo, redes sociales, ya lo tienen integrado. Ese es el mundo que ya empezamos a habitar sin haberlo decidido por voto.

Cada vez que una empresa automatiza su servicio al cliente con agentes, cada vez que un municipio delega en IA la revisión de expedientes, cada vez que un colegio integra asistentes automatizados en su plataforma educativa, se está sumando a una factura colectiva que todavía nadie sabe bien quién termina pagando.

Los centros de datos podrían consumir cerca de 1,050 teravatios hora para este año a nivel global, más de cuatro veces todo el consumo eléctrico de España. Y allí viene el futuro, en algún momento, esos tokens los empezará a pagar mi querido Alberto, que hace la mejor avena con fresa de Mariano Melgar.

¿Quién terminará pagando la factura?

¿Cómo? Pues tendrá que pagar, con datos que ayuden a la red social a manejarlos sin mayor control, sí, más que ahora, o en Yape mensual.

No hace falta imaginar un futuro distópico con robots y facturas de tokens llegando junto al recibo de luz. Ese futuro ya es ayer. El agua que se evapora enfriando servidores en Oregón, la electricidad que se quema entrenando el siguiente modelo, los tokens que consumimos sin pensar cada vez que le pedimos a una máquina que piense por nosotros, ya están costando algo. Todavía no vemos ese costo en nuestro propio recibo.

Pero alguien, en algún lugar, ya lo está pagando y nos derivará la factura pronto o ideará la manera de cobrarnos. Y, tranquilos, esto no es conspiración, es una realidad, usando el formato de escritura de la IA, pero sin el entusiasmo de esta al ver el futuro brillante, yo lo veo gris neón o naranja latino, como las borrosas imágenes que saca ChatGPT.

Y nuevamente, no es conspiración, es la realidad y, mientras más rápido la aceptemos, más podemos trabajar en aún quemando tokens, no deshumanizarnos.

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