Creo Que | “…Cuando somos jóvenes, nos inventamos futuros distintos para nosotros mismos; cuando somos viejos, inventamos pasados distintos para los demás.“ El sentido de un final, más o menos adecuado, o tan digno como podamos, porque los finales no siempre son felices, creo que casi siempre son desastrosos.
La columna reflexiona sobre la construcción de los proyectos de vida y la transición entre las expectativas juveniles y la realidad profesional. El autor narra su experiencia personal al optar por el periodismo y la docencia universitaria en lugar de la carrera de Derecho, contando con el respaldo de su familia. Asimismo, analiza la incertidumbre actual de los jóvenes frente a la elección de carreras tradicionales versus la vocación en un entorno influenciado por la inteligencia artificial. Finalmente, se plantea la importancia de equilibrar la pasión personal con las necesidades económicas para asegurar un futuro satisfactorio.
- El autor contrasta la invención de futuros durante la juventud con la reinterpretación del pasado en la vejez, citando a Julian Barnes.
- Se relata la decisión de estudiar Periodismo frente a la expectativa familiar inicial de cursar la carrera de Derecho.
- El texto destaca la incertidumbre laboral actual frente a la vocación y la presencia de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial.
- Se sugiere buscar una combinación entre la pasión personal y la satisfacción de las necesidades materiales para evitar arrepentimientos futuros.
Esta hermosa frase del gran Julian Barnes, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026, nos revela aquello que cuando somos jóvenes, siempre nos vamos inventando futuros distintos, porque al menos en mi caso, el mío, era más o menos triste, pero no por las carencias materiales, sino por otros motivos menos mundanos, como los lastres familiares. En fin.
De joven, y cuando terminé el colegio, y postulaba a la universidad, mi futuro pintaba para que como me decía mi viejita, “Doctor Mendoza”, porque se suponía, debería acabar estudiando Derecho y ser abogado.
Pero no tuve tiempo de inventarme un mejor futuro, porque cuando se enteraron que ingresé a estudiar Periodismo, hubo, lo presentí cierta desazón familiar, porque entre ser hombre de leyes y el periodismo, que no deja de ser un cuento, como nos advierte el autor catalán, Manuel Rivas, hay una gran distancia.
Con el paso de los años, mis viejos Fabio y Yoni, nunca me manifestaron su rechazo, me apoyaron en crearme un futuro.

No acaba de inventarlo, tendría que comenzar de cero, y vaya que lo hice, a estas alturas de mi vida, solo he logrado que me digan “Profe”, nada de Dr. Porque he caminado entre el contar historias de otros y la docencia universitaria, y la verdad, no he tenido nada de que arrepentirme, en este trazado de inventarme un futuro.
Creo que… :Entre la vocación y la realidad
A estas alturas, veo a miles de jóvenes, como puede ser quien lea esto, o si tienen hijos, y se alza esa eterna incertidumbre, cuando alguno de nuestros hijos, no opta por lo clásico como médico, ingeniero, abogado, economista o administrador, porque la mayoría de carreras sin mencionar la indefinida IA, el futuro es muy sombrío.
Tal vez demasiado. Es una suerte de ruleta rusa, entre la vocación y la realidad, y estas no siempre se complementan. Muchas veces, se divorcian.
Nunca suelo dar consejos. No me gustan. Prefiero indicar, que uno tiene que hacer en su futuro, lo que le gusta y lo hace feliz, de esta manera no habrá necesidad de inventarse un futuro distinto, cuando veamos cada pasado.
Es mejor buscar una combinación entre pasión y las mundanas necesidades, porque el dinero no nos hace felices, pero nos ayuda a superar esas miles de necesidades mundanas.
La cuestión es inventarse un bonito futuro, para que cuando seamos viejos, no tengamos que borrar ningún pasado. Somos lo que hacemos con lo que los recuerdos hicieron de nosotros. Hasta la próxima.
